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Pequeños cambios que pueden ayudarle a lograr sus metas este año

Los comentarios que más escucho de parte de mis lectores son: “Soy muy flojo para… hacer ejercicio…. para llevar un régimen alimenticio; o no tengo tiempo para cuidarme; o trabajo demasiado y no alcanzo a cocinar sano….”

Todas esas frases y otras más, reflejan la presión que sentimos de cuidarnos y a la vez de cuidar de otros. La sensación es que el tiempo no nos alcanza y que quisiéramos hacer más de lo que ya estamos haciendo.

Pensando en estos lectores que desean mejorar pero no tienen mucho tiempo para lograrlo, hice una lista de pequeños cambios que pueden ayudarles a traer mejores resultados durante el año.

Estas son pequeñas metas, alcanzables, que les dejarán sensación de triunfo.

Menos soda, más agua.  Para aquellos que acostumbran a beber diariamente sodas con sus comidas o entre sus comidas: reduzcan el consumo de bebidas azucaradas o endulzadas artificialmente y aumenten el consumo de agua. Si no les gusta el sabor del agua natural, pueden agregarle unas rodajas de pepino, limón, fresa, naranja, etc. para que sea más agradable al paladar. Una soda menos por día, hará una enorme diferencia al final del 2018.

Menos enlatados (o embolsado). Procuren consumir más comida fresca. Los vegetales y las frutas se pueden consumir como botana, en “smoothies”, en ensalada. Si no tienen tiempo todos los días, por lo menos intenten hacerlo un día por semana y después de unas semanas, aumenten a dos días por semana. Una bolsa menos de papas fritas por día, producirá efectos inmediatos en su hígado, riñones y peso.

Sentarse menos y moverse más. Si no tiene tiempo de hacer ejercicio. Párese frente a la televisión y mientras ve el noticiero o la telenovela, camine en un solo lugar por 15 minutos. Hágalo tres veces por semana y después vaya aumentando más veces, hasta llegar a cinco y más tiempo hasta llegar a 30 minutos, que es lo ideal. Sin darse cuenta, el “no tengo tiempo” pasará a ser “yo hago ejercicio media hora diaria”.

Menos ira, más amor. Enojo, ira, rabia, celos, envidia, y todas esas emociones negativas, ocupan un espacio oscuro en las mentes y los corazones, y hacen que nuestro cuerpo se altere y funcione mal. El estómago se agria, la presión se sube, etc. El amor, por el contrario, desencadena una serie de reacciones químicas que producen energía, alegría y bienestar.

Menos planeación y más acción. Un poco de trabajo orientado hacia una meta, nos acerca más a dicha meta que horas y horas de planeación sin acción. Si sólo dedica 15 minutos diarios a aprender inglés, mecánica, GED, carpintería, etc., al final del año habrá trabajado más de 91 horas en ese proyecto que había estado en su mente desde hace varios años y que nunca había encontrado tiempo para realizarlo.

Menos preocupación, más relajación. Epicteto, un filósofo griego que aseguraba: “tú no tienes control sobre nada. Tú no puedes controlar lo que pasa en el mundo, en tu país, en tu ciudad, ni siquiera en tu familia o en tu pareja. Así que mejor deja de tratar de controlar lo que pasa en tu entorno y concéntrate en tratar de controlar aquello sobre lo que tienes control absoluto: tus pensamientos y tu actitud”. Siguiendo esta filosofía de vida, todos podemos quitarnos un sinfín de cargas de encima. Recordemos que una mente sana siempre produce un cuerpo sano.

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