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El Negrito de la Suerte

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Este simpático personaje, dicen, llegó al Distrito Federal de su natal Veracruz, en la década de los 60’s. Ismael era un negrito de alrededor de 40 años que vendía billetes de la Lotería Nacional,

  Este simpático personaje, dicen, llegó al Distrito Federal de su natal Veracruz, en la década de los 60’s. Ismael era un negrito de alrededor de 40 años que vendía billetes de la Lotería Nacional, vestía impecablemente siempre llevando traje, sombrero y polainas blancas. Como buen ‘jarocho’ era dicharachero y según afirman, los billetes que él vendía ‘tenían la suerte de su lado’ y seguido éstos resultaban ser ganadores del ‘premio mayor’.

  Tantos premios había dado a sus clientes, que pronto se hizo famoso y recibió el apodo de El Negrito de la Suerte, al grado, aseguran, que las puertas de las oficinas de algunos funcionarios públicos de alta jerarquía estaban siempre abiertas para él, una de ellas, la del entonces regente de la ciudad de México, Ernesto P. Uruchurto. Platican que mientras personalidades tenían que hacer antesala en espera de entrevistarse con el regente, Ismael entraba de inmediato a vender sus billetes.

  Ismael tenía sus ‘abonados’, personas que compraban siempre el mismo número de billete, y si no se podían ver antes del día del sorteo, resultaran o no ganadores esos billetes, se los pagaban sin chistar. Algunas veces inclusive, El Negrito de la Suerte llevó en sus manos billetes premiados hasta entregarlos a sus felices compradores, quienes una vez que cobraban su premio, le daban las ‘albricias’ (propinas) correspondientes.

  Cuentan que en una ocasión, uno de sus clientes -un funcionario del gobierno- le dijo que no le llevara billetes en las siguientes dos semanas porque tenía que viajar en una comisión, y como no podía perder su tiempo, cuando regresara volvería a comprarle billetes. Entonces, El Negrito dejó suelto el billete no adquirido y lo puso a la venta, siendo los empleados de aquel funcionario quienes lo compraron. Y cuando aquel hombre regresó al Distrito Federal, se enteró que algunos de sus empleados habían ‘renunciado a sus trabajos’ porque fueron ganadores del premio mayor.

  Y en otra ocasión, que fue definitiva para Ismael, el habitual comprador de un billete falleció súbitamente y aquel billete ‘se le quedó’, entonces ya no pudo venderlo ni regresarlo a la agencia. Tal vez le pesaría a Ismael tener que pagar el dinero de ese ‘entero’ (veinte billetes) pero lo más seguro es que su felicidad se haya desbordado cuando al llegar al edificio de la Lotería Nacional, ya habiendo iniciado el sorteo, se enteró que el ‘billete quedado’ era el ganador del ‘premio mayor’. Pues sí, El Negrito de la Suerte se volvió millonario, sin embargo, siguió vendiendo billetes hasta el día de su muerte.

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