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Denigración, acoso y muerte, un drama sinfín para la mujer mexicana

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EFE

Pese la aprobación con bombo y platillo de políticas públicas, la denigración, el acoso e incluso la muerte a manos de los hombres siguen siendo el pan de cada día para millones de mujeres mexicanas, como ha quedado de manifiesto con varios casos sonados en los últimos tiempos, motivo de denuncia social…

“En México hay una cultura machista que se ha mantenido, pero el problema es también la ausencia de castigos, que funcionan normalmente como reguladores de la conducta”, afirmó hoy a Efe Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC), especializado en seguridad y justicia.
En octubre pasado un programa de televisión de la norteña Ciudad Juárez, famosa en los años 1990 por los cientos de feminicidios registrados allí, estuvo en el epicentro de la polémica cuando el presentador, Enrique Tovar, acosó a su compañera frente a la cámara, Tania Reza, hasta el punto que ella abandonó el estudio.
“Lo que más me sorprendió y preocupó es que hubiera una serie de comentarios de que era ella la que ocasionaba que este muchacho la acosara, que la sociedad esté lista de revictimizar a las víctimas”, denuncia Rivas.
También en el norte de México, pero en la ciudad de Rosarito (Baja California), el cantante español Alejandro Sanz fue aplaudido en las redes sociales por bajarse en febrero de un escenario para salir en defensa de una mujer del público que estaba siendo hostigada por un hombre.
Asimismo, concitó atención el caso de Daphne Fernández, una estudiante del estado de Veracruz violada por varios jóvenes de familias adineradas.
Más recientemente, el 8 de marzo, una cámara grababa cómo un desconocido le quitaba la ropa interior a la periodista Andrea Noel en un parque de la capital mexicana, a plena luz del día.
Un caso en el que, como sucedió con Reza, “lo peor es que la sociedad la atacó”, recalca Rivas.
El domingo pasado la actriz América Gabriel divulgaba un vídeo en el que aparecía con la cara ensangrentada tras ser golpeada en un parque por un hombre que se molestó porque le pidió que recogiera las heces de su perro.
Estos incidentes son solo un botón de muestra de un problema que se hace visible no solo en la estadística, sino también en determinadas normas públicas, como la que impone la existencia de vagones en el metro de Ciudad de México con el rótulo: “Solo mujeres y menores de 12 años”.
En abril pasado el Instituto Simone de Beauvoir (ISB) y el Banco Mundial lanzaron la campaña “¡Hazme el paro!” contra el acoso a las mujeres en el transporte público.
La iniciativa incluye la capacitación de los conductores de autobuses para intervenir en esas situaciones y una aplicación móvil que permite a las pasajeras efectuar denuncias.
Las represalias van desde una advertencia a través del altoparlante del autobús hasta la detención del vehículo para que el conductor llame a la Policía.
Según cifras oficiales, el 65 % de las usuarias del transporte público capitalino han sido víctimas de violencia de género, el 40 % ha cambiado su vestimenta para evitarse problemas y el 25 % asegura que les han tomado fotos o vídeos sin permiso.
Marisol trabaja como empleada doméstica en el barrio de Polanco, de clase media-alta, y en hora punta hace largos trayectos en metro para llegar allí desde su casa en Ecatepec.
Dice llevar consigo agujas para pinchar a acosadores como el hombre que hace unos días se masturbó pegado a ella aprovechando un tumulto.
A veces, el machismo va un paso más allá, cuando se transforma en violencia y en muerte.
El ONC envió el pasado 21 de abril una carta al secretario de Gobernación (Interior), Miguel Ángel Osorio, recriminándole haber afirmado que los feminicidios (homicidios de mujeres con una carga machista) habían bajado en un 25 % en el país, lo que la organización considera falso.
“Al tratarse de datos provenientes de las instituciones de procuración de justicia estamos refiriéndonos exclusivamente a aquellos casos que fueron atendidos y reconocidos como feminicidios”, muy diferentes a los de las dependencias de salud, se quejó la organización.
Desde 2007 existe una Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, pero solo 20 de los 32 estados “cuentan con dichos protocolos sin que esto implique que todos ellos cuenten con una visión de género”, recuerda.
Además, dos de ellos, Chihuahua y Nayarit, todavía “no cuentan con el tipo penal específico de este delito en sus respectivos códigos penales” y hay “una profunda incertidumbre sobre las estadísticas de feminicidios” en Quintana Roo y el Estado de México, este último líder en ese fenómeno a nivel nacional.
Tal es la desconexión entre la ley y su aplicación que “la primera sentencia en México que se da de feminicido fue de una mujer contra otra mujer, lo cual es absurdo”, denuncia Rivas.
Otro caso emblemático es el de una mujer que “fue apuñalada 23 veces por su pareja con la intención de matarla, y con características feminicidas, porque fue atacada en las partes sexuales”.
“El Ministerio Público lo calificó de lesiones dolosas, porque la mujer sobrevivió”, lo que significa una sentencia de dos años que con un buen abogado puede liberar al agresor de la cárcel.
Si la fiscalía lo hubiese acusado de intento de feminicidio podría haber sido condenado a 20 años.

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