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Niño muy bien portado y silencioso… Niño sospechOSO!

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Por temperamento hay niños que son más tranquilos que otros, y esto es normal. También los hay más o menos educados, más o menos dóciles, pero si su hijo es muy dócil, callado y calmado, cuidado…

  Seguramente en alguna ocasión ha escuchado a alguna madre o padre decir: “Mi hijo es muy bueno y tranquilo. Es como si no hubiera niño en casa”…. Si alguien cercano a usted o usted mismo/a lo ha dicho, entonces CUIDADO… Porque un niño excesivamente dócil y callado, más que una bendición, puede estar presentando síntomas de falta de afecto y cariño o algún otro problema con posibles serias implicaciones psicológicas.

   No estamos hablando de un niño saludablemente travieso que, un buen día, tiene una tarde tranquila. Nos referimos a esos otros casos en que los niños “no den nada de guerra”, jamás; son casi “unos benditos y ni se les siente”….

  Entendamos bien de qué se trata: Por supuesto que existen chicos que, por temperamento, son más tranquilos que otros, y esto es normal. También los hay más o menos educados, más o menos encantadores, dóciles y fáciles de llevar. Pero lo que sí debe alertarnos es que un pequeño sea tan serio, tan callado ‘tan bueno”… que  no parezca un niño. Que se pase de bueno, vaya!.

  Y hay que advertirlo, porque generalmente esos chicos tan buenos, pueden pasar inadvertidos. Después de todo, no molestan. ¿Y no es esto lo ideal? Es lógico que nos guste que un niño no sea molesto, hasta cierto punto. Pero esos niños que piden poco, que lloran poco, que juegan poco, que se quedan en un rincón y se conforman con cualquier cosa, que nunca dan lata…. deben preocuparnos. Su comportamiento puede resultar cómodo, pero indudablemente, se trata de niños con problemas.

  Veamos el caso de Carlitos. Nunca se mancha la ropa, come lo que le sirven aunque no le guste, se va siempre a dormir sin chistar, en silencio recoge su cuarto sin que se lo pidan y sin refunfuñar. Un niño modelo, un tesoro, un ángel… demasiado perfecto para ser de verdad. Además, es un ángel silencioso. Cuando hay visitas, no abre la boca, es decir, “ni se le siente”. Carlitos es algo más que un chico perfecto: es un niño sospechoso. Algo extraño ocurre con Carlos.

  Un niño debe ser un niño y no un adulto en miniatura. Los pequeños sanos se muestran a veces obedientes y a veces revoltosos, inquietos y hasta insoportables. Pueden estar en silencio, pero también saben llorar, aceptar una orden o rechazarla, en suma, ser ellos mismos. Cuando  un niño se porta demasiado bien, hemos de reflexionar por qué es así. ¿Qué se esconde detrás de tanta perfección?. Lo más frecuente es que detrás de este tipo de chicos nos encontremos con unos padres excesivamente severos, exigentes y con poca capacidad para manifestar calidez y cariño. Entonces el niño, desde muy pequeño, aprende a hacer todas las cosas lo mejor posible para obtener el cariño y la aprobación. Pero nunca acaba de conseguirlo, ya que ellos, por su forma de ser, rara vez le dan muestras físicas y expresivas de afecto. Estamos hablando, por supuesto, de una escasez de elogios, de frases cariñosas, de tiempo y juego compartidos, contacto físico, de besos y abrazos. A lo mejor, incluso, cuando el chico se porta bien, se limitan a decirle que “ésa es su obligación”… El niño puede llegar a pensar que papá y mamá no lo quieren por eso busca obtener esas muestras palpables de cariño y aprobación que tanto necesita.
 

  Si bien, todo esto se da tanto en niños como en niñas, en estas últimas puede presentarse con características especiales. La educación sexista, que aún no ha desaparecido, fomenta en muchas niñas conductas diferentes a las que se valoran en los varones: sumisión, ansias por complacer y adaptarse, mientras que inhiben aquellas cualidades supuestamente masculinas, como la autoafirmación, la rebeldía, la independencia. Cuando una niña es ademas la hermana mayor, se ve a veces obligada a asumir un papel de madrecita, una responsabilidad precoz, cierta abnegación y renuncia a sus intereses infantiles. También ocurre que algunas niñas, concierto sentimiento de inferioridad, que se sienten menos agraciadas por alguna razón, intentan lograr el amor de sus mayores por medio de un excelente comportamiento. Si los padres valoran por encima de todo una conducta modélica, la pequeña lo captará y tratará de someterse a toda costa al deseo adulto para que así la quieran más. Esto le creará ansiedad y sentirá que, si falla, perderá ese afecto. En resumen, lo que busca esa niña perfecta, es simplemente cariño.

  La meta de la educación de los hijos, no es que los niños satisfagan la comodidad y el orgullo de sus padres. Deben jugar, dar rienda suelta a su energía y desarrollar una saludable espontaneidad. La docilidad y la obediencia han de conciliarse con todo ello y recibir de nosotros muestras abundantes de cariño incondicional para que su personalidad tenga un desarrollo bien equilibrado. Tampoco se trata de consentirlos en exceso: pero dentro de unas cuantas normas bien claras, deben tener un amplio margen para desarrollarse con libertad.

  Es fundamental que nuestros hijos reciban de nosotros muestras físicas y verbales de cariño: abrazos, besos, caricias, alabanzas, calificativos y frases tiernas, necesitan que dediquemos tiempo a estar con ellos, a jugar y charlar, a pasear en su compañía. Hágale ver al niño o niña demasiado obediente que no necesita ser perfecto, para que usted lo ame y recuerde que su apoyo hacia el pequeño tiene que mostrarse tanto a través de acciones como de palabras.

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