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El Ciervo

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Estos animales son unos de los más dóciles del reino animal, aunque hay algunos de ellos que cuando se enfadan son bastante desagradables.

A los machos les crecen cuernos en la cabeza. Estos cuernos permanecen por parte del año, eventualmente se les caen y les vuelven a salir la próxima primavera; son sólidos y se ramifican terminando en varias puntas y con cada temporada tienden a incrementar su tamaño.

El ciervo es un animal esbelto, robusto, bien conformado y de porte majestuoso; su corpulencia puede variar de modo considerable, siendo la hembra bastante más pequeña que el macho, del que difiere también por el color.

El ciervo prefiere las zonas montañosas para vivir, sobre todo las cubiertas de bosques de árboles muy frondosos, donde se reúne en rebaños más o menos numerosos, subdivididos en cuanto a edad y sexo.

En los meses invernales, el ciervo abandona las montañas y desciende a los valles; pero en verano sube a los lugares más elevados de las cordilleras. Cuando echa los nuevos cuernos, y éstos son aún débiles y poco consistentes, se ve obligado a permanecer en los bosquecillos entre arbustos y los matorrales más bajos, para que sus defensas no se dañen al chocar contra las ramas o los troncos de los árboles. Pasa las horas diurnas agazapado en su yacija y al caer la tarde sale en busca de alimento; pero en lugares donde se siente seguro pasta también de día.

Todos los movimientos del ciervo son ligeros y elegantes, especialmente los del macho resultan majestuosos: por lo general caminan con paso bastante largo, en tanto que su trote es velocísimo y el galope mucho más. Da saltos prodigiosos y supera con la mayor facilidad obstáculos de toda especie y, en caso de necesidad, atraviesa a nado largos lagos y/o ríos.

En cuanto a su carácter y a las facultades, el ciervo es muy tímido y huidizo y no muy astuto ni inteligente. El macho se muestra en extremo egoísta: no piensa más que en sí mismo, subordinando todo lo demás a sus propios gustos. Trata a la hembra violentamente y durante la época del celo llega incluso a maltratarla, e incluso en esos días se muestra francamente fuera de sí. La hembra, en cambio, ama y se ocupa con toda ternura de los hijos. El ciervo siente por los otros animales indiferencia: teme a los fuertes y maltrata a los débiles. Un ciervo encelado, vagando por el bosque, constituye una visión verdaderamente majestuosa.

La gestación dura unas cuarenta semanas y a fines de mayo, o comienzos de junio, nace un pequeño, raras veces dos. Al aproximarse el momento del parto, la hembra se retira al interior del bosque para dar a luz. Los pequeños, durante los tres primeros días de vida son tan débiles que no consiguen dar ni un paso, de manera que un hombre los puede sujetar con la mano sin que intenten siquiera la fuga; pero después de una semana eso ya no es posible. Entonces siguen a la madre a todas partes, y cuando ella les advierte de un peligro, mediante un grito de alarma o bien golpeando rápidamente y con fuerza el suelo con las patas delanteras, se esconden entre la hierba alta.

Los enemigos del ciervo son particularmente el lobo, el lince, el glotón y raramente el oso. Los más peligrosos, sin duda, son el lobo y el lince; en efecto, cuando la nieve es muy alta, las jaurías de lobos hambrientos los persiguen implacablemente y durante mucho tiempo hasta agotarlos; por otra parte el lince se arroja sobre ellos cuando menos lo esperan, agarrándolos por la garganta. Pero el peor enemigo ha sido y sigue siendo el hombre, pese a que actualmente las cacerías ya no son, por fortuna, tan despiadadas como en otros tiempos.

 

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