Entérese y sorpréndase

Moda inquietante! Pagar para que te secuestren

  La moda ha avanzado en todos los aspectos, pero sin lugar a dudas ésta es la más descabellada que puede existir. Entérese y Sorpréndase!

Esto se trata de una nueva rara tendencia llamada secuestro extremo. Los participantes pagan hasta 1,500 dólares para ser golpeados, y torturados, todo en un intento de darle sabor a su vida.

  La firma Adam Thick’s organiza estos secuestros, según ellos el negocio está en su nivel más alto. Sólo se tardan ocho segundos para secuestrar a alguien, por lo general con los ojos vendados, y tirarlo en una furgoneta a punto de pistola.

  A las víctimas se les da la oportunidad de crear una historia de fondo al estilo James Bond, y pueden escoger en qué medida los secuestradores pueden utilizar técnicas agresivas, golpes, maltrato y todo lo que el cliente pida.

  La compañía presume hacer que los secuestros falsos sean vistos por los transeúntes y crean que es real.  Esto crea un pánico general, tanto al secuestrado como a los testigos, ¿tú lo harías?.

NEVADO DE RUIZ

El día que despertó “EL LEÓN DORMIDO”

  El Nevado de Ruiz es segundo volcán más mortífero de los últimos tiempos, después del Monte Pelee en Martinica, y el mayor desastre ocurrido en Colombia.

  En la erupción de 1985 murieron más de veinticinco mil personas, entre ellas las tres cuartas partes de la población de Armero. Quedaron miles de heridos y miles de hogares destruidos.

    La erupción fue relativamente pequeña, pero el flujo de barro causó el gran desastre. Tanto supervivientes como muchos observadores afirmaban que se podrían haber salvado muchas vidas si se hubieran seguido las recomendaciones de los expertos. Pero la verdad es que muchas causas se conjugaron, como la tormenta de esa noche que interrumpió la corrientes eléctrica y las comunicaciones y no se pudieron recibir llamadas de advertencia. Falta de entrenamiento y equipo de los rescatistas, etc. Fue el caso que el pueblo más dañado, Armero, se convirtió en Camposanto.

   El monte Nevado del Ruiz, con sus nieves perpetuas en la cumbre, se alza hasta un altura de unos cinco mil cuatrocientos metros en los Andes colombianos.   No era la primera vez que la montaña cobraba vidas. En 1595 ya habían muerto 636 personas por los ríos de lodo causados por una erupción y otra en 1845, dejó alrededor de mil muertos. Esa erupción dejó también un suelo fértil para el cultivo del algodón, el arroz y el café, entre otras cosechas, que hizo prosperar la comarca.

   El volcán había estado muy calmado durante todo el siglo siguiente, aunque algunos vecinos le desconfiaban y seguían llamándolo “el león dormido”. En 1984 un grupo de montañeros dijo que habían sentido leves temblores de tierra y habían visto salir humo de la cima del monte, y a lo largo de la primavera y el verano de 1985, el volcán siguió temblando. En septiembre escupió una mezcla de vapor, piedras y cenizas que causó un flujo de lodo de casi veinticinco kilómetros.

  La próspera comunidad granjera de Armero se halla a unos cincuenta kilómetros al este del volcán. En octubre de 1985, un equipo de geólogos colombianos dio a conocer un informe, afirmando que tanto Armero como otras localidades se hallaban en peligro inminente. Un equipo de vulcanólogos italianos trataron de convencer al gobierno para que se protegiera a la población, avisando de que “lo peor aún puede estar por llegar”; pero, como pasaban los días y no sucedía nada terrible, la alarma empezó a olvidarse. Y entonces, pasadas las tres de la tarde del 13 de noviembre, el Nevado del Ruiz experimentó una violenta explosión, que cubrió Armero con una lluvia de trozos de piedra pómez y ceniza.

   El alcalde y el cura, sin embargo, tranquilizaron a la población transmitiendo mensajes de calma por radio y en persona. A las siete de la tarde, la Cruz Roja dio orden de evacuar la ciudad, pero al poco tiempo paró la lluvia de ceniza y se canceló la evacuación.

  Dos horas más tarde, a las 9:09 de la noche, se oyeron dos violentas explosiones, y minutos después se vio una columna de humo y ceniza que se elevó hasta más de once mil metros de altura. Empezó entonces a salir piedra líquida, y a fundirse el manto de nieve. Por desgracia, las nubes impidieron a la gente de los pueblos cercanos ver cómo el hielo al fundirse se mezclaba con las piedras, formando flujos de lodo de quince metros de espesor que se derramaban en todas direcciones montaña abajo a una velocidad de unos cincuenta kilómetros por hora. Uno de eso ríos de lodo sepultó la localidad de Chinchilla, matando a más de dos mil personas, y otros muchos poblados quedaron arrasados. Armero, indefensa, estaba situada en un llano a orillas del río Lagunilla, que ya bajaba crecido al cabo de tres días de intensas lluvias. Cuando el flujo de lodo empezó a invadir su curso, el río se desbordó.

