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La Columna del Lic. Vidriera 19-2013

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Por: Mario Soto Centeno

….como te iba diciendo hace dos semanas, debido a mis “éxitos” en el mundo de los negocios un día tuve que dejar los libros en paz y buscar trabajo. Con tan mala suerte que pronto lo encontré y allá me fui al trabajo.

   A los pocos días de estar en el nuevo trabajo me dijeron que me iban a dar un cubículo, en cuanto se desocupara alguno… “Ojalá lo limpien bien” pensé yo, digo, porque lo normal es que quede sucio un cubículo después de usarse y me dijeron que por lo pronto estaba ocupado.

   Lo que no entendía muy bien era lo que sería la función del cubículo, porque según recuerdo de mis años de latines, cubículum, por todas la raíces, tronco, ramas y hojas, significa dormitorio, y como vi que algunos compañeros parecía que ese uso le daban, en cuanto me dieron un cubículo, intenté dormir, pero a las primeras pestañadas, llegaba el supervisor a darme trabajo; con los meses aprendí el truco de algunos compañeros de dormir con la vista fija en el monitor de la computadora y sin cabecear, así ni el supervisor me molesta. Peligro de caerse no hay porque los cubículos son tan pequeños y confusos… ¡Ah, ahora entiendo el porqué del nombre de estos cuchitriles!… digo que son tan pequeños, que en cuanto me dieron mi cubículo lo primero que pensé fue en poner allí mi diploma de Licenciado en Filosofía, pero el día que lo llevé, me di cuenta que era el diploma o era yo, ¡no cabíamos los dos en el reducido espacio! Después llevé una copia, pero no impresionó tanto como el original, alguien me preguntó que si la había hecho en fotochap y la tiré a la basura, algún ratón que se parezca a mí lo ha de tener colgado en su cabaña y ha de ser admirado y respetado más que yo… y todo porque no pude meter mi diploma en el cubículo.

  Yo creo que fue un error ese invento, a muchos nos pasó a perjudicar. Se ahorro espacio, se perdió en producción… por más que digan. Hay muchas distracciones al alcance de la mano y al alcance del oído, sobre todo al alcance del oído.

Una oficina privada sí podría ser un verdadero cubículo-dormitorio, pero con los modernos cubículos se acabó la privacidad, nos volvimos vecindad con todos los ruidos y chismes…

   Los relajientos y flojos encuentran bastante atractiva “la vecindad” de los cubículos.   Pero si tu trabajo requiere concentración y estás rodeado de cubículos que no la requieran, ya estuvo que vas a renegar, pero no te alebrestes como yo, yo me atengo a  que estoy viejo y cuando mucho me pueden quebrar los lentes, si me quiebran los dientes demando a mi dentista porque me dijo que mis placas eran “inquebrantables”. También puede suceder que tomes tu trabajo más en serio de lo que debes. Mira, Lo que pasa con los cubículos es lo mismo que pasa en todos los aspectos de la vida: Todos creemos que merecemos un mejor cubículo que el que nos dan. Todos creemos que nuestro trabajo es muy importante, que somos los más importantes en la empresa, todos creemos que el mundo no funcionaría bien sin nosotros… Con decirte que hubo un tiempo en que yo creía que era el único ser inteligente en el mundo, ¡que equivocado estaba! Un día con tristeza descubrí que somos dos: el gorrión y yo…

   Ten en cuenta que si tus supervisores y tus compañeros no respetan tu trabajo, que te hacen ruido y te hacen plática y te interrumpen, es que tu trabajo no es tan respetable; que si ellos no le dan mucha importancia a tu trabajo es que no es tan importante…Que si no lo ven con seriedad es que no es serio…..Deja de preocuparte y únete al carnaval.

  Cuando empecé a vivir en un cubículo me preocupaba, me molestaban los que se salen de su cubículo a contar a todo el mundo lo que hacen, y exageran y vociferan, ya sabemos que el que mucho habla poco hace y que los líderes siempre son los sobrios y callados. Me molestaban los habladores y hasta empecé a poner letreros en las paredes del cubículo, pero apenas los ponía, cuando desaparecían. “PELIGRO” esta es zona de trabajo y el trabajo pude ser contagioso”, “No traigas desorden a esta zona, porque el desorden contagia más que el trabajo”,  “ATENCIÓN. Si ves que a algún compañero le está saliendo humo del cerebro, la mejor forma de ayudarlo es guardando silencio y retirándote”  “A los visitantes les decimos lo que le dijo Vicente Fox a Fidel Castro: “Arreglen su asunto (sin mucho ruido) y se van”. Pero, como te digo, desaparecen los letreros, se los vuelan, no funcionan, y a fin de cuentas, al pasar el tiempo te adaptas, o te adaptan…

   Cuando llegas a un trabajo vas a encontrar, como es natural, que los mejores cubículos ya tienen dueño. Necesitas mucha suerte o muchas influencia para que te toque uno bien situado; si acaso te dan a escoger no se te ocurra ponerte cerca del baño, aparte de que te pueden llegar olores de pinol y de frijol, casi siempre hay gente esperando, y si mucho esperan a veces abren la válvula de escape para que no explote el tanque y no sólo tienes que sufrir con paciencia las flaquezas del prójimo sino que también sus gorduras y sobrantes.  Tampoco escojas un cubículo cerca de los bebederos de agua, porque es el lugar donde se junta la gente a platicar, igual que en los pozos del  rancho, y oirás muchas cosas que no debes de oír y otras veces no podrás oír cosas que quisieras, porque alguno hablan en voz baja y tienes que aguzar mucho el oído y eso es cansado… Como mi cubículo es de paredes altas, cosa que no te recomiendo porque no te ven y hacen más ruido, ya voy a voltear la silla y lo convertiré en confesionario…  

Salud y saludos y hasta la próxima….

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