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Licenciado Vidrera ED. 8 2016

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Por: Mario Soto Centeno

Siento, lamento y me pesa, el no ser lo importante, influyente y poderoso que algunos pocos de mis lectores sospechan. Por lo cual pido, suplico y ruego que me disculpen, perdonen y dispensen por no poder ayudar cuando me piden en sus correos o cartas. 

Hace ya un lustro, (lustro suena a mucho tiempo, pero solo son cinco años), bueno, hace cinco años que dije lo mismo a algunos de mis lectores y la respuesta fue recibir más peticiones. Voy a tratar de explicarme otra vez a ver si queda claro: ni soy dueño… (todavía) de la revista, ni estoy en libertad de escribir sobre lo que me dé la gana y menos de ciertas cosas… Soy un pobre escribano que se gana la vida escribiendo de esto de aquello y de lo de más allá, pero ni soy influyente, ni tengo muchos amigos, (y menos importantes), porque más bien soy retraído, tirando a misántropo. Soy un simple y sencillo  empleado. No más, pero tampoco menos. 

Por otro lado, deberían de comprender que la idea de mis escritos es atacar las raíces, al tronco, no a las ramas; hablar no sólo de las consecuencias y casos particulares, sino del origen y causas de los problemas. 

Claro que es halagador que lleguen correos pidiéndome que les ayudes a enderezar su ciudad, o que les haga llegar sus mensajes a sus “servidores públicos”. Una señora quiere que le ayude a encarrilar a su hijo por el camino de la escritura, otro quiere que le explique algo de sabe qué rayos y radiaciones… Un amigo que compró un órgano y tiró la caja, ahora quiere que le ayude a vender el órgano para comprar la caja… pero la última caja, la de muerto. La última persona que ha pedido mi ayuda es una pobre abuelita indignada porque no ha podido llevar a la justicia al hombre al que descubrió abusando sexualmente a su nietecito, que vendría siendo entenado del violador. Comprendí el enojo, la angustia y el deseo de justicia de la abuelita, pero, como ella, me siento impotente…Los consejos que le podría dar ya se los dieron…  (Como le dije en privado)

Pero, aunque me siento impotente, al mismo tiempo, me siento halagado de que me pidan ayuda, y es que si la gente piensa que el Lic Vidriera es un Fregón………podría ser por algo…..  ¿Qué tal que de veras tenga yo poder de hacer algo? ¿Qué tal que sea el elegido para enderezar el mundo? mmmmmh.

No me podía quedar así nomás. De manera que decidí hacer unos experimentos, pues, para desengañarme…

Yo creo que todos hemos hecho alguna tarugada absurda en la vida. 

Pues sucedió que el otro día andaba solo en la yarda de la casa de mi hijo limpiando unos magueyes, y pensando en eso de que la gente espera “milagros” de mi parte y que a lo mejor sí tengo el poder. En una de esas que no había nadie a la vista, levanté los ojos al cielo y con un gesto de solemnidad aventé la pala al suelo, … pero no pasó nada. Nada sucedió.

Por allá de niño oí pláticas bíblicas de uno que aventaba un bastón al suelo y se le convertía en serpiente y que asustó al faraón de Egipto.

Con cuidado recogí la pala, no fuera a ser que… nada. La volví a aventar… y nada.  

Pero si la gente me tiene confianza,  a lo mejor puedo ser el guía.

Esa misma tarde le di un “aventón” a un amigo allá para la Playa redonda, (esa que le dicen Redondo Beach). Lo dejé en su casa y le seguí ya solo a ver de cerca el mar antes de regresar. Yo sé que no fue un pensamiento inconsciente sino uno inconsistente el que me llevó hasta la playa, porque luego se me ocurrió hacer el experimento: recogí una vara de la playa y levanté los brazos lo más alto que pude, como había visto a Charlton Heston en una película, y quise partir el mar en dos. Esperé unos segundos y luego vi, así de lado con un ojo medio cerrado para no sorprenderme mucho en caso de que… pero nada: el fregao mar no se partió. Lo intenté otras dos veces y nada. A la tercera vez me alcanzó a ver un tipo que venía corriendo por la playa y, muy disimulado y silbando, aparenté que andaba espantando gaviotas y me regresé… me regresé a South Gate pensando que a lo mejor me falló porque el mar no estaba rojo. Voy a regresar una tarde de esas en que el mar se ve medio josco, medio cobrizo y, si logro hacer que se parta el mar en dos, yo les aviso para que entonces sí me manden sus peticiones con la confianza de que les ayudaré; de que arreglaremos no sólo la ciudad de Bell, sino también las calles de South Gate y otras ciudades: Los servidores públicos… servirán y el pueblo les dictará su salario: los policías van a tener tiempo para detener maleantes, porque ya no tendrán que dar tantas infracciones a la gente que trabaja para pagar los altos sueldos de los que no trabajan… arreglaremos  el mundo. 

Mientras tanto, sigan escribiéndome, pero comprendan soy un simple trabajador, que escribe y nada más, y que si no soy capaz de conseguir un aumento… ni siquiera un escritorio más grande, ¿qué fregaso ando queriendo componer el mundo?…. Pero no me doy por vencido, aquí sigo practicando aventando este lápiz en el escritorio a ver si se convierte en lombriz…por algo se empieza… 

Y no piensen que se olvidó que dejamos pendiente el tema de los ciegos que no quieren ver… la próxima semana, sin falta, continuamos…. 

 

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