  Las aguas anegaron la ciudad a las once de la noche, cuando la mayor parte de la gente estaba ya durmiendo o a punto de irse a la cama. Testigos dijeron que a esas horas, primero quedaron mudos los radios y segundos después se fue también la luz. Algunos salieron a la calle solo para ver que  “Un río bajaba por la calle, arrastrando camas, dando la vuelta a los coches, arrollando a la gente”.   El lodo y el escombro, “como un ejército de tractores”, empezaba la destrucción de Armero. La destrucción era total. La gente huía hundiendo los pies en barro caliente, y muchos lograron salvarse.

  Un superviviente contó que el flujo de barro había hecho “un ruido quejumbroso como de una especie de monstruo. Parecía el fin del mundo”.
 El barro se tragó el ochenta por ciento de las construcciones de la ciudad, enterrando a mucha gente que no tuvo tiempo ni de saber lo que estaba pasando, y cortando el paso a los que trataban de huir. A las afueras de la ciudad, un corresponsal de la agencia Reuters contó que se veían supervivientes apiñados entre sí en la cima de una colina, al raso: “figuras sepulcrales... ancianos, mujeres y niños, cubiertos de barro gris reseco, con el cabello tieso; en plena noche sólo sus ojos abiertos te permitían apreciar que estaban vivos”.

    Cuando llegaron cuadrillas a Armero, al día siguiente, se encontraron un revoltijo de árboles, vehículos y cadáveres mutilados en un océano de barro. Unos cuantos supervivientes heridos yacían profiriendo gemidos; hubo que construir, sobre el barro, puentes de acero corrugado para poder llegar a ellos.

  Más de treinta y seis horas después del desastre, miles de personas refugiadas en la cima de la colina, aterrorizadas por lo que aún pudiera hacer el Nevado del Ruiz, seguían sin comida, agua ni ayuda médica. Los helicópteros del ejército empezaron a izar gente para sacarla de allí. Un reportero de Reuters recordaba que él había visto morir con sus propios ojos a más de una docena de personas mientras esperaban la ayuda.  Los helicópteros sólo operaban de día, cuando se acercaba la oscuridad estallaban peleas desesperadas por ocupar alguna de las últimas plazas para escapar...
 Una gran tragedia que se recuerda, esperando nunca se repita.

Dos hermanos millonarios, vivieron entre basura... ¡durante tres décadas!

  Homer y Langley Collyer, profesionistas y hermanos de sangre vivieron en el 2078 de la Quinta Avenida de New York a mediados del siglo pasado.


  Durante su juventud llevaron una vida relativamente normal para la época: Homer estudió Derecho y Langley era ingeniero además de aficionado a tocar el piano. Dos carreras que no ejercieron gracias a la fortuna de su familia. El padre había sido un prestigioso ginecólogo y la madre cantante de ópera.


  Tras la muerte de los progenitores, una tragedia cambió la vida de los hermanos Collyer, quienes decidieron dejar de llevar una vida pública y se encerraron en uno de los pisos del edificio de cuatro plantas comprado por el padre en 1909.


  En 1932, Homer Collyer, desgraciadamente, se quedó ciego, y decidió no salir nunca jamás de casa. Su hermano le cuidaba, pasando gran parte del tiempo con él. Muy afectado por la ceguera de su hermano, empezó recopilar toda clase de periódicos, revistas y publicaciones para que las leyera si algún día recobraba la vista.


  Langley ataba con cuerdas todas las revistas, las apilaba y las guardaba en casa, formando auténticos muros que poco a poco fueron llegando hasta el techo. Pero la obsesión de Langley fue creciendo hasta el punto que de noche recorría los basureros recopilando todo tipo de libros para llevarlos a casa y acumularlos sin sentido. Pero luego de un tiempo eso también cambió y entonces empezó a acumular cualquier clase de objetos. Esto le llevó a descubrir un mundo desconocido en el que se dio cuenta que la gente tiraba a la basura todo tipo de cosas a las que él podría dar algún tipo de utilidad, gracias a su habilidad para crear e inventar extraños artefactos.


  Toda esta situación llamó pronto la atención del vecindario, y también de los medios, que crearon toda suerte de leyendas acerca de lo que atesoraban los hermanos en su vivienda. Debido a la presión, los Collyer cortaron el teléfono, desconectaron el timbre y sellaron las ventanas de su casa.


  Langley decidió no pagar más por los servicios de luz, agua y gas, que le fueron cortados tras un tiempo sin satisfacer los recibos y trasladó un viejo automóvil Ford T al sótano del edificio, con el que, poniéndolo en marcha, podía dar la suficiente luz a la estancia en la que hacían vida, gracias a la energía que generaba el motor del coche y que llevaba a través de un cable hasta el piso.


