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FIN DEL EXCEPCIONALISMO NORTEAMERICANO

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En su despedida como presidente de la República, Ronald Reagan comparó a nuestra sociedad como “la ciudad que brilla desde la montaña”.  Esas palabras sabias toman hoy parte del excepcionalismo norteamericano, el cual es una caracterización de la forma cómo se conduce nuestra sociedad y cómo nosotros nos comportamos como ciudadanos.

El respeto a las libertades individuales, la igualdad ante la ley, la responsabilidad del ser como individuo, el respeto a las instituciones democráticas, entre otros, son valores que caracterizan a ese excepcionalismo.

En este sentido, la sociedad norteamericana no solo es diferente, sino que tiene un sistema político-económico superior y posee una estructura social mejor organizada. En consecuencia, los Estados Unidos de América es un país ejemplo de sociedad que los países en el mundo deberían imitar.

Por el contrario, los golpes de estado, los disturbios económico-sociales y todos aquellos rasgos desestabilizantes que caracterizan a los países “en desarrollo” no pertenecen a tal excepcionalismo. Sin embargo, hoy la esencia de esta cualidad filosófica está siendo ultrajada por un número de representantes de la Cámara Baja y por un centenar de senadores del Partido Republicano.

En una sesión conjunta de las dos cámaras, la cual solo tiene el objetivo de verificar y ratificar los votos de los electores de cada uno de los estados, estos representantes y senadores están utilizando este proceso para violar el voto de los ciudadanos del de los estados de Arizona, Georgia y Pennsylvania.

En tal sentido, el equipo de la campaña política del presidente decidió cuestionar el proceso democrático ante las cortes federales no solo en estos tres estados, sino también en Michigan, Nevada y Wisconsin.  Cada uno de sus reclamos fue rechazado por jueces federales. Los abogados de Trump nunca presentaron pruebas de supuestos fraudes electorales. Sus argumentos fueron casi enteramente verbales y sin fundamento.

En esta semana, durante una sesión especial conjunta del Congreso, los aliados de Trump nuevamente trataron de sabotear el resultado de las elecciones presidenciales, cuestionando la validez del voto de los electores y de los ciudadanos de los tres estados mencionados anteriormente.  Fue un verdadero “golpe de estado” desde las instituciones democráticas.

Así, el excepcionalismo de nuestra sociedad duró por más de 300 años.  Estados Unidos ya no emite la luz democrática desde la montaña.

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