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¿Y ahora qué hago?… 10 años de relación y… ¡Me dejó!

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Por: Martha Lizola

  ¿Qué será de mí ‘si él (ella) me abandona’?…
 Junto a los sentimientos de fracaso, es muy común que la persona también experimente un marcado sentido de pérdida luego de la disolución de la relación. Lo cierto es que una ruptura afectiva es dura de sobrellevar, y para la mujer ésta puede llegar a jugar un rol muy importante en lo referente a la disminución de su autovaloración y autoestima. Esto se debe a que para la mujer su sentido de ‘ser’ está directamente ligado a la calidad de sus relaciones con otros.

  ¿Entonces, qué se puede esperar cuando la relación se termina? Si la relación acabó de común acuerdo y la decisión fue aceptada por ambas partes de una manera amigable, los dos sin duda experimentarán dolor, pero los sentimientos de fracaso y culpa serán menos. El sentido de pérdida será mucho mayor si la relación se terminó como resultado de incompatibilidad, infidelidad, ira, hostilidad, abuso emocional o físico, etc.

  Lo cierto es que los sentimientos asociados con la disolución de la relación puede llevar al individuo a revivir ciertos aspectos de una etapa anterior en su vida, probablemente la adolescencia, cuando la persona recién comenzaba a interesarse y a relacionarse con el otro sexo, ya que durante esa etapa es cuando el ser humano tiene sus primeras experiencias reales de ansiedad e inseguridad acerca del interés que pueda o no despertar en otros. Pero en sí, la ruptura de la relación de pareja se torna muy difícil para la mujer, en especial cuando ésta ya ha entrado en  la ‘época de madurez’, es decir pasados los 35 años. Esto se debe a que desde una perspectiva cultural, la mujer ha crecido convencida que, para sentirse ‘completa’, necesita la presencia de un hombre en su vida. Por lo tanto, una termina creyendo que si no tiene alguien con quien compartir su vida, es mejor ‘conseguir alguien’ antes que sea demasiado tarde. Muchas de las mujeres que se encuentran sin pareja ya sea por un periodo corto o prolongado, ciertamente no planearon que sus vidas se tornaran de ese modo; pero lo más importante es recordar que la manera en que una mujer decide dirigir su vida durante esos periodos puede determinar su propio auto-crecimiento o su regresión. Las mujeres siempre han demostrado gran fuerza emocional y entereza durante los momentos difíciles, pero cuando la mujer entra en una relación de pareja, quizás por razones meramente culturales, ella comienza a depender ‘de’ y a relegar su fuerza al hombre. De ese modo, cuando la relación se termina, ya sea por separación o divorcio, ella comienza a sentir que emocionalmente su capacidad para enfrentar tal situación se ve disminuida y de esa manera no logra darse una oportunidad para seguir creciendo como individuo. Dada esta realidad, ¿qué puede entonces hacer la mujer? Pues podríamos decir que hay dos caminos posibles:

  a) Puede salir a buscar una nueva pareja inmediatamente, algo que de hecho no es lo más recomendable ya que al no estar emocionalmente preparada, casi siempre se corre el riesgo de aceptar en la vida a alguien que quizás termine causándonos más dolor que alivio.

  b) Puede darse tiempo para enfrentar la situación al mismo tiempo que planea su propio camino a seguir a través de su crecimiento personal, dándose así la posibilidad de convertirse nuevamente en un individuo independiente y seguro de sí mismo. Una vez que ha llegado a este punto y a través de la adquisición de ciertas destrezas importantes que también le serán de gran utilidad cuando llegue el momento en que ella decida reiniciar una nueva relación, podrá sentirse lo suficientemente segura y si así lo desea, para encontrar a la persona indicada para que ésta sea parte de su vida y tener una relación que realmente la satisfaga y la haga sentir plena.

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