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Los Padres Controladores

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La imposición o necedad de algunos padres bloquean al niño en su exploración del mundo, lo que a la larga le ocasiona traumas, miedos e inseguridades que a veces son irreparables

  Una cierta dosis de control es necesaria para la educación de un niño. Es normal no dejarlo atravesar la calle solo a los 2 años. Pero es anormal no permitírselo a los 12.  Los padres dominantes, demasiado ansiosos, bloquean al niño en su exploración del mundo. Estos niños, cuando son adultos, corren el riesgo de vivir bajo el control impuesto por sus padres, o por la imposición de quienes los sustituyen.

  “Estos padres padecen el miedo de que sus hijos los abandonen, y se amarran a ellos para arrebatarles toda tentativa de independencia con sentimientos de culpa. Las frases clave de estos padres son: “Lo hago por tu bien”, Te lo digo porque te adoro. El control puede expresarse por la amenaza directa: “Te voy a desheredar”. O indirecta: “Siento que no puedo más”. Esta es más sutil, pero por supuesto, es una manipulación.

  Este es un ejemplo de ello: Clara mujer de 40 años, era demasiado gorda y no le gustaba su trabajo, además acababa de divorciarse, y tenía dos hijos adolescentes. Quería bajar de peso, asumir riesgos profesionales y hallar un objetivo a su vida. Estaba segura de que la única solución para sus problemas era encontrar al hombre ideal. Estaba convencida de que, sin ese hombre que se ocupara de ella, nada lograría.

 “Mi esposo no se ocupaba de mí. Yo sí de él. Lo conocí al terminar la universidad. El tenía 27 años, y no sabía cómo iba a ganarse la vida. Pero era sensible y romántico, y me enamoré de él. Mis padres se oponían, pero yo estaba secretamente encantada de casarme con un hombre que no sabía desenvolverse”. Cuando declaré en mi casa que íbamos a casarnos, mi papá me ofreció ayudarnos durante un tiempo, y darle trabajo en su compañía. Eso le dio un poder increíble sobre nosotros dos” “Después de casarme, yo seguía siendo la hijita de papá. Mi padre nos sostenía económicamente, pero en cambio, dirigía nuestras vidas. Yo tenía una casa, me ocupaba de los niños… y tenía a papá, que se ocupaba de mí.”

  Cuando en una sesión de terapia se le preguntó a Clara si veía la relación entre su dependencia paterna y su dependencia de los hombres para hacerlos felices, dijo: “Mi padre es la persona más importante para mí. El me adoraba cuando yo era niña, pero no soportaba que yo tuviera ideas propias. Gritaba cuando yo lo contradecía.  A veces era muy generoso, y eso me hacía sentir amada y protegida. Otras veces, me humillaba y me hacía llorar al pedirle el dinero para la entrada a un cine o para los libros de la escuela. Yo trataba siempre  de encontrar la manera de que mi conducta le agradara. El cambiaba constantemente su manera de ser, y esto hacía las cosas difíciles para mí”.

   Para Clara, tener contento a su padre significaba una carrera en la que nunca alcanzaba la meta. El utilizaba el dinero como recompensa y castigo a la vez, sin lógica ni coherencia. El era unas veces generosos, y otras avaro con su dinero. Igual era en su afecto.

   Ella recibía  mensajes contradictorios que la perturbaban. Su dependencia estaba unida a la aprobación de su padre. Esta confusión se había prolongado hasta su vida adulta. “Le di ánimo a mi marido para ir a trabajar con mi padre”, continúa Clara. ¡Qué error! A partir de ese momento dependíamos de él. Todo había que hacerlo a su manera: desde elegir el departamento hasta enseñar a los niños a ser limpios. Le hizo a Joel, mi esposo, la vida infernal en su oficina, hasta que renunció. Mi padre tomó esto como una nueva prueba de la incapacidad de mi marido, aunque él halló otro empleo. “En ese momento, mi padre me amenazó, diciéndome que no iba a seguir ayudándonos. Pero enseguida cambió de actitud y me regaló un auto nuevo en las Navidades. Cuando me entregó la llave, me dijo: ¡Tú no desearías que tu marido fuera tan rico como yo!… •

   Como puede verse, detrás de su aire magnánimo, el padre de Clara usaba su poder financiero de una manera cruel. De hecho todos nosotros manipulamos a los otros en cierta medida. Los niños manipulan a sus padres tanto como ellos manipulan a sus hijos. Los esposos, los amigos, los miembros de una familia, todos se manipulan los unos a los otros…. Los vendedores ganan su vida con la manipulación. Nada es intrínsecamente malo. Esta es una manera de comunicación humana normal. Pero cuando esta manipulación se convierte en un instrumento deliberado de control, puede ser extremadamente destructiva, especialmente en una relación padre-hijo.

  Existen varias clasificaciones de padres controladores y es que esto va cambiando conforme van creciendo los hijos. Así por ejemplo tenemos al sobreprotector, al autoritario seco, al posesivo obtuso, al manipulador, etc., pero independientemente de cuál sea la forma (que por lo general es inconsciente) en que los padres controlan exageradamente el accionar sus hijos.  Por eso, reiteremos que si bien los padres deben tener cierta dosis de control sobre los hijos cuando estos están pequeños, este control no debe convertirse en una sobreprotección irracional o una imposición casi enfermiza de su criterio, ya que esto, más que ayudar, dañará mucho y por largo tiempo, como en el caso de Clara, a esos seres que tanto dice amar. -•-

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