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¿OPERACIÓN LIBERTAD O GUERRA FRÍA?

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Si no fuera por la realidad de una crisis humanitaria y política, las escenas serían irresistibles para una película justiciera con evocaciones de la Guerra Fría: Empujado por su pueblo y por un brote de insurrección militar, el repudiado dictador llega a la pista de despegues del aeropuerto para abandonar el país, pero es convencido de último momento de permanecer. Al mismo tiempo miles de ciudadanos se lanzan a las calles con la esperanza de ser los motores de un cambio político y social, pero sus sueños son arrollados por una tanqueta blindada del régimen. Mientras, desde Washington y Moscú, los dos rivales geopolíticos mueven los hilos para propiciar un desenlace favorable a sus intereses.
Hasta el momento de escribir estas líneas, la apuesta del autoproclamado presidente interino de Venezuela Juan Guaidó, de convocar a una virtual sublevación militar y a una nueva movilización popular para darle el último empujón al presidente Nicolás Maduro, no parece haber tenido todo el éxito esperado.
Aunque algunos militares se solidarizaron con su causa, arriesgando su integridad física, no parece haber habido la masa crítica necesaria para un cambio de régimen. Algunos de los líderes del movimiento como Leopoldo López buscaron refugio primero en la embajada de Chile y después en la de España, al igual que un puñado de militares insurrectos.
Como era de esperarse, los llamados a las movilizaciones populares continúan y buscan extenderse a otros sitios del país más allá de Caracas, pero a menos que surja un factor que cambie la dinámica de la situación en el terreno, todo parece sugerir que el intento de derrocamiento se encamina a una derrota.
Lo mas perturbador de las escenas, aparte de los 60 heridos y de la embestida de la tanqueta militar contra los manifestantes, es sin duda la operación tras bambalinas de los dos últimos poderes imperiales.
Particularmente de la administración Trump cuesta trabajo aceptar su preocupación por la crisis humanitaria de los venezolanos, cuando su gobierno se ha esmerado en ejecutar una política cruel contra los empobrecidos migrantes centroamericanos, y ahora se apresta a endurecerla aún más con draconianas ideas para restringir el derecho de asilo.
Como lo mostraron las imágenes del martes, la violencia suele lesionar a los más vulnerables. Ni Guaidó es tan fuerte como creía, ni Maduro tan débil como parecía. Es ingenuo pensar que de esa realidad pueda emanar la búsqueda de una solución negociada. Pero se necesitan líderes de altura para forjar una salida inmediata, justa y digna a la crisis de Venezuela.
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