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Peter Pan

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Había una vez una niña muy buena llamada Wendy, que tenía dos hermanitos menores: Michael y John, a quienes les solía contar las intrépidas aventuras de Peter Pan. Tan lindas eran las historias que..

 Había una vez una niña muy buena llamada Wendy, que tenía dos hermanitos menores: Michael y John, a quienes les solía contar las intrépidas aventuras de Peter Pan. Tan lindas eran las historias que contaba la niñita, que había logrado que sus hermanos admirarán a este personaje tanto como ella…  

  -….Y siempre está haciendo buenas obras, y sabe volar, y le acompaña Campanita, que es una niña con alas de mariposa, tan pequeña que cabe en la palma de la mano, y además vive en un país maravilloso, que se llama la isla de Nunca Jamás.
-¡Ay Wendy……! Cuánto me gustaría poder viajar con él y no tenerme que dormir ahora, y mañana madrugar para ir al colegio- le decía el hermano mediano. 
 
-Y a mi también…… yo no quiero estar aquí- decía el más pequeño.
 Una noche, cuando ya casi dormían, vieron una lucecita moverse por la habitación.  
 
– Oígan, ¿Están viendo lo que veo yo? Hay alguien en la ventana.. .Son Peter Pan y Campanita!!.
– Hola a todos, he oído que les gustaría visitar con nosotros la isla de Nunca Jamás, donde viven los Niños Perdidos…
– ¡Sí…..sí……!- gritaban todos alegres.
 
– Muy bien. Campanita, échales un poquito de tu polvo mágico!!
 Y campanita, la niña mariposa, sacudió un poco sus alas, y en un instante los niños se encontraban volando junto a ella y a Peter Pan.
– ¡Miren, miren que pequeñita se ve nuestra casa desde el aire!
 
– Veo por allí acercarse una isla….. ¡Uy, qué bonita!- exclamó Wendy
 
– Esa es la isla de Nunca Jamás- le contestó Peter Pan. Y ese es el barco del Capitán Garfio- les señaló… Tengan mucho cuidado con él. Hace tiempo un cocodrilo le devoró la mano y se tragó hasta el reloj. ¡Si no más vieran qué nervioso se pone ahora Garfio cuando oye un tic-tac!
 Ya en la isla, Wendy cuidaba de todos aquellos niños sin madre y, también, claro está de sus hermanitos y del propio Peter Pan. Procuraban no tropezarse con los terribles piratas, pero éstos, que ya habían tenido noticias de su llegada al País de Nunca Jamás, organizaron una emboscada y se los llevaron a los tres prisioneros.
 
 Para que Peter no pudiera rescatarles, el Capitán Garfio decidió envenenarle, contando para ello con la ayuda de Campanita, quien celosa por las atenciones que daba éste a Wendy, deseaba vengarse. 
 -¡Jajaja, jajaja! Hola Campanita… me han dicho que últimamente Peter Pan no te hace mucho caso ¿verdad?.
– Pues no mucho la verdad… como está enseñando la isla de Nunca Jamás a los niños…
– Pues ¿sabes una cosa Campanita? Eso puedo yo arreglarlo, si tú me dices dónde vive Peter Pan, yo te prometo separar a los niños de él.
– Pero ¿promete no hacer daño a Peter Pan, Capitán?
– ¡Claro querida Campanita, lo prometo!!.
– Bueno siendo así… el escondite de Peter Pan es en el árbol de la alegría.
 
 El Capitán Garfio dio un salto entusiasmado, y metiendo a Campanita en un farol para que no pudiera escapar, fue hacía el escondite y aprovechando que Peter se había dormido, vertió en un vaso unas gotas de un poderosísimo veneno.
 
 Campanita, arrepentida de lo que había hecho, se lanzó contra el vaso, aunque no pudo evitar que la salpicaran unas cuantas gotas del veneno, una cantidad suficiente para matar a un ser tan diminuto como ella. Una sola cosa podía salvarla: que todos los niños creyeran en las hadas. Y así es como, gracias a ellos, Campanita se salvó.
 
   Mientras tanto, nuestros amiguitos seguían en poder de los piratas. Ya estaban a punto de ser lanzados por la borda con los brazos atados a la espalda. Parecía que nada podía salvarles, cuando de repente, oyeron una voz:
– ¡Eh, Capitán Garfio, eres un cobarde! ¡A ver si te atreves conmigo!
 Era Peter Pan que, alertado por Campanita, había llegado justo a tiempo de evitarles a sus amigos una muerte segura. Comenzaron a luchar. De pronto, un tic-tac muy conocido por Garfio hizo que éste se estremeciera de horror. El cocodrilo estaba allí y, del susto, el Capitán Garfio se tropezó y cayó al