La nueva y muy costosa bomba atómica que prepara Estados Unidos

Pulso USA

Jesús Del Toro

Las fuerzas armadas de Estados Unidos cuentan con una nueva variedad de bomba atómica, aunque oficialmente esa arma se considere solo una actualización a los arsenales ya existentes. Pero sus características, de acuerdo a analistas, implican un posible cambio en el escenario estratégico del armamento nuclear y en las posibilidades de su despliegue táctico, lo que podría tener repercusiones en las relaciones internacionales…

Los bombardeos atómicos contra Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial son los únicos dos casos de uso bélico de armas nucleares. Pero desde entonces los arsenales de esas armas devastadoras han crecido inmensamente en poder, complejidad y versatilidad. Hoy hay ojivas atómicas que pueden ser lanzadas en misiles desde tierra, mar y aire, o como bombas desde aviones, y que tienen diversos grados de capacidad destructiva (aunque en sí todas sean armas letales y capaces de producir, literalmente, un infierno).

Ahora, la revista Mother Jones comenta sobre lo que considera la “bomba nuclear más costosa jamás hecha”, que por añadidura podría desatar una nueva y diferente forma de carrera armamentista.

El nuevo avión caza estadounidense F-35, que estará equipado con bombas atómicas guiadas B61-12. (Wikimedia)

Se trata de la estadounidense B61-12, una bomba de caída libre que incorpora al modelo B61 ya existente dos elementos nuevos y cruciales: un sistema de cola que permite guiar la bomba hacia su objetivo y no simplemente realizar una caída libre no controlada, y una suerte de selector que permite definir el poder explosivo de la bomba entre un máximo de 50,000 toneladas de TNT (más del triple que la bomba de Hiroshima) y un mínimo de tan solo 300 toneladas.

Y como se trata, así, de una bomba atómica ligera y versátil, se prevé que sea llevada a bordo del nuevo caza F-35, la nueva generación de aviones de combate estadounidense. De acuerdo a un boletín de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear, la primera prueba operativa de una B61-12 (sin ojiva nuclear) lanzada desde un avión de combate se realizó ya con éxito en julio pasado en un campo de tiro en Nevada.

Pero de acuerdo a Mother Jones –que se fundamenta en un artículo amplio publicado en Reveal, del Centro de Periodismo de Investigación– el desarrollo y eventual despliegue de la B61-12 tiene varias singularidades problemáticas.

La primera es que, de acuerdo a la postura del gobierno de Barack Obama formulada en 2010, EEUU modificó su doctrina sobre el uso de armas nucleares, reduciendo el número de circunstancias que podrían desatar el uso de arsenales atómicos (por ejemplo, no usar esas armas contra países que han firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear, incluso si éstos atacaran a Estados Unidos con armamento químico o biológico) y se proponía negociar con Rusia para reducir y limitar la cantidad de armas nucleares tácticas de corto alcance, de acuerdo a lo que en su momento publicó la cadena CBS.

Pero la B61-12, indican Mother Jones y Reveal, sería justamente un arma nuclear táctica de corto alcance y el ser de alta precisión y estar montada en aviones de nueva tecnología (los F-35) la convierten en una amenaza/disuasivo diferente e inquietante. Hans Kristensen, de la Federación de Científicos Estadounidenses, dijo a esas publicaciones que si Rusia tuviera la capacidad de colocar bombas ligeras y precisas (como la B61-12) en aviones ‘invisibles’ al radar (como el F-35) la percepción sería que se está reduciendo la magnitud o gravedad de los supuestos bajo los cuales se podría responder con armas nucleares. Pero eso sería justo lo que estaría pasado, se infiere de lo dicho por Kristensen, con la B61-12, una situación que iría en su opinión a contracorriente de la postura nuclear de Obama de 2010 de no producir nuevas armas atómicas y de reducir la cantidad de las versiones tácticas de corto alcance. El despliegue de la B61-12, se teme, podría desatar que Rusia y otras potencias nucleares busquen contar con esquemas similares, lo que implicaría un nuevo episodio de carrera armamentista.
El temor es que por su mayor precisión, su alta portabilidad en un avión furtivo, su capacidad de especificar su poder a escalas menores que otras armas atómicas y, por ende, su ‘menor’ producción de radiación y daños colaterales, la B61-12 resulte más ‘aceptable’ o ‘recomendable’ para ser utilizada en operaciones militares y, por ello, la probabilidad de que el presidente acepte usarlas sería más alto que con los arsenales actuales, según comentaron The Business Insider y Reveal.

Otro detalle es el costo del programa: más de 11,000 millones de dólares por unas 400 B61-12, lo que las coloca, según Reveal, entre las bombas atómicas más costosas. En comparación, por ejemplo, la modernización de 2,000 bombas atómicas W76, desplegadas en submarinos, tenía un costo previsto de 4,000 millones de dólares, unos 2 millones de dólares por bomba, según un artículo publicado en 2013 por la organización Unión de Científicos Preocupados. En comparación, cada B61-12 podría costar hasta 27.5 millones de dólares.

Reveal indica que el programa de modernización del arsenal nuclear estadounidense en marcha tiene un costo proyectado de 348,000 millones de dólares durante la próxima década, una cantidad inmensa cuyo gasto muchos cuestionan por su magnitud, porque podría ser utilizada para otros fines (sobre todo de bienestar social) y porque es un catalizador de otros gastos de otros países en armamento atómico en un nuevo ciclo de armamentismo nuclear.

Pero el programa continúa y hacia él fluyen miles y miles de millones.

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Ruby Limon

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