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¿Con la misma Vara?

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Si usted ha venido leyendo mis anteriores columna sacerca de la pena de muerte, ya se habrá dado cuenta de que en ningún momento sentí pena alguna por el

Por: José Martín Sámano

“…El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quien tiene el mejor abogado…”
Robert Lee Frost. Poeta estadounidense

Si usted ha venido leyendo mis anteriores columnas
acerca de la pena de muerte, ya se habrá dado cuenta
de que en ningún momento sentí pena alguna por el
mexicano José Ernesto Medellín, ejecutado el pasado 5
de agosto en Huntsville, Texas. Finalmente, después de
una gran controversia que rebasó fronteras, el tipo recibió
la inyección letal y en estos momentos debe estar
rindiéndole cuentas al Creador acerca del abominable
asesinato de dos jovencitas, ocurrido en un oscuro parque
de la ciudad de Houston allá por 1993.

En ese caso, la opinión pública norteamericana se volcó
en contra del Presidente Bush, del Gobierno de México
y hasta de la Corte Internacional de Justicia, quienes
trataron de evitar la condena por una supuesta violación
a los derechos consulares del prisionero. Tratándose de
un crimen tan artero y salvaje, era de entenderse la reacción
del público en general. Pero ahora me pregunto si
habrá ese mismo sentimiento de venganza en el caso de
otro cruel asesinato ocurrido el 12 de julio, en Shenandoah,
a unas 80 millas de Filadelfia, Pensylvania.

Aquí, la víctima fue un mexicano indocumentado;
y los asesinos, muchachitos estadounidenses de raza
blanca de entre 16 y 18 años de edad. Luis Ramírez, de
25 años, tuvo la mala fortuna de pasar aquella noche por
el parque donde estos jóvenes estudiantes se estaban
emborrachando. Ramírez iba acompañado de su pareja
(una mujer estadounidense con la que había procreado
a dos niños).

Según testimonio de uno de los agresores, ellos mismos
comenzaron a buscar problemas lanzando insultos racistas
a la acompañante de Ramírez. Aquel, seguramente
habrá sentido que le hervía la sangre al ver como le faltaban
al respeto a la madre de sus hijos. Así comenzó
una desigual pelea en la que no faltaron nuevos ataques
verbales de carácter racista y donde el mexicano se vio
fácilmente rebasado ante la superioridad numérica de los
montoneros, quienes en poco tiempo lo dejaron inconsciente
a golpes y patadas. Ramírez murió en el hospital
luego de una dolorosa agonía dejando en el desamparo a
su mujer y a sus hijos.

Por todo eso nuevamente me pregunto: ¿cuál será la
respuesta de la sociedad blanca norteamericana? ¿Dirán
acaso que él se lo buscó por haber entrado ilegalmente a
este país? ¿Exigirán que las condenas sean mucho más
leves en el caso de los dos menores de edad que participaron
en la golpiza y en la agresión verbal? El juicio
apenas comenzó este lunes 18 de agosto y habrá que ver
con que vara miden a los responsables… Digan lo que
digan, dudo mucho que sea del mismo tamaño que la
que usaron con Medellín.

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