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Lucha estudiantil contra el racismo hace caer al presidente de la Universidad de Missouri

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Pulso USA 

Jesús Del Toro  

Un intenso clamor ha sacudido la Universidad de Missouri, donde estudiantes realizaron protestas, paros y huelgas de hambre durante más de una semana para denunciar que en esa institución académica existe, a su juicio, un clima de exclusión, presión y racismo en contra de los estudiantes de minorías…

 

Desde, al menos, el pasado mes de octubre, según relata el periódico Columbia Daily Tribune, estudiantes del grupo Concerned Students 1950 (Estudiantes preocupados 1950, en donde la fecha hace alusión al año cuando el primer estudiante afroamericano fue admitido en la universidad) iniciaron protestas y exigieron la renuncia del presidente de la Universidad de Missouri, Tim Wolfe.

La queja de los estudiantes, que han recibido apoyo de profesores y entrenadores de esa misma universidad, se enfoca en la forma en que la administración de esa institución ha manejado una serie de incidentes de racismo en el campus, entre ellos afirmaciones ofensivas y de tipo racista hechas contra estudiantes afroamericanos e incluso la aparición de una suástica (la cruz usada por los Nazis) dibujada con heces humanas en un edificio universitario, de acuerdo a The Atlantic. Pese a su gravedad, esos ejemplos serían solo la punta del iceberg  pero, a juicio de los estudiantes en protesta, las autoridades universitarias no habrían reaccionado ante esos incidentes del modo necesario para prevenir mayor exacerbación de las tensiones raciales.

Estudiantes difundieron, además, mensajes racistas que se difunden en redes sociales en torno a lo que sucede en la universidad, para mostrar el clima de hostigamiento y presión que se vive allí contra las minorías.

Ante ello, el pasado 2 de noviembre el alumno Jonathan Butler se declaró en huelga de hambre y dijo que se mantendría sin comer hasta que Wolfe renunciara a su cargo. Butler dijo en una carta difundida por el periódico The Columbia Missourian que su acción es el resultado de la inacción de Wolfe ante la oleada de “incidentes racistas, sexistas y homófobos que han quebrantado dinámicamente la experiencia educativa en la Universidad de Missouri”. Los manifestantes consideran que Wolfe tenía la capacidad para intervenir y reducir esas tensiones y agravios, pero no lo hizo.

Mientras tanto las protestas crecieron e involucraron a más grupos universitarios. Por ejemplo, unos 30 jugadores del equipo de futbol americano de la Universidad de Missouri dijeron que no participarían en partidos, y algunos de ellos se sumaron a la huelga de hambre de Butler, mientras Wolfe permaneciera al frente de la institución, de acuerdo al periódico Chicago Tribune y un grupo de profesores llamó este mismo lunes a suspender clases y participar en una manifestación en apoyo a los estudiantes que luchan contra el clima de racismo, indicó la cadena Fox News, que añadió que como muestra de esa grave tensión figura la aparición de dos camionetas ondeando la bandera confederada en el lugar donde unos 150 estudiantes protestaban el pasado domingo, lo que se consideró como una forma de intimidación.

Y la presión no fue solo cívica, la suspensión de actividades del equipo de futbol americano implicaba  para la Universidad de Missouri la posibilidad de incurrir en al menos $1 millón en pérdidas por incumplir el juego del próximo sábado. Y el daño económico podría ser mayor. Además, el senador estatal Kurt Schaefer se sumó a la crítica al afirmar, de acuerdo al Columbia Daily Tribune, que Wolfe debería renunciar o ser destituido por la Junta de Gobierno de la universidad.

Finalmente, este mismo lunes la presión resultó demasiado fuerte y Wolfe anunció su renuncia, asumiendo “plena responsabilidad por la inacción que ha sucedido” y llamó a que su separación ayude a restablecer el diálogo en esa institución académica, según informó CNN.

Según mensajes en redes sociales, cuando la renuncia de Wolfe se anuncio en el campus, ésta fue recibida con vítores y aplausos, con una sensación de victoria.Ahora, aún está pendiente la respuesta a otras de las demandas de los estudiantes en protesta, entre ellas la impartición obligatoria de cursos sobre cuestiones raciales a alumnos, profesores y personal administrativo, elevar la cantidad de profesores afroamericanos a un 10% del total para el curso 2017-2018, crear un plan de acción de 10 años para crear un campus más seguro e inclusivo y elevar los fondos para contratar más personal en los centros de salud mental y de justicia social de la universidad, de acuerdo a The Atlantic.

Esto es un factor crucial pues, si bien el foco en la renuncia de Wolfe era una demanda que los alumnos consideraban necesaria para poder dar cualquier paso de mejora, eso no resuelve en sí el problema de tensión y enfrentamiento racial en esa institución. La victoria estudiantil en este caso puede rápidamente volverse pírrica si no se mantiene la presión para que la Universidad de Missouri realice un cambio efectivo, en un caso que está teniendo ya fuertes resonancias a escala nacional.

Y como señaló el portal Vox, la renuncia de Wolfe debería ser entendida por todo tipo de autoridades como una lección de que no se puede ignorar las tensiones raciales y sociales y que la inacción al respecto resulta intolerable.

 

Pero el camino aún es largo y queda mucho por resolver y dialogar en esa universidad.

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