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La Cicatriz

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Lih Yuh Kuo  

Se cuenta la historia de un niño que invitó a su madre a asistir a la primera conferencia para maestros y padres de su escuela primaria.

  En su fuero interno aquel chiquillo esperaba que ella se negara ir, argumentando cualquier pretexto, pero para su desconsuelo, su madre, encantada aceptó ir.

 Aquella sería la primera vez que sus compañeritos de clase, sus papás y su maestra verían a su madre y eso le preocupaba, porque la verdad era que él se avergonzaba de la apariencia de ella. Aunque era una mujer hermosa, tenía una severa cicatriz que le cubría casi por completo el lado derecho de la cara. El niño siempre había evitado preguntar por qué o cómo, ella se había hecho aquella cicatriz.

  En la conferencia, la gente se quedó impresionada por la bondad y la hermosura natural de aquella mujer, a pesar de la cicatriz; pero el niño no lo entendía así y pensaba que sólo era lástima lo que le tenían a su madre, por eso seguía avergonzado y se escondía de los demás. Pero por esas cosas que suceden en la vida, y mientras el chiquillo se escabullía detrás de unos anaqueles, alcanzó a oír las voces de su mamá y la maestra, quienes tenían esta conversación.

  -¿Cómo se hizo esa cicatriz en el rostro? – preguntó la maestra.
  -Cuando mi hijo era todavía un bebé -respondió la madre-, estaba en una habitación que se incendió. A todos les dio miedo entrar porque el fuego estaba fuera de control, así que yo entré. Al correr hacia su cuna, vi que caía una viga y me coloqué sobre el bebé para tratar de protegerlo. Un fuerte golpe me dejó inconsciente, pero por fortuna, un bombero entró y nos salvó a los dos -y mientras la señora se tocaba el lado quemado del rostro, siguió comentando-. Esta cicatriz será de por vida, pero no me he arrepentido ni me arrepentiré ¡nunca! de haber hecho lo que hice.

  En este momento, el pequeño salió de su escondite y fue corriendo hacia su madre y con lágrimas de emoción en los ojos, ¡la abrazó… y beso muchas veces aquella cara con cicatriz!

 El niño se sentía agradecido, pero también sobrecogido por el sacrificio que su madre había hecho por él…
 ¡Durante el resto del día no le soltó la mano!!  

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