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LOS MIGRANTES, EN MEDIO DE LA BATALLA POLÍTICA POR EL 2024

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Por buenas razones y por otras no tanto, los inmigrantes indocumentados se encuentran en medio de la batalla política entre republicanos y demócratas en la recta final hacia las elecciones presidenciales del 2024.

Entre las buenas razones figura el hecho de que ha sido resucitada una iniciativa de ley para reformar el Registro Migratorio de 1929, lo cual permitiría la legalización con camino a la residencia y a la ciudadanía para unos 8 millones de inmigrantes

indocumentados que puedan probar que vivieron durante siete años ininterrumpidos en los Estados Unidos.

Por supuesto que es más fácil decirlo que lograrlo. No es la primera vez que se presenta este proyecto de ley y lograr su aprobación va a ser una carrera cuesta arriba. Aunque sus decenas de patrocinadores buscan conjuntar a una coalición de

moderados de ambos partidos, no se trata de una tarea sencilla en medio de un clima de polarización ideológica.

Entre las malas razones, tenemos frente a nuestros ojos clara evidencia de que los inmigrantes indocumentados se están convirtiendo, nuevamente, en el chivo expiatorio para los problemas estructurales de los Estados Unidos.

Por una parte, no es necesario ser un genio de la política para saber que si los sectores más derechistas de la bancada republicana en la cámara de representantes hubieran podido, en este momento tendríamos una nueva ley de control fronterizo con características muy similares a la era Trump.

Afortunadamente, los sectores más moderados de ese partido han mantenido bloqueado el trámite de ese proyecto de ley que buscaba, entre otras cosas, negar la posibilidad de asilo a la abrumadora mayoría de solicitantes que llegan a la frontera.

Por otra parte, la administración del presidente Joe Biden ha tomado la controvertida decisión de vacunarse contra los ataques republicanos en materia migratoria, adoptando medidas migratorias que huelen a trumpismo, cómo la negación automática de asilo o la posibilidad de detener a familias migrantes en la frontera.

Afortunadamente, los sectores progresistas del partido demócrata tanto en la cámara de representantes como en el Senado no van a permitirle al presidente que se vaya por la libre, con lo cual tenemos los ingredientes ideales para una nueva confrontación entre la Casa Blanca y la izquierda del Partido Demócrata.

Biden nunca ha sido un político izquierdista, a pesar de la etiqueta que quieren endosarle los republicanos. Desde su época como senador ha tenido posiciones moderadas y sabe que las elecciones en los Estados Unidos se ganan precisamente en el centro político al estilo de Bill Clinton.

Pero no deja de ser triste que el mismo presidente que puso fin a las detenciones de familias migrantes en la frontera esté considerando repetir esa terrible política de separación familiar.

Aunque la migración no figura necesariamente como la prioridad número uno de los votantes latinos, si un número suficiente de la comunidad hispana deja de votar en el 2024 en estados decisivos, el presidente y su partido podrían estar en problemas para retener la Casa Blanca.

Así que ya sea por razones políticas o por razones morales, los migrantes no deberían convertirse nuevamente en la carne de cañón de las batallas políticas entre demócratas y republicanos. Su papel ha sido y seguirá siendo esencial en este país, más aún en época de pandemia o de vacas flacas. No se merecen ser peones de la política, sino una solución urgente, digna y humanitaria.

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