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Incesante goteo… Cloc cloc..

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Esta historia empezó a mediados de los años 60 en las afueras de Valencia en un pueblo llamado La Eliana, cercano a Valencia, España. En ese lugar, como en tantos otros la gente vivía principalmente d

Esta historia empezó a mediados de los años 60 en las afueras de Valencia en un pueblo llamado La Eliana, cercano a Valencia, España. En ese lugar, como en tantos otros la gente vivía principalmente de la agricultura y en especial de los cítricos. Era un pueblo pequeño en el que como máximo habría unos mil quinientos habitantes y todos se concentraban en las pocas calles que rodeaban a la plaza del pueblo, todos salvo la familia González que residían en las afueras, en una gran mansión que antiguamente perteneció a los Duques de Flores. Era una casa preciosa, en apariencia todo funcionaba bien, ya que los González mantenían una relación muy cordial con sus vecinos del pueblo.

Una noche la pareja de esposos se tuvo que marchar a una cena donde eran los invitados especiales. La joven niñera se dispuso a dar de cenar a los niños y acostarlos. Los dos más pequeños no tardaron mucho en dormirse pero las dos mayorcitas, la preciosa Nancy y su hermana Sandra le pidieron a la joven que les contara un cuento para poder dormir, y claro las niñas no tardaron en caer rendidas en los brazos de Morfeo. Eran casi las diez de la noche cuando decidió ir a comer algo a la cocina, la gran mansión se encontraba en medio de un silencio sepulcral, tanto que veces se le enchinaba la piel y un pequeño escalofrío le recorría toda la espina dorsal, de los pies a la cabeza. Pasaron las horas y la chica se quedó dormida en el sofá. Sobresaltada se despertó, pues el teléfono empezó a sonar de forma incesante, -ring, ring…- no paraba de sonar en ese momento ella no sabía exactamente donde se encontraba tardó unos segundos en darse cuenta que estaba en la mansión de los González.

Se levantó rápidamente del sofá y cogió el teléfono que estaba en la mesilla cerca de la lámpara. Descolgó el auricular pero al otro lado de la línea no se escuchaba a nadie; ella preguntó varias veces “buenas noches casa de los González ¿hay alguien ahí?”, Pero nadie contestó…, transcurridos unos segundos colgó el teléfono y se quedó mirándolo durante unos instantes, luego sin darle más importancia se fue a recoger los platos y cuando se disponía a limpiarlos volvió a escuchar el timbre del teléfono, -ring, ring…- de nuevo salió corriendo hacia el comedor y sofocada cogió el teléfono. Tampoco esta vez escuchó nada al otro lado… salvo un tenue cloc!, cloc!, … ruido al que ahora sí le prestó atención.

Sari, que era el nombre de la niñera, pensó que sería un fallo de la central telefónica. Pero no había dado dos pasos cuando de nuevo sonó el teléfono, rápidamente lo volvió a coger y de nuevo preguntó si había alguien…, al otro lado de la línea pero nadie contestó, aunque esta vez escuchó con demasiada claridad el -cloc!, cloc!…- era como si algo estuviera goteando. Sari volvió a preguntar ¿buenas noches hay alguien? Pero nadie contestó. La muchacha comenzaba a estar algo preocupada y decidió llamar a la policía del pueblo para comunicarles lo sucedido, descolgó de nuevo el teléfono y cuando se acerco el auricular a la oreja volvió a escuchar cloc!, cloc!…- Atónita tiró el auricular al suelo con rabia y le gritó de forma histérica al teléfono -¿quién es?, ¿qué diablos quiere? Pero el teléfono sólo contestaba -cloc!, cloc!…- De nuevo lo volvió a colgar entre sollozos, pero una vez más éste volvió a sonar, la muchacha aterrada ya no se atrevió a descolgarlo y decidió agarrar a los niños e irse con ellos al pueblo en busca de sus padres. Subió corriendo la escalera que llevaba al cuarto de los más pequeños mientras por toda la casa sonaba -ring, ring…-

Abrió la habitación de los niños pero ellos no estaban allí, asustada abrió la habitación contigua donde dormían Nancy y Sandra, pero ellas tampoco se encontraban. El pánico se apoderó de ella y comenzó a gritar enloquecida pidiendo que parase el incesante timbre del teléfono. Corrió por toda la casa buscando a los niños, buscando en cada una de las estancias mientras en su cabeza no paraba de escucharse un tétrico y a la vez incesante -cloc, cloc…- Una por una recorrió todas las habitaciones y los niños no aparecían por ninguna parte, sólo le quedaba mirar en el ala oeste del caserón destinado al personal de la casa, cogió una llave maestra para entrar en los aposentos privados de los trabajadores pero en ellos no encontró nada, luego fue al cuarto de baño del servicio y empujando bruscamente la puerta,,,, allí estaban!!! Sus ojos desorbitados no podían creerse la escena que tenían delante.

Atónita contempló cómo las cuatro criaturas estaban dentro de la bañera vacía, apilados unos sobre otros, habían sido degollados y metidos allí. La cabeza de la pequeña Nancy sobresalía de la bañera y de su cuello emenaba un hilo de sangre que recorría el borde de la bañera y caía sobre el auricular del teléfono descolgado produciendo un incesante goteo -cloc, cloc…- Nunca se encontró culpable alguno. Pero después de aquello la pobre Sari fue internada en un sanatorio psiquiátrico, durante varios años hasta que pudo estabilizarse y fue dada de alta… Pero tres días después, terminó con su vida arrojándose desde un octavo piso. Se cuenta que ella platicaba que por las noches, cuando dormía no dejaba de escuchar las gotas de sangre que caían sobre el teléfono. …. Verdad o un cuento más de la gente?… No se sabe, pero lo que es cierto, es que desde entonces la elegante casona esta deshabitada pues la familia González se mudó a la ciudad de Valencia, pero la trágica historia causa terror, por eso nadie quiso habitarla… ni  mucho menos comprarla!

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