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LA DIFERENCIA ENTRE UN NIÑO Y UN ADULTO… ES EL TAMAÑO DEL CUERPO

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Probablemente muchos no lo consideren así e incluso tal vez ni lo han pensado, pero hablar de la manera como se debe tratar a un niño es lo mismo que hablar de cómo tratar a un adulto, porque todo cuanto se aplica a los adultos también corresponde a los niños y viceversa. El adulto tiene que trabajar, el niño “trabaja” en la casa recogiendo los juguetes que tiró, ayudando en los quehaceres del hogar o haciendo algún mandado. El adulto debe cumplir con sus compromisos sociales, el niño cumple en jugar con el vecino durante el tiempo señalado.

El adulto interrumpe la conversación saltando de un tema a otro en desorden. El niño grita enfrente de los adultos y estos se molestan diciendo: “¡Juanito, no seas mal educado!”

El niño falta a la escuela e inventa que está enfermo, el adulto falta a su trabajo y dice que su hijo se enfermó. 

Como podemos observar, no existe diferencia entre un niño y un adulto excepto el tamaño del cuerpo. Cuando el adulto logra que el niño haga alguna cosa en contra de su voluntad, no se debe a la “habilidad de los razonamientos” del humano con experiencia, sino a la impotencia que hay en el niño al enfrentarse a un cuerpo gigante.

La mayoría de los padres que les pegan a sus hijos, es porque no saben controlarlos y piensan que la única manera de obtener “obediencia” es con una buena nalgada. No se comunican con el niño por ignorancia. Y son ignorantes porque piensan que los niños son cosas extrañas y a cualquier edad, siguen siendo muy pequeños para que pueden comprender. 

Si usted es padre de familia y ha comprendido lo anterior tal vez le gustaría hacer el siguiente pequeño ejercicio:

  1. Traiga a su mente alguna ocasión cuando era pequeño(a) y su padre, madre o cualquier adulto le prometió algo y no lo cumplió.
  2. Recuerde una vez cuando era pequeño y un adulto le obligó a obedecer contra su voluntad.
  3. 3.-  Ahora piense en dos o tres cosas que le agradan cuando otras personas le tratan y trata con otras personas. Ejemplo: si le gusta que otros cumplan los acuerdos que hace usted; si le gusta que otros lo traten amablemente aun y cuando, justificadamente o no, usted no haya cumplido con sus obligaciones o deberes.
  4. Ahora sí; escriba en un papel tres o cuatro cosas que hacen otras personas y que le gustan cuando lo tratan.
  5. A partir de este momento, y con esa lista en mano, propóngase tratar a su hijo o hijos, como a usted le gusta que lo traten y hacerles a ellos, lo que le agrada que a usted le hagan… Llévelo a la práctica y se sorprenderá de los resultados!!.

Pero a nuestros hijos aparte de tratarlos como a nosotros nos gusta que nos traten, también hay que ayudarlos a desarrollar habilidades para que cuando lleguen a la edad adulta, sean autosuficientes y sobre todo tomen decisiones. Y para ello, psicólogos infantiles nos recomiendan lo siguiente:

  • Permita que decidan por sí mismos
  • Permita que experimenten. Si su hijo desea ayudar a lavar el carro, deje que lo haga. Su carro no lucirá muy limpio pero su hijo habrá experimentado lo que significa lavar algo.
  • ¿Su hijo mayor de quince años necesita dinero? Dígale amablemente que consiga un trabajo de medio tiempo. Si es un niño de tres o cinco años, que “trabaje” cuidando a sus muñecos o comiendo o durmiendo suficiente.
  • No le conceda al hijo todas las cosas materiales que le pide, es preferible que le enseñe que los automóviles, la ropa y viajes, son el resultado del trabajo y de la habilidad para ganar dinero.
  • Recuérdele que una persona dependiente es un esclavo; así que mótivelo a que tenga iniciativa y sea autosuficiente… Pero cuide que todo sea en su justa medida y de acuerdo a su edad.

¿El resultado?…  Pruebe unas cuantas semanas y verá  la diferencia!!

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