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Dos hermanos millonarios, vivieron entre basura… ¡durante tres décadas!

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  Homer y Langley Collyer, profesionistas y hermanos de sangre vivieron en el 2078 de la Quinta Avenida de New York a mediados del siglo pasado.

  Durante su juventud llevaron una vida relativamente normal para la época: Homer estudió Derecho y Langley era ingeniero además de aficionado a tocar el piano. Dos carreras que no ejercieron gracias a la fortuna de su familia. El padre había sido un prestigioso ginecólogo y la madre cantante de ópera.

  Tras la muerte de los progenitores, una tragedia cambió la vida de los hermanos Collyer, quienes decidieron dejar de llevar una vida pública y se encerraron en uno de los pisos del edificio de cuatro plantas comprado por el padre en 1909.

  En 1932, Homer Collyer, desgraciadamente, se quedó ciego, y decidió no salir nunca jamás de casa. Su hermano le cuidaba, pasando gran parte del tiempo con él. Muy afectado por la ceguera de su hermano, empezó recopilar toda clase de periódicos, revistas y publicaciones para que las leyera si algún día recobraba la vista.

  Langley ataba con cuerdas todas las revistas, las apilaba y las guardaba en casa, formando auténticos muros que poco a poco fueron llegando hasta el techo. Pero la obsesión de Langley fue creciendo hasta el punto que de noche recorría los basureros recopilando todo tipo de libros para llevarlos a casa y acumularlos sin sentido. Pero luego de un tiempo eso también cambió y entonces empezó a acumular cualquier clase de objetos. Esto le llevó a descubrir un mundo desconocido en el que se dio cuenta que la gente tiraba a la basura todo tipo de cosas a las que él podría dar algún tipo de utilidad, gracias a su habilidad para crear e inventar extraños artefactos.

  Toda esta situación llamó pronto la atención del vecindario, y también de los medios, que crearon toda suerte de leyendas acerca de lo que atesoraban los hermanos en su vivienda. Debido a la presión, los Collyer cortaron el teléfono, desconectaron el timbre y sellaron las ventanas de su casa.

  Langley decidió no pagar más por los servicios de luz, agua y gas, que le fueron cortados tras un tiempo sin satisfacer los recibos y trasladó un viejo automóvil Ford T al sótano del edificio, con el que, poniéndolo en marcha, podía dar la suficiente luz a la estancia en la que hacían vida, gracias a la energía que generaba el motor del coche y que llevaba a través de un cable hasta el piso.

  En la primavera de 1947, la policía local recibió una llamada  denunciando que algo extraño sucedía en la vivienda de los Collyer, que no se oía nada desde hacía unos días. La policía llegó al lugar y que extrañamente, estaba entreabierto y encontró en la casa el cadáver de un hombre paralítico, todo hacía suponer que la llamada anónima la habría efectuado el propio Langley antes de marcharse de aquel lugar, ya que no había ni rastro de él por ninguna parte.

  La autoridad sanitaria de la ciudad de New York ordenó que se desalojase la casa, de todo lo que contenía en su interior, para su posterior derrumbe, ante el peligro de insalubridad que podría ocasionar para los vecinos.

  Tras 18 días de trabajos vaciando la vivienda, el 8 de abril se encontró el cuerpo sin vida y en un avanzado estado de descomposición de Langley, quien se encontraba a pocos metros de la estancia donde se halló al hermano y que falleció a causa del derrumbe sobre él de una gran pila de periódicos y cajas, posiblemente tras accionar sin querer una de las trampas por él confeccionadas.

  Varias fueron las semanas que se necesitaron para vaciar por completo el edificio, en el que se encontró un total de 136 toneladas en objetos de lo más diversos: 14 pianos de cola (algunos de un altísimo valor), más de 25,000 libros, cerca de 200,000 periódicos, alfombras orientales, bolsas repletas de basura, material quirúrgico y una máquina de rayos X (que posiblemente pertenecieron al padre) y lo más asombroso del hallazgo no fue un pequeño arsenal de diversas armas de todo tipo que allí había (desde revólveres a granadas, escopetas, metralletas, etc..), sino que fue un gran número de envases de cristal que contenían órganos humanos conservados en formol, cuya procedencia se desconocía.

 ¿Locos o excéntricos?. Eso es algo difícil de definir, pero al margen de ello, esta historia es como para…  Enterarse y Sorprenderse!!!

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