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El Fantástico Descubrimiento de Tierras Ignoradas

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Durante siglos, filósofos, teólogos y hombres de ciencia habían asegurado que la Tierra era plana y estaba limitada por un mar infernal que se extendía, al oeste, millas más allá del cabo Finisterre y

Llegó a tierras extrañas, llenas de riquezas nunca antes vistas, pero sin tener idea clara de donde estaba, Cristóbal Colón realizó la hazaña individual más importante en la historia de nuestra Era

Durante siglos, filósofos, teólogos y hombres de ciencia habían asegurado que la Tierra era plana y estaba limitada por un mar infernal que se extendía, al oeste, millas más allá del cabo Finisterre y del estrecho de Gibraltar, situados en los extremos occidentales del mundo conocido hasta entonces. Ese océano, afirmaban, no era navegable, y todo aquel que se aventuraba por sus aguas no regresaba nunca, engullido por sus terribles abismos o devorado por los numerosos monstruos que lo poblaban.

Pero no todos aceptaban aquella teoría y Cristóbal Colón era uno de ellos, aunque no fue el primero en creer que la Tierra era redonda ya que en los puertos se contaban historias de hombres que habían atravesado aquel enorme mar y encontrado tierra al otro lado, por lo que no debía de ser imposible seguir su ejemplo y alcanzar por vía marítima el extremo oriental de Asia, tal como Marco Polo lo había hecho por tierra.
Y precisamente influido por la lectura de los relatos de Marco Polo, Colón concibió la idea de llegar a las fabulosas tierras de oriente por mar, puesto que estaba convencido que la Tierra era redonda. Ese fue su propósito pero sin sospechar que entre Europa y las míticas Catay y Cipango (nombre que daban a China y Japón) había un continente ignorado por todos. Este desconocimiento hizo que protagonizase la hazaña individual más importante de la historia de la humanidad, aunque muriera sin tener conciencia de ello.

Hijo de Giovanni Colombo y Susana Fontanarossa, Cristóbal nació en Génova en 1451, aunque hay algunos historiadores que sugieren que el navegante había nacido en Portugal y otros, los menos, lo sitúan en España. Las noticias sobre su juventud son escasas y de dudoso crédito, pues proceden en su mayoría de la Historia del Almirante, escrita por su hijo Hernando mezclando hechos verídicos con episodios fantásticos. Pero lo que parece cierto es que trabajó en el taller de su padre, tejedor de oficio, hasta que se hizo a la mar cuando aún no había cumplido los dieciocho años. Existen documentos de numerosos viajes primerizos de Colón, entre los que destacan uno a Islandia, diversas travesías por el mar Egeo y varias expediciones comerciales a Flandes.

Corría el año 1476, cuando en una de estas travesías, el barco donde viajaba como parte de la tripulación, fue atacado por un navío francés y la nave se fue a pique. El joven fue rescatado por unos pescadores y llevado a Lisboa. Años más tarde, en 1485, Colón se trasladó a España y se presentó en el convento franciscano de La Rábida sin una moneda en el bolsillo ni un pedazo de pan que llevarse a la boca. Aquellos monjes estaban muy vinculados al mundo marinero, de modo que no les fue difícil poner al genovés en contacto con Alonso Pinzón, armador y persona muy estimada en el puerto de Palos y verdadero apasionado por los escubrimientos de tierras nuevas.

Pinzón se entusiasmó inmediatamente con el proyecto de Colón y le llevó ante el duque de Medinaceli, quien le dio dinero y una elogiosa carta de presentación para los Reyes Católicos. Provisto de la valiosa recomendación, en enero de 1486 consiguió ser recibido por los monarcas españoles. Durante la audiencia, Fernando se mostró frío y evasivo, pero no así Isabel, quien juzgó conveniente someter los planes de Colón a una comisión de peritos.

