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Cuentos de Democracia

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Huy…! de esto que le voy a platicar, como se dice “ya llovió”. Pero aún recuerdo durante mi paso por la escuela secundaria, cuando por primera vez me explicaron el concepto de “democracia”. A ver jo

Democracia: es una superstición muy difundida, y un abuso de la estadística.

Jorge Luis Borges. Escritor argentino

¡Huy…! de esto que le voy a platicar, como se dice “ya llovió”. Pero aún recuerdo durante mi paso por la escuela secundaria, cuando por primera vez me explicaron el concepto de “democracia”. A ver jovencitos (nos dijo el maestro de gruesos lentes con un marcado acento español) la palabra “democracia” viene del griego, Demos = pueblo, Kratos = gobierno. Es decir, el gobierno del pueblo; el poder, respondiendo a la voluntad popular. “Denme un ejemplo de democracia” -pidió el profesor- y de inmediato algunos de mis compañeros dijeron que México, porque ahí había elecciones libres. “¡Pero no son legales!” -respondimos otros de inmediato- “Aquí siempre gana el PRI porque hace trampa”. (Estoy hablándoles de finales de los ‘70). Entonces, ¡Estados Unidos! -gritó alguien más-. Y casi todos estuvimos de acuerdo que ese era el mejor ejemplo de democracia (al menos ante los ojos del mundo). Hoy me doy cuenta que, en efecto, el planeta entero y la gran mayoría de quienes vivimos aquí nos hemos venido tragando todo el tiempo el cuento de la “gran democracia estadounidense”, pero es un mito.

Para muestra, ahí tiene usted lo ocurrido en las elecciones presidenciales del año 2000. Esa vez, el entonces candidato demócrata a la presidencia Al Gore, obtuvo un total de 50 millones 999 mil 897 votos. ¡Le ganó por 543 mil 985 sufragios a nuestro actual presidente George W. Bush! Estadísticamente, 48.38 por ciento de las preferencias fueron para Gore y 47.87 por ciento para Bush. Peeeero, como en este país no gana el que tiene más votos individuales sino “colegios electorales” (cuyo número varia y depende de cada Estado), pues ahí tiene usted los resultados. Gracias a las complicadísimas reglas del juego electoral en Estados Unidos, fácilmente puede darse el caso de que no sea la mayoría del pueblo quien elija a sus gobernantes y por tanto no exista una auténtica democracia.

Otro ejemplo, de lo que actualmente está pasando con los aspirantes demócratas Hilary Clinton y Barack Obama. Ahí los tenemos, enfrascados en una lucha muy cerrada para ver cual de los dos se va a enfrentar en noviembre próximo con el republicano John Mc Cain. En ese caso, tampoco podría quedar el candidato o candidata demócrata con más votos o más estados a su favor. ¡No! De poco o nada habrán servido las elecciones primarias y los llamados “caucus”. Aquí, también la decisión final podría quedar en manos de unos cuantos. De los poderosos… de los influyentes “Superdelegados”.

Se trata de 27 gobernadores demócratas, 411 “distinguidos miembros” del partido y 23 “distinguidos demócratas” (¡entre quienes se encuentra por cierto, el esposo de Hilary, Bill Clinton!) Se calcula que cada voto de un superdelegado equivale a casi 10 mil votos individuales. Esto se presta, cuando menos a la sospecha.

Algunos superdelegados han recibido apoyo moral y económico ya sea de la señora Clinton o de Obama y es lógico suponer que los candidatos esperen algo a cambio. ¡Su voto!.

De verdad que cómo pasa el tiempo. Hoy por lo pronto, en mí ya cambió por completo el concepto que tenía de la democracia.… Digan lo que Digan.

Tus comentarios: jmsamano@aztecaamerica.com.No te pierdas a José Martín Sámano en el Noticiero Nacional Azteca América Emisión Vespertina y Nocturna a las 5:30 pm y 11:00 pm.

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