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LA IMPRENTA ADQUIERE VELOCIDAD

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DE LA PRENSA DE GUTENBERG A LA ROTATIVA

   La primera prensa diseñada por Johannes Gutenberg (1398-1468) y utilizada para imprimir, era un aparato sencillo. Constaba de un bastidor de madera y de dos planchas planas y horizontales. La inferior era de nivel fijo y la superior, móvil y provista de un tornillo con palanca para hacerla bajar y subir a voluntad. La composición de tipos y grabados era depositada en la platina inferior. 

    Para su entintado se utilizaban unas almohadillas de piel, rellenas de crin y que remataban en un mango, llamadas “balas”. La tinta era preparada sobre una plancha de mármol, en la cual se untaban también las balas. Enseguida, la composición era restregada con ellas. Sobre la forma tipográfica así entintada se deposita una hoja de papel y luego se accionaba el tornillo, haciéndose descender la plancha superior. Esta oprimía el papel contra la forma, produciéndose la impresión.

 Con pequeñas modificaciones y mejoras, esta manera de imprimir se mantuvo nada menos que durante más de tres siglos. Sólo hacia 1800 hizo su aparición la primera prensa construida en hierro, y hasta mediados del siglo XIX, la mayoría de ellas siguió siendo accionada a mano, aunque en 1814 fue instalada en los talleres de “The Times” de Londres una prensa a vapor, pero, al parecer, no dio gran resultado.

     La primera gran mejora que experimentó la imprenta fue la prensa a pedal, que al ser accionada con los pies dejaba libres las manos de los operarios. Pero su más notable adelanto lo constituyó, sin embargo, la prensa de cilindro. Hasta entonces, toda prensa constaba de dos superficies planas: una para los tipos, otra para el papel. 

   El nuevo invento modificó esta disposición: el tipo seguía asegurado sobre una superficie plana, pero el papel era llevado por un cilindro que rodaba sobre el plano de la forma entintada. Gracias al cilindro, las prensas pudieron construirse más y más grandes, multiplicando la producción. 

   Posteriormente el paso decisivo para aumentar la velocidad de la impresión lo constituyó el invento de la prensa rotativa en 1846, debida al norteamericano  Richard  M.  Hoe.  Las  gigantescas  rotativas  se  convirtieron  en  instrumento fundamental del periodismo moderno, alcanzándose con ellas tirajes fabulosos que ni siquiera se pudieron soñar con las prensas tradicionales.         

 

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