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La Depresión puede destruir tu vida. Y el amor… Salvarla!

Mónica Ferguson
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Queridos Lectores…
La semana pasada vino a mi consulta, una muy querida señora y fue para mi bien que me contara un poco de su vida.  Digo para mi bien porque cada una de las personas que vienen a mi consulta tienen una historia qué contar, y cada una me aporta una invaluable enseñanza que puedo compartir con todos ustedes en mi columna Necesito un Cambio.
Ella vino a Sculptor movida por el deseo de verse más joven y bella. Al verla, sentí una gran empatía ya que sus ojos irradiaban alegría y su rostro bondad.
Le pregunté, como siempre hago, por qué razón había venido y le di paso a sus palabras, no sin antes mencionarle que me encantaba su energía positiva. Ella me dijo – “hasta no hace mucho tiempo yo era diferente. Estaba sumida en una profunda tristeza, y lloré tanto que pensé que mis ojos jamás volverían a ser los mismos”. Y así empezó a relatarme sobre la depresión que sufrió a causa de la pérdida de un ser querido. No porque hubiera fallecido, no solamente cuando alguien muere es cuando lo pierdes. Sino por el caso más común de todos: Cuando alguien que amas mucho se aparta de tu vida, dejándote con el corazón roto y el alma vacía.
Fue así que ella, al sentirse abandonada se hundió en una profunda depresión. Como suele pasar, la depresión es tan funesta que hasta podemos morir en vida. Ella no sentía ganas de nada, ni de comer, ni de arreglarse, ni de levantarse de la cama. Se sentía enferma y compungida, porque la depresión se materializa en el cuerpo y nos debilita desde adentro. Así duró varios meses en los cuales no encontraba una luz al final de ese hueco obscuro en que cayó.
Hasta que un día Dios le mostró el camino por medio del dolor de otros. La señora se dio cuenta que al otro lado de la frontera hay cientos de personas muy pobres, que día a día luchan por sobrevivir. Son familias enteras que están sufriendo y fue entonces cuando una fuerza superior a ella misma la empujó a salir en busca de estas personas y de proporcionar la ayuda que ella humildemente pudiera brindar. Desde ese momento su vida recobró sentido. El ayudar a los demás llenó su alma de un poder que solamente puede venir de Dios. Ella ha continuado con su labor de ayuda hasta la fecha y ahora es una mujer, positiva, fuerte y con una profunda devoción y agradecimiento por la vida.
Por esta razón vino buscando mejorar su apariencia física, para realzar su belleza exterior, ya que la belleza interior ya la posee, y en abundancia.
Esta historia que me pareció digna de ser contada me dejó dos enseñanzas.
Primero, que jamás debemos dejarnos caer en la depresión. Debemos luchar con todas nuestras fuerzas y aferrarnos a las bendiciones que Dios nos ha dado, que seguramente son muchas.
Segundo, hay una palabra que encierra la solución a todos nuestros problemas y que es la cura de esa espantosa enfermedad llamada depresión. Esa palabra es Amor. No Hay nada que el amor no pueda solucionar, arreglar, salvar o curar. La señora de esta historia transformó su vida gracias al amor que puso en su labor de ayudar al prójimo y eso le dio una nueva vida y una nueva oportunidad de ser feliz. Así mismo está que el amor propio debe ser el soporte de una vida plena y el camino para amar a los demás.
Amigo lector, si estás pasando por una situación difícil, mira a tu alrededor, observa cuánta gente está mucho peor que tú y que puede estar urgida de tu ayuda.  Por favor, no te niegues a la oportunidad de ayudar.
Hay muchas formas de hacerlo, por medio de tu apoyo, tiempo, dinero, obras, colaboración o la más simple de todas, escuchando con atención a quien lo necesita.
Bendiciones, Paz, Amor!!
 

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