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La última carta de mi prima ilusa.

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Al otro lado del muro yo tenía tiempo para todo: Trabajaba 8 horas, dormía 8 y descansaba Eso era allá. Aquí, no me alcanza el tiempo para nada.

Recordado Primo:

Al otro lado del muro yo tenía tiempo para todo: Trabajaba 8 horas, dormía 8 y descansaba 8.
Eso era allá. Aquí, no me alcanza el tiempo para nada.

¿La razón? Todo lo mío: mi casa, mi carro, mi i-pod, mi tele, y mi computador los compré a crédito.
Lo malo llegó poco tiempo después, porque “mi” casa, “mi” carro, “mi” tele, “mi” i-pod, “mi” computador… y todo lo que tenga la
palabrita “mi”… resultó que le pertenece al banco.

Lo único realmente mío, son “mis” deudas. Para pagarlas debo chambear 13 horas y 47 minutos, todos los días.
Por eso mantengo una chamba de tiempo completo, más dos de medio tiempo, sin contar la noche del sábado que trabajo en un
“table-dance” (Te aclaro: No adentro con el tubo, sino afuera como “valet parking”).

Como no tengo tiempo de cocinar, vivo de hamburguesas y papitas. Resultado: el médico me ordenó cinco horas de gimnasia a la
semana.

Descubrí que mi perro no es bilingüe. Pese a que durante un año le di clases en español, aún no entiende dónde debe mear. Ahora
le pago a mi vecino para que lo saque.

Me toca cortar la grama, lavar el auto, llevar al escuincle a su clase de karate y a la niña a su clase de ballet, y todas las noches les
escribo -a ambos- “sus” deberes escolares.

Las cuentas se me acumulan porque no tengo tiempo para abrir los sobres. Cada semana debo dedicar tres horas o más, a pedir disculpas
y a renegociar los pagos.

Mi carro parece el trineo de Santa Claus. En la cajuela acumulo la ropa sucia que nunca tengo tiempo de llevar a la lavandería. En
el asiento de atrás, la ropa que hace tiempo retiré de la lavandería y en el asiento de adelante cinco bolsas con ropa que tengo que
devolver (pero… nunca encuentro los recibos).

Semejante stress me causa lo que el Pentágono llama “daños colaterales”: acné, ojeras, caída del pelo y ¡terror! me descubrí una
invasión de canas en la nuca. A la medianoche dedico una hora a mis propias reparaciones locativas. Me aplico una
máscara facial con puré de aguacate, bolsitasde té frío sobre los ojos y henna para el cabello. Embadurnada,
con semejante pinta de terrorista, me quedo profundamente dormida “escuchando” la tele.

Cada semana pierdo dos horas en el super. Durante la primera, descubro que todo lo que me gusta contiene dosis mortales de colesterol,
grasas y azúcares, es decir, todo sinónimo de gordura y mala alimentación. Durante la segunda, hago fila en la caja, y me
embrutezco leyendo los chismes tontos de revistas frívolas.

Para ahorrar tiempo y dinero decidimos que toda nuestra familia cumple años el mismo día.
El primer sábado de abril le colocamos a una torta tantas velitas, como años sumados cumplamos todos.
El último cumpleaños colectivo fue un fracaso… la torta no resistió el peso de tantas velas y se vino abajo como el puente de Minneapolis.
Ahora estoy a punto de perder mi matrimonio. El consejero concluyó que no es por falta de tiempo, sino por falta de sexo.
Pancho organizó una animada reunión de familia, frente al almanaque de pared. Por votación se decidió que el primer lunes de cada
mes, Pancho y yo dedicaremos 14 minutos a practicar las artes del himeneo.

Nota:
Esta carta la escribí para tu cumpleaños del 2002, pero nunca tuve tiempo de ponerla al correo. Ahora aprovecho que debo enviar una
forma para devolución de mis impuestos … cuyo plazo se venció hace seis meses.
(Perdón por la interrupción, pero están tocando a mi puerta unos jóvenes uniformados, con cara de acidez estomacal y camisas negras
donde se lee ICE…)
Tu prima: Ilusa
…………………………………………………

Reflexión:

Tú puedes parar tus gastos…
para ahorrar dinero
pero no puedes parar tu reloj…
para ahorrar tiempo

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