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INTIMIDADES MASCULINAS

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¿Qué peso tiene el afecto en la vida sexual del hombre? ¿Por qué los varones son tan remisos a expresar sus sentimientos? ¿Existe la fidelidad masculina?  El psicólogo y pedagogo italiano-argentino residente en Colombia Walter Riso nos desvela todas estas incógnitas y entra en un tema tabú para el propio sexo masculino: su propia intimidad.

La nueva mujer busca al hombre dulce, afectivo, compañero, experto amante y, encima, buen comunicador. “Fuerte para ser su señor y tierno el amor…”, como lo definía Serrat en una canción. Si alguna mujer lo encuentra, que no lo deje escapar, porque son difíciles de hallar, aunque, como las brujas, de que los hay los hay.

¿Por qué el varón no habla de sus sentimientos?, se interroga la nueva mujer, cuando se reúne con sus amigas para hablar de sus inquietudes, a modo de terapia gratuita similar a la del psicólogo. “El problema del hombre no es la atrofia sentimental, sino el miedo a dar rienda suelta a todo su potencial afectivo, porque considera que las emociones expresadas le vuelven más vulnerable”, asegura este profesional, presidente honorario de la asociación Colombiana de Terapia Cognitiva.

Por eso, muchas mujeres con parejas inhibidas afectivamente saben que el acto sexual es el único momento donde pueden disfrutar del contacto afectivo y sentir la ternura masculina en toda su magnitud, porque, para muchos varones, la desnudez física da permiso para la desnudez psicológica.

“Los hombres no se dan cuenta que esa desnudez afectiva es el mayor estímulo para cualquier mujer, en donde la comunicación sobrepasa los umbrales de la represión y el momento en el que el hombre se desborda en cariño, aunque por desgracia, tras la más delicada y tierna intimidad, todo vuelve a la “anormalidad”, constata Riso.

Riso se refiere aquí a las parejas enamoradas, no a una pulsión sexual pura y dura, y achaca esta atrofia emocional a las marcas generacionales instaladas en el disco duro de muchos hombres. Frases tales como “los hombres no lloran”, “pareces una niña”, “no me abraces tanto…”.

Como muchas mujeres intuían, para que el hombre abra su compuerta emocional, ha de estar muy seguro de su pareja y el abandono de los mecanismos de defensa “requiere tiempo, paciencia y altas cantidades de comprensión femenina”, asegura este psicólogo clínico con amplia experiencia en trabajos de investigación cognitiva y publicaciones de divulgación.

Decía Ágatha Christie que un arqueólogo es el mejor marido que una mujer puede tener, porque cuanto más envejezca ella, más se interesará él. Esta ironía de la realidad viene al caso para aseverar que, inicialmente, al hombre le entra el sexo opuesto por el sexo, valga la redundancia, pero que el amor garantiza la duración de ese deseo.

“El amor es el mejor cirujano estético y, si no hay amor, no importa cuántas cirugías, liposucciones o mesoterapias se haga la mujer porque, si el hombre no la ama, tarde o temprano se acabará la candela porque podremos babear de ganas, pero es imposible enamorarse de una estructura ósea o corporal al margen de quién la lleve”remacha Riso.

Así, la regla de una buena relación de pareja sería así: el hombre entra por el sexo y, si encuentra lo que le gusta, llega al amor; si no es así, no vuelve. Los hombres tienen claro que si la mujer les gusta como persona, el deseo sexual es simplemente la llave para seguir avanzando. Mientras, la mujer entra por el amor y, si todo va bien, llega al sexo.

¿Y quién es un buen amante? Frente a las partidarias/os de medir el tamaño del pene, la eyaculación tardía o el número de orgasmos por minuto, Riso subraya que “al buen amante hay que buscarle en el antes y en el después del acto sexual, con sus prolegómenos y despedidas.

“La nueva sexualidad masculina es una experiencia encantadora y fascinante que, necesariamente, ha de tocarse cuatro manos y a toda máquina y que define muy sabiamente el poeta Mario Benedetti en su “Informe sobre Caricias”.

Para Walter Riso, la infidelidad, definida como la ruptura engañosa y desleal de un pacto afectivo/sexual establecido, se contrapone a la fidelidad, que no es la ausencia de deseo, sino el autocontrol por cuestiones éticas y estéticas.

Sin embargo, la infidelidad masculina se contrapone a la femenina en que la mujer es capaz de contextualizar su deseo primario en factores más elaborados.”Un Adonis que, además, posea sentido del humor, clase y salud, en general, cotiza más que un semental bien dotado, mientras que el hombre exalta más la dimensión erótica”,

En segundo lugar, en los enredos afectivo-sexuales, ellas poseen un mayor autocontrol, una mayor vigilancia y tienden a dejar menos rastros, frente a un hombre descarado que psicológicamente no le importa pavonearse de su conquista, puesto que le produce beneficios colaterales “como reafirmar su machismo, porque aún cotiza o eliminar su culpa y pedir “ayuda para salir de ésta”.

Los actuales hombres, como Walter Riso, tienden a reivindicar una serie de derechos, hartos de la represión emocional a los que se han sometido por cultura o por ellos mismos y que pasan por una libertad emocional elaborada en un Manifiesto.

Así, los nuevos varones tienen derecho a sentir miedo, a ser débiles y pedir ayuda cuando lo necesiten, a ser inútiles, a cometer errores y a no saber qué hacer, a fracasar económicamente, a vivir en paz, negarse a la agresión y a todo tipo de violencia interna y externa y a emocionarse y a expresar sus sentimientos positivos, ya sea física o verbalmente.

También tienen derecho a estar más tiempo en familia y participar en la crianza de los hijos, a comunicarse afectivamente, con los demás hombres y fomentar la amistad masculina sin rivalizar con nadie, a disfrutar del sexo sin ser adictos sexuales, a fallar como reproductores y a no transmitir el apellido, a una sexualidad más afectiva y amorosa y, por último, a intentar ser fieles.

Por Nana de Juan Imp/EFE-REPORTAJES.

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