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Alexandra David Néel La primera mujer exploradora que conquistó el pico más alto del mundo.

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Louise Eugénie Alexandrine Marie David, más conocida por su pseudónimo Alexandra David-Néel nació el 24 de octubre de 1868 en París. Fue sucesiva o simultáneamente orientalista, cantante de ópera,

Louise Eugénie Alexandrine Marie David, más conocida por su pseudónimo Alexandra David-Néel nació el 24 de octubre de 1868 en París. Fue sucesiva o simultáneamente orientalista, cantante de ópera, periodista, exploradora, anarquista, espiritualista, budista y escritora francesa. Fue conocida principalmente por su visita a Lasha (1924), capital del Tíbet, ciudad que en ese entonces, era prohibida a los extranjeros.

SU VIDA

Desde muy pequeña Alexandra demostró un espíritu aventurero, pues a la edad de cinco años se fugó de su casa “para recorrer el mundo” el cual sólo duro un día. A la edad de quince años se fuga por segunda vez y exploró Bélgica, Holanda e Inglaterra, y regresó a casa. Su padres decidieron internarla en un colegio de monjas para que se convirtiera en una señorita recta virtuosa de la época” sin embargo  ella tenía otros planes en mente. A los 18 años se fuga del convento y viaja a Italia. A pesar de que muchos hombres la pretenden, decide no casarse y dedicar su vida entera a la exploración del mundo. En 1891 recibe una herencia que le permite viajar por toda la India. Ahí conoce a un sabio llamado Swami Bashkarana de quien se hace su discípula. Tiene ya 23 años y conoce el yoga, la meditación y la vida de Buda, aplicada a su propia vida por medio de las enseñanzas sagradas.

DE EXPLORADORA A CANTANTE

Se le acaba el dinero y regresa a Bruselas, donde viven sus padres y se encuentra que ahora ellos son muy pobres. Se mete a trabajar de periodista, pero fracasa. No le queda más remedio que meterse de cantante en un teatro parisino. Escala el éxito y se vuelve soprano de ópera. El 4 de agosto de 1904 se casa en Túnez con Philippe Néel, ingeniero en ferrocarriles. Aunque su vida en común fue a veces tempestuosa, estuvo siempre impregnada de respeto mutuo. Se terminó definitivamente el 9 de agosto de 1911 por su marcha para su segundo viaje a la India. No obstante, después de esta separación ambos esposos entablaron una abundante correspondencia que no acabaría hasta la muerte de Philippe Néel en febrero de 1941.

En viaje a la India, Alexandra conoce al Dalai Lama, quien es el dirigente máximo de los budistas del Tíbet. Fascinada por su filosofía decide con todo su corazón conquistar el Tíbet, esa tierra inexplorada por los hombres blancos. El Dalai Lama le presenta un curioso personaje; el Gomchen de Lachen, monje que sería su maestro y con quien aprendió en las montañas del Himalaya los pasos básicos para llegar a ser una lama tibetana. Alexandra resultó tan buena lama que en poco tiempo estaba enseñado las doctrinas incluso hasta a sus propios maestros. Pasaron tres años de aprendizaje y pronto llegó a China y de ahí emprendió la aventura hacia el Tíbet.

GRAN HAZAÑA

Mas el recorrido era peligroso: alquiló servicios de un niño de 14 años, llamado Yondgen, quien sabía cómo llegar a la “tierra prohibida”, como era conocida. Disfrazada de anciana limosnera y el niño disfrazado de su nieto harapiento llegó a Lasha, Tibet en 1925. La gran hazaña de esta osada exploradora, fue caminar más de mil kilómetros con los pies descalzos, desde China hasta el Tíbet. Caminando por lugares helados, desérticos y peligrosos. Muchos tibetanos jamás habían visto un hombre blanco y al ver a Alexandra llegar desfalleciente se asustaron. Solicitó la ayuda y le dieron alojamiento y de comer, pensando que era una reencarnación femenina del propio Buda. Las mujeres la bañaron y al contemplar su cuerpo blanquísimo pensaron que ella era una diosa bajada del sol. Escribió más de 30 libros acerca de religiones orientales, filosofía y sus viajes. Sus obras han sido muy bien documentadas influyeron en los escritores Jack Kerouac y Allen Ginsberg, y en el filósofo Alan Watts. En 1969, ya a los cien años de existencia. Alexandra murió. Exactamente el 8 de septiembre. Si la muerte no la hubiera sorprendido, quizá habría participado en una exploración a los lugares más remotos del Tíbet.

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