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“Corazones Artificiales” experimentan cambios positivos.

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Según una nueva investigación, los “corazones artificiales” mecánicos pueden ser utilizados para devolver su funcionamiento normal a corazones

Según una nueva investigación, los “corazones
artificiales” mecánicos pueden ser utilizados para
devolver su funcionamiento normal a corazones
severamente dañados, eliminando la necesidad de
un trasplante.

Estos dispositivos mecánicos que conocidos como
LVADs, se emplean actualmente en pacientes con
deficiencia cardíaca muy severa, mientras están
esperando a recibir un trasplante. El nuevo estudio
demuestra que el uso de un LVAD combinado
con ciertas terapias farmacológicas, puede llevar
a que los corazones experimenten cambios positivos
hasta el punto de recobrar su funcionamiento
normal una vez que sea retirado el LVAD.

Para el estudio, los investigadores del Imperial College
de Londres y la Fundación Royal Brompton
& Harefield del Servicio Nacional de Salud del
Reino Unido, aplicaron esta combinación de terapias
a 15 pacientes muy enfermos. De estos 15, se
recuperaron 11. De ellos, el 88 por ciento no había
vuelto a padecer enfermedades del corazón cinco
años después. Su calidad de vida fue considerada
como “casi” normal.

El trasplante del corazón de un donante ha sido
durante muchos años el mejor tratamiento posible
para personas con severas deficiencias cardíacas.
Ha demostrado ser muy exitoso pero no ha carecido
de limitaciones, particularmente la escasez de
donantes y el riesgo del rechazo al órgano.
El estudio supone que los procesos degenerativos
con deficiencias cardíacas en “fase final” pueden
revertirse y que el corazón tiene una cierta capacidad
de regenerarse por sus propios medios.

Los LVADs funcionan conectándolos al ventrículo
izquierdo del corazón, directamente o por
medio de un tubo. Toman la sangre rica en oxígeno
del ventrículo izquierdo y la conducen a una
bomba mecánica. Ésta impulsa entonces la sangre
rica en oxígeno hacia otro tubo que se conecta a
la aorta. Una vez que la sangre llega a la aorta,
puede transportarse al resto del cuerpo.

El nuevo paso para los investigadores es un estudio
clínico a gran escala, en varios centros, que
deberá respaldar los buenos resultados obtenidos
hasta ahora con este enfoque terapéutico.

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