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Valoremos a un Amigo

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Dice un antiguo proverbio sueco: “Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena”. En tal pensamiento se trata de destacar la importancia de tener a alguien

Por: J. Humberto Cabezas

Dice un antiguo proverbio sueco: “Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena”. En tal pensamiento se trata de destacar la importancia de tener a alguien con quién compartir los problemas y los momentos felices de la vida. Un amigo es ideal para hacer esto.

Pero resulta que hoy en día, tenemos muchos “amigos” para compartir nuestras penas pero muy pocos que se alegren cuando algo nos sale bien. Aún entre los mejores “amigos” existen hoy la envidia y el egoísmo. Quizá por eso alguien afirmó en una ocasión: “Ama a tus amigos y a tus enemigos, por lo general son los mismos”.

Vivimos una época carente de amistad, celebramos el 14 de Febrero profundamente enemistados unos con otros. Todavía no somos capaces de acercarnos los unos a los otros sin calcular primero un beneficio inmediato y una ventaja personal de tal acercamiento. Con esa actitud nos alejamos cada vez más de la superación del egoísmo que nos lleva a la confrontación estéril y nos niega los maravillosos beneficios de la unidad.

Una fecha como esta no debería ser sólo el intercambio de regalos, comidas y baile, debería ser un tiempo de valoración de nuestros amigos; deberíamos redescubrir el verdadero significado de una amistad, y el incalculable valor la fraternidad, mínimo requerimiento para una auténtica vida en comunidad. Una sociedad no se supera por acuerdos firmados en el papel solamente, su verdadero desarrollo nace de la responsabilidad compartida por el bien nacional, la conciencia de saber que el bien de nuestro prójimo es el nuestro y el de todos.

Deberíamos recordar que la amistad no está cimentada en el interés personal, sino en el interés en el amigo. Probablemente esta sea la causa de por qué, si nos examinamos con cuidado, descubriremos que tenemos muy pocos amigos. Desde una perspectiva muy realista si alguien dice que tiene muchos amigos no es de este planeta; si dice que tiene varios es un soñador; si afirma tener dos es el ser más afortunado sobre la tierra.

¿Por qué la amistad ha decaído tanto? Porque los intereses han subido demasiado. Hoy en día toda persona quiere sacar algún provecho del prójimo, quiere encontrar alguna utilidad inmediata en la amistad cerrando así las puertas de su corazón a la amistad sincera. Una verdadera amistad no puede nacer sino de un sentimiento compartido, de un interés recíproco en el bienestar del otro que al final significará el bienestar de ambos.

Cuando nos negamos a cultivar verdaderas amistades por causa del interés, creyendo enriquecernos nos empobrecemos cada día más. Celebramos nuestras alegrías con conocidos, no con amigos, lloramos nuestras penas solos o pagando los favores de quienes nos acompañan.

La Biblia, el libro sagrado, dice: “Hay amigos que llevan a la ruina, y hay amigos más fieles que un hermano”. Nadie puede negar esta realidad que nos llama a todos a cultivar la amistad sincera, a apreciar la mano amiga y ofrecer la nuestra para que juntos hagamos de la alegría una dicha doble y de las penas un dolor a la mitad.

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