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La liberación del tatuaje que marca a las esclavas sexuales

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Pulso USA
Jesús Del Toro

Jennifer Kenton reconforta a una mujer que escapó de la esclavitud sexual

Para las mujeres, muchas de ellas menores de edad, que sufren la grave lacra de la esclavitud sexual, además de la violencia, el abuso, la violación y la reclusión que eso implica existe un elemento ominoso que, cada día, les recuerda su condición y a quién le deben sumisión y obediencia…

Forzadas a practicar la prostitución para beneficio económico de individuos y grupos dedicados a la trata de seres humanos, muchas tienen en su piel la marca de su ‘chulo’, su ‘patrón’: un tatuaje que, como al ganado, les fue impuesto para mostrar a quién le pertenecen. Un signo de que, más que un ser humano, la mujer tatuada es una cosa, un objeto al servicio del ‘jefe’.

Esa marca, además de inhumana y dolosa, es para las mujeres sometidas a la esclavitud sexual un estigma que las persigue, incluso cuando logran sacudirse del yugo de la prostitucíón y rehacen su vida.

Según relatos recogidos por la cadena CNN, esos tatuajes son frecuentes entre las víctimas de trata sexual. Por ejemplo, el caso de Adriana: ella tiene en su pecho un tatuaje que llama “su herida de guerra. Lo obtuve cuando tenía 14 años, y él era uno de mis chulos”. Ella tiene el nombre del sujeto tatuado en su pecho. Ese tipo de marcas, de acuerdo a oficiales de policía entrevistados por CNN, le indican a otros chulos a quién “pertenece” la mujer.

Una circunstancia dramática e inquietante es que, al principio, muchas de las mujeres no ven esa marca como algo negativo. La propia Adriana contó a la televisora que al principio ella estaba “orgullosa de tenerlo”. Le parecía una suerte de promesa de que el sujeto nunca la dejaría, que la protegería.

Pero tarde o temprano esa percepción cambia, bajo el peso del abuso y la esclavitud sexual y de caer en cuenta de que, en realidad, esa marca las convirtió en un objeto, aunque muchas de ellas, como la propia Adriana, a veces prefieran suponer que todo fue por su propia elección.

Y decidir dejar todo eso es difícil. Pero algunas lo logran y es allí cuando Jennifer Kempton y la organización Survivor’s Ink entran en acción.

Kempton, narró también la cadena CNN, fue víctima de esclavitud sexual, de violación, de adicción a drogas y muchos otros abusos. Y en su cuello le fue colocada la marca de su ‘chulo’, como identificador de a quién le pertenecía. Un día, tras ser violada como nunca ella decidió que ya no podía más y trató de suicidarse. Pero la cuerda con la que intentó ahorcarse se rompió y eso le abrió la posibilidad de empezar de nuevo. Decidió dejarlo todo, encontró fuerza en su fe cristiana, comenzó su rehabilitación para salir de las drogas y, cuando logró reunir el suficiente dinero, pudo cubrir el tatuaje de su chulo con un nuevo símbolo, en el que destaca la palabra “Love” (amor) y se cita un versículo de la Biblia.

Su fe y su perseverancia le permitieron salir de la esclavitud sexual y emprender una nueva vida, al grado de que decidió crear la organización Survivor’s Ink, que ayuda a mujeres que han sobrevivido y escapado de la trata a rehacer su vida y, en lo muy específico, a cubrir el ominoso tatuaje que las había convertido en objeto.

Desde septiembre de 2014, Survivor’s Ink, indica CNN, ha ayudado a muchas mujeres a sacudirse su pasado y en ello la liberación psicológica del tatuaje en su piel es crucial. Lo hace asumiendo el costo de cubrir o rehacer el tatuaje pero, también, con apoyo moral y motivación que son muy necesarias.

El periódico The Guardian realizó un reportaje  con notable apoyo visual sobre Survivor’s Ink en 2014 y sus imágenes dan testimonio de la intensidad y significado de sus servicios.
Y además del firme apoyo y ejemplo de Kempton, artistas del tatuaje donan sus servicios a Survivor’s Ink, lo que es complejo, pues es necesario llegar a un diseño que esté en sintonía con la mujer, algo de lo que ella pueda estar orgullosa, que le refuerce su nueva condición libre.

En el sitio web de Survivor’s Ink se pueden leer testimonios de mujeres que dieron el gran paso. “Me tomó mucho tiempo tomar la decisión de cubrir mi tatuaje, pero cuando lo hice sentí como que rompía una cadena. No soy más la propiedad de nadie”, contó Erica. “Le di todo a él y él sólo me usó. Ahora me he liberado a mí misma de ese yugo para siempre. Toda la experiencia ha sido tan intensa… nunca pensé qué significaría tanto ver al tatuaje eliminado. Es una bendición”, narró Christina.

La transición, así, no es sido fácil, pero para quienes la han cumplido ha valido la pena. Para esas mujeres, sus tatuajes han dejado de ser la marca de la esclavitud para convertirse en símbolo de su renacer y de su libertad.

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