En principio, la junta de técnicos fue contraria a sus planes por considerarlos erróneos, ilusos y peligrosos, por lo que los reyes dieron a conocer esta resolución al interesado en Málaga, aunque le prometieron volver a tratar el asunto cuando finalizase la guerra de Granada contra los musulmanes. Una vez concluía ésta, Colón logró una nueva audiencia con los soberanos, pero exigió demasiado, por lo que el rey Fernando se
enfadó y puso fin a la entrevista; Colón, resignado a continuar su peregrinación, emprendió un viaje hacia Francia. Llevaba dos horas de camino cuando fue alcanzado por un emisario: un judío converso, el tesorero del reino Luis Santángel, había hecho triunfar su causa y convencido a la reina Isabel, ofreciéndose a adelantar el dinero necesario para la expedición… Por fin, el sueño de Colón iba a hacerse realidad.

El 3 de agosto de 1492, comandando dos carabelas, la Pinta y la Niña, y una nao, la Santa María, partieron del puerto de Palos, con una tripulación de 87 hombres, incluyendo tres médicos, un despensero, un intérprete y un representante de la reina que llevaba la cuenta del oro y de las piedras preciosas  que había a bordo. Durante la travesía, una vez al día, en un pequeño horno instalado en el centro del barco, se guisaba una comida caliente con gran provisión de ajo. El tiempo lo iban marcando relojes darena de media hora, a los que daban vuelta los grumetes.

Aunque eran impulsados por los vientos favorables del Este, hubo que racionar las provisiones pues escaseaban y se empezaban a escuchar voces motín a bordo. Pero afortunadamente para Colón, a los treinta y tres días de su partida, los tres barcos arribaron el 12 de octubre de 1492 a la isla de Guanahani, bautizaba por Colón como San Salvador (hoy, isla de Watling, en las Bahamas), después de que el marinero Juan Rodríguez Bermejo, conocido como Rodrigo de Triana, diese el famoso grito de “¡Tierra a la vista!”.

Cristóbal Colón, descendió a tierra con el notario real, el capellán y los oficiales; luego se arrodilló, dio gracias a Dios y con gran pompa tomó posesión de la isla en nombre de los Reyes Católicos, mientras grupos dispersos de indígenas, desnudos y aparentemente inofensivos, contemplaban con curiosidad a los recién llegados. Días más tarde Colón escribiría en su bitácora: “Son tan ingenuos y tan generosos con lo que tienen que nadie lo creería de no haberlo visto. Si alguien quiere algo de lo que poseen, nunca dicen que no; al contrario, invitan a compartirlo y demuestran tanto cariño como si toda su alma fuera en ello…”

Ante ellos, el asombro de los navegantes fue considerable, pues hablaban un idioma completamente desconocido y pertenecían a una raza que no se parecía a ninguna de las descritas en los libros de los exploradores y antiguos cronistas, pero a nadie se le ocurrió pensar, por supuesto, que aquellas tierras no pertenecían a Asia, sino a un nuevo continente que por una serie de azarosas circunstancias darían el
nombre de América, en honor al navegante italiano Americo Vespucio, quien al explorarlas, fue en realidad el primer europeo en comprender que aquellas lejanas tierras no eran parte de Asia, sino de un continente desconocido hasta entonces.

UN TRISTE FINAL

Colón realizó cuatro viajes al nuevo continente, el último,
en mayo de 1502, exploró lo que hoy es Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Jamaica, donde a consecuencia de un huracán sus naves quedaron inmovilizadas durante un año. Cuando llegaron socorros desde Santo Domingo, los náufragos españoles se hallaban extenuados y el almirante padecía fuertes dolores producidos por la artritis.

Hacía poco que había cumplido los cincuenta años, pero aparentaba muchos más. Tenía el cabello blanco, pesadas arrugas que le surcaban el rostro y unas profundas ojeras en torno a los ojos. Su regreso definitivo a España se produjo en noviembre de 1504. En cuanto su nave echó anclas, pidió una audiencia con el rey Fernando, que le recibió en Segovia. Isabel había muerto y su esposo escuchó de mala gana las reclamaciones del descubridor, quien suplicaba le fuesen restituidos sus antiguos privilegios.

El 20 de mayo de 1506 la muerte puso fin a sus desvelos. Exhaló su último suspiro pensando que había llegado a las Indias Orientales y que el palacio del Gran Khan de Catay estaba en algún lugar de lo que hoy es Costa Rica…. murió sin saber que era el descubridor de un nuevo continente y sin imaginar que con su hallazgo concluía la Edad Media y daba comienzo una nueva era…

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