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Quién llegó primero al nuevo continente?

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Oficialmente Cristobal Colón fue el primer hombre ‘blanco y civilizado’ que llegó a América, sin embargo, en los últimos años se ha hablado de que no fue el genovés el primero en llegar a estas tierras; ¿Entonces…

    Pocas tierras han sido descubiertas tan reiteradamente como las de América. Antes de que Cristóbal Colón llegase a la isla de Guanahaní el 12 de Octubre de 1492, se dice que fenicios, irlandeses, vikingos, egipcios, e incluso chinos y polinesios habían desembarcado en el Nuevo Mundo. Sin embargo, ninguna de estas teorías ha sido científicamente demostrada y no empañan, por consiguiente, la gloria del gran Almirante y la visión de los Reyes Católicos, patrocinadores de la epopeya.

  He aquí algunos de los “Descubrimientos de América” llevados a cabo por otros personajes.

Barcos egipcios
Hace algunas décadas el científico, doctor Barry Fell, del Museo de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), afirmó que barcos egipcios arribaron a América, por el Pacífico, en los años 230 ó 231 antes de J.C.; que el viaje fue planeado por Eratóstenes (de quien se sabe que calculó por un sencillo procedimiento trigonométrico la circunferencia de la Tierra), y que las naves venían capitaneadas por Rata y Mawi.  Todas estas suposiciones se basan en el presunto desciframiento de antiquísimas inscripciones que habrían dejado escritas los viajeros en las cavernas de West Irian, en Nueva Guinea, y en la cueva de Tinguiririca, en los contrafuertes montañosos del centro de Chile. La teoría del profesor estadounidense fue rotundamente desautorizada por el profesor Mario Orellana, director del Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueológicas de la Universidad de Chile, quien afirma que la caverna de Tinguiririca es conocida desde hace muchos años en Chile y que las pictografías rupestres existentes en las paredes de la gruta son de origen indígena y no corresponden a ningún tipo de escritura, ni pueden traducirse.

   Los monjes irlandeses
  Otra teoría no menos arriesgada supone que monjes irlandeses exploraron la costa atlántica de América del Norte durante los siglos VI y VII de nuestra era, llegando por el sur hasta las Bahamas. Se apoya esta hipótesis en el Navigatio Sancti Brendani, manuscrito que narra los supuestos viajes de San Brenado (484-577) hacia el año 570.  Tras la caída del Imperio Romano, Irlanda se vio amenazada por las tribus teutónicas paganas que invadían Europa occidental. Y es muy posible que los fornidos navegantes irlandeses partieran en busca de un refugio para su redil cristiano. Del manuscrito se ha deducido que sacerdotes y monjes irlandeses pudieron desembarcar en una tierra occidental 900 años antes del nacimiento de Colón. Pero nada de esto puede probarse. En primer lugar, las frágiles embarcaciones de los irlandeses, de unos diez metros de eslora, con el casco forrado de pieles untadas de grasa, hacen poco verosímil una travesía tan larga.

 Y, por último, los vikingos
Unos 400 años más tarde, hacia fines del siglo X, los intrépidos navegantes noruegos y daneses iniciaban sus viajes de exploración, que según algunas teorías les llevaron a descubrir y seguramente a colonizar la costa oriental de América del Norte.  Según antiguos documentos, los vikingos, conducidos por Bjarni Herjulfsson, fueron los primeros en llegar a América el año 985. Quince años después, una expedición mandada por Leif Ericson, partió para establecer allí una colonia. Leift y sus hombres pudieron desembarcar en la costa del Labrador (casi en el Polo Norte) y se abrieron camino hacia el sur, hasta la zona del cabo Cod. Aparentemente vieron que allí crecían uvas silvestres, por lo que llamaron al país Vinlandia. Sin embargo, es curioso que no existan vestigios de la comunidad vikinga en la costa americana ni en Groenlandia.

El falso mapa de Vinlandia
En 1965  un puñado de historiadores estadounidenses creyeron haber encontrado la prueba definitivade la llegada de Leif Ericson al continente americano y anunciaron a todo el mundo que un “mapa de Vinlandia”, recién descubierto, apoyaba su teoría irrefutablemente. El mapa en cuestión medía 25 por 40 centímetros y contenía claros dibujos de Europa, África, Asia y las míticas islas del Atlántico. En su parte superior izquierda aparecía una inmensa isla llamada “Insula Vilanda”. Sobre ella una inscripción latina reza: “Por voluntad de Dios, tras un largo viaje desde la isla de Groenlandia hacia las partes más distantes al sur del océano occidental, navegando entre hielo, los compañeros Bjarni y Leif Ericson descubrieron una nueva tierra extremadamente fértil, que incluso tenía parras, por lo que fue llamada Vinlandia”.  

  El mapa permaneció expuesto durante ocho años y medio en la Universidad de Yale como el tesoro más valioso de su colección cartográfica. Sin embargo, a principios de 1974, la propia Universidad de Yale reconoció que el mapa era una falsificación. Tras estudiar el mapa durante dos años con una técnica recién descubierta, los expertos advirtieron que la tinta parda del dibujo contenía pigmentos del siglo XX.  La hábil falsificación fue uno más de los numerosos fraudes históricos que han pretendido restar mérito a la epopeya del descubrimiento de América.  

  También se dice, que Hiram, un antiguo rey fenicio, navegó hasta aguas de este continente hace unos 5000 años. Otra teoría habla de que los chinos llegaron a América siglos antes que Colón; como esas, hay algunas otras teorías; sin embargo, ante todas ellas, la figura heroica de Cristóbal Colón salió triunfante y continúa agrandándose con el transcurso de los siglos, y en esta epopeya sigue vigente lo del cuento, que no es cuento, de “el huevo de Colón”.

  Narra la leyenda que, después de haber descubierto la ruta marítima hacia el Oeste, Cristóbal Colón fue blanco de críticas y calumnias por parte de sus detractores que le tenían envidia y querían restar méritos a su hazaña. Un día en la Corte Real, Colón retó a los presentes a que  pararan un huevo sobre la mesa. Todos los que intentaron hacerlo fracasaron. Entonces Colón tomó el huevo y dándole un golpe seco sobre la mesa, le quebró un poco la cáscara y lo dejó parado. Amoscados, los cortesanos exclamaron: “¡Así, cualquiera!”.

  Sí!, -respondió Colón- pero, les guste o no, yo fui el primero en parar este huevo sobre la mesa y también el primero en buscar nuevas rutas hacia Las Indias!.
  Y Créalo o No… Así Fue!!

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