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Cuando la SEPARACION es lo mejor para los Padres… y para los Hijos también

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Existen parejas que a pesar de no llevarse bien, deciden seguir juntos “por los hijos”. Pues prefieren tolerarse y vivir un matrimonio miserable que dar fin a su relación, ya que consideran que esto acarrearía gran daño a sus hijos; Sin embargo, tal decisión trae a la larga un efecto contrario, la infelicidad tanto de los chicos como la de los padres

 “Yo no tuve papá y no deseo que mis hijos pasen por lo mismo”. Es lo que se le oye decir una y otra vez a Angela, madre de tres hijos y casada desde hace casi nueve años con Ricardo, un hombre alcohólico y con tendencias machistas. Factores que en más de una ocasión ha llevado a la pareja a los golpes y ofensas verbales y, lo que es peor, frente a los hijos. Sin embargo, es algo que ella está decidida a seguir soportando con el pretexto, la excusa o el miedo, de no dejar a sus hijos sin padre. 

  En la cultura latinoamericana es muy común encontrar relaciones como la de Angela. Matrimonios donde las peleas y ofensas son el pan de cada día en el hogar, pero que se aguanta, supuestamente para no dañar a los hijos. Un pretexto que oculta, en muchas ocasiones, un sentimiento reprimido o trauma de alguna de las dos partes (especialmente en la mujer). Pero, cabe preguntar: ¿qué beneficio tiene mantener este tipo de relaciones por los hijos? ¿No estaremos acaso ocasionando el efecto contrario… hijos infelices?

     Las implicaciones de continuar juntos
  Antes de aventurarse a dar un paso aparentemente simple, hay que considerar las consecuencias que vienen con la decisión de permanecer juntos.

  Tomando en cuenta que voluntariamente se está dando una oportunidad a una relación por la cual ya no se tiene aprecio, es probable que uno de los dos -inclusive ambos- no esté dispuesto a dar el mayor de sus esfuerzos. Por desgracia, la frase más escuchada entre las parejas que optan por este camino es “estoy contigo por mis hijos”.

   Hay que analizar bien que, una vez que la relación extinta decida mantenerse, podrán suscitarse al menos uno de los siguientes conflictos:
 • Resentimiento…. Si uno está forzando al otro, uno de los cónyuges comenzará a sentirse frustrado, y a la larga se generará un clima de animadversión que perjudicará directamente la imagen que el hijo tiene de sus padres.
 • Consecuencias…. Cuando se permanece dentro de una mala relación, pero “por el bien de los hijos”, es usual que éstos cuando aún sean niños no se den cuenta ni estén conscientes de los términos existentes entre sus padres. Desafortunadamente, la ignorancia no dura para siempre, una vez que los hijos se enteren, el impacto de la noticia puede acarrear graves consecuencias emocionales y psicológicas.
 • Jerarquías emocionales dentro de la relación…

  En el libro Un grito desesperado de Carlos Cuauhtémoc Sánchez se aborda el tema de la problemática familiar. Específicamente, incluye un aspecto que los psicoterapeutas familiares y los críticos coinciden está terriblemente desorganizado: el orden de importancia dentro del núcleo familiar.

      Padres infelices = Hijos infelices
  Las parejas felices, esas conformadas por personas maduras y con inteligencia emocional reconocible, tienden a criar hijos más sanos, con miras al éxito y con vidas más plenas; sin importar su nivel socio-económico u origen étnico.

  Si esto lo enfocamos en el lado opuesto, entonces tendremos que padres infelices, es igual a, niños infelices. Por eso se debe tener muy presente que si se es miserable dentro de la relación, no hay ya motivos para continuar con ella.
 Buscando el bienestar integral familiar, muchas personas -en su mayoría, mujeres- se conforman con continuar siendo parte de una relación que francamente ya no les interesa.

    La separación… ¿la mejor opción?
  “Sacrificios”, se les llama con candidez e ignorancia a estas situaciones. No hay que perder de vista que los traumas psicológicos pueden repercutir directa y negativamente sobre la misma relación que se intenta salvar.

  Una separación es ardua, pero es mejor una caída a tiempo, que un derrumbe más adelante. Los hijos también sufrirán si la reconciliación fracasa, o si se encuentra dentro de una familia donde los rompimientos están a la orden del día y donde sus padres recuerdan continuamente lo mucho que desearían no estar juntos.

   Desde luego, la norma ideal consiste en un matrimonio unido y estable, y por supuesto que se debería trabajar para alcanzar este punto idóneo.

  Cuando sobreviene la separación, el golpe emocional resulta desalentador y en no pocas ocasiones devastador. Afortunadamente, en pleno siglo XXI los modelos familiares evolucionan constantemente y se debe tener presente que, el hecho de estar separados, no tiene por qué ser una influencia negativa sobre los hijos, factor que debe estar muy presente en la parte que se quede con la tutela.

Los padres deberían estar presentes en la vida de los hijos, eso es indiscutible, es un acuerdo al que se debería llegar independientemente de los sentimientos que la pareja profese el uno por el otro. Sin embargo, hay que recordar que, de no ser posible, el ser humano tiene una enorme capacidad de recuperación y que, con guía, comunicación y amor puede salir avante a la peor de las desgracias.

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