  En la primavera de 1947, la policía local recibió una llamada  denunciando que algo extraño sucedía en la vivienda de los Collyer, que no se oía nada desde hacía unos días. La policía llegó al lugar y que extrañamente, estaba entreabierto y encontró en la casa el cadáver de un hombre paralítico, todo hacía suponer que la llamada anónima la habría efectuado el propio Langley antes de marcharse de aquel lugar, ya que no había ni rastro de él por ninguna parte.


  La autoridad sanitaria de la ciudad de New York ordenó que se desalojase la casa, de todo lo que contenía en su interior, para su posterior derrumbe, ante el peligro de insalubridad que podría ocasionar para los vecinos.


  Tras 18 días de trabajos vaciando la vivienda, el 8 de abril se encontró el cuerpo sin vida y en un avanzado estado de descomposición de Langley, quien se encontraba a pocos metros de la estancia donde se halló al hermano y que falleció a causa del derrumbe sobre él de una gran pila de periódicos y cajas, posiblemente tras accionar sin querer una de las trampas por él confeccionadas.


  Varias fueron las semanas que se necesitaron para vaciar por completo el edificio, en el que se encontró un total de 136 toneladas en objetos de lo más diversos: 14 pianos de cola (algunos de un altísimo valor), más de 25,000 libros, cerca de 200,000 periódicos, alfombras orientales, bolsas repletas de basura, material quirúrgico y una máquina de rayos X (que posiblemente pertenecieron al padre) y lo más asombroso del hallazgo no fue un pequeño arsenal de diversas armas de todo tipo que allí había (desde revólveres a granadas, escopetas, metralletas, etc..), sino que fue un gran número de envases de cristal que contenían órganos humanos conservados en formol, cuya procedencia se desconocía.


 ¿Locos o excéntricos?. Eso es algo difícil de definir, pero al margen de ello, esta historia es como para...  Enterarse y Sorprenderse!!!

Para salvar al mundo una madre ¡Le saca los ojos a su hijo!

 En México la policía se quedó horrorizada al encontrar a un niño de 5 años en medio de un ritual religioso con los ojos  extirpados, y lo peor es que fue su propia madre quien se los quitó... esta increíble y escalofriante historia sí que es de Enterarse y Sorprenderse!

 

 El fiscal que investiga el caso, dijo que la madre, quien sacó los ojos del menor, al parecer con sus propias manos, y con la ayuda de una tía del menor que lo sostuvo, se encuentran detenidas. En total son ocho personas que permanecen presas.

 

 El secretario de Seguridad Ciudadana del Estado de México, Salvador Neme, señaló más tarde que las ocho personas presuntamente pertenecen a una secta, aunque no dio más detalles.

 

 Dijo que policías que ingresaron al domicilio escucharon a una de las personas que estaba cerca del niño decir: "Vamos a matarlo para sacarle el demonio, hay que evitar un terremoto para salvar este mundo terrenal".

 

 Antes, el subdirector operativo de la Policía de Nezahualcóyotl, Samuel Cuevas Monroy, dijo a periodistas que la abuela del niño declaró que había citado a sus familiares para ayunar y orar "porque el mundo se iba a acabar". Cuevas añadió que la mujer les había pedido que cerraran los ojos, pero el niño no lo hizo y "se los sacaron para limpiárselos".

 

 El vocero del gobierno de Nezahualcóyotl, Fernando Chávez, dijo a la agencia AP que no se habían encontrado indicios de que la agresión contra el niño fuera un ritual al culto de la "Santa Muerte".

 

 Policías que circulaban en una patrulla fueron requeridos por un hombre que les dijo que había un niño lesionado dentro de una vivienda. Al entrar al lugar vieron a la madre que abrazaba al niño, quien "no tenía glóbulos oculares", señaló el gobierno local.

 

 Neme identificó a la madre como María del Carmen Ríos García, de 28 años, y a la tía del menor como Lisbeth Ríos García, de 22 años.

 

 El niño fue trasladado de urgencia a un hospital local, pero debido a su gravedad fue llevado en helicóptero a otro en la ciudad de México y luego por tierra a un tercer nosocomio, especializado en pediatría.

 

 Tras permanecer hospitalizado Fernando fue dado de alta, en buen estado de salud y consciente de que fue atacado por su mamá y de su falta de visión, aunque él cree que no será permanente.
Autoridades médicas de la capital informaron en rueda de prensa que el niño fue trasladado a instalaciones del organismo para el apoyo de la infancia y la familia en el Estado de México, donde vivía el menor.

 

  El pequeño, quien sólo ha tenido contacto con su abuela paterna desde el ataque, dejó el hospital sin ningún vendaje y fue trasladado a bordo de una ambulancia.

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