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Marchas Forzadas

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La buena noticia es que este año la policía de Los Angeles no repartió golpes y macanazos ni disparó balas de goma o gases lacrimógenos a los manifestantes. La mala, es que al parecer ya se “gastó” la

“…La queja trae descrédito…”
Baltazar Gracián. Escritor español.

La buena noticia es que este año la policía de Los Angeles no repartió golpes y macanazos ni disparó balas de goma o gases lacrimógenos a los manifestantes. La mala, es que al parecer ya se “gastó” la última opción que quedaba para exigir respeto a los derechos de los indocumentados y reformas a las leyes migratorias. ¿Dónde quedaron aquellas multitudes de hace dos años e incluso las del 2007 que ocuparon las principales planas de los periódicos y espacios en los noticieros? ¿Dónde se perdió el fervor y el entusiasmo con el que tantos miles salieron a las calles en varias de las principales ciudades del país?

El miedo a la brutalidad policiaca y a las garras de la migra fueron sin duda factores fundamentales para el desánimo de la gente. También debió haber influido la crisis económica que a todos nos tiene comiéndonos las uñas y más preocupados por conservar la chamba y si consideramos que era día hábil, pues era muy difícil para muchos acudir a esa marcha. En fin, el caso es que el pasado primero de mayo ya no se hizo historia. No sé a usted, pero me da la impresión de que las marchas de los años anteriores crearon en la sociedad estadounidense y en los políticos el efecto contrario a lo que se pretendía. Me explico: Los grupos anti-inmigrantes se volvieron aún más radicales a partir del 2006. De igual forma creció de manera alarmante el número de propuestas y leyes locales encaminadas a hacerle la vida imposible a las personas sin papeles. Estados como Colorado, Utah, Kansas, Tennessee o Washington, donde nunca antes se había manifestado el sentimiento en contra de los indocumentados, comenzaron a mostrar actitudes muy poco amistosas hacia los trabajadores latinos precisamente a partir de aquellas marchas gigantescas. Ya no digamos en Arizona, donde nuestra gente literalmente ha tenido que salir huyendo de las persecuciones llevadas a cabo por personajes tan nefastos como el Sheriff  del Condado Maricopa, Joe Arpaio. Lo mismo sucede con los legisladores en la capital.

En vez de buscar la manera de arreglar el desorden migratorio con propuestas coherentes y humanitarias, ahora sólo piensan en como ampliar el muro fronterizo y echar del país a quienes consideran indeseables e inferiores. ¿Qué nos queda entonces como comunidad? ¿Quién podrá defendernos como decía el famoso Chapulín Colorado? ¡Nosotros! Y nadie más tiene la respuesta ni en sus manos la posibilidad de crear un frente común para protegernos de los embates cada vez más fieros de los que no quieren a los inmigrantes. Esto no significa necesariamente volver a las calles. Ya vimos que no funciona. Aquí, lo importante es aprovechar la cercanía de las próximas elecciones presidenciales. En muchas ocasiones he escuchado en tono de burla que los hispanos somos buenos para marchar y gritar, pero muy flojos para salir a votar. Noviembre 4 del 2008, sería la fecha ideal para que todos aquellos que puedan, alcen también su voz por el resto de la comunidad hispana. Esa sería una muestra de unidad y fortaleza, mucho más poderosa que cualquier marcha o protesta…. Digan lo que digan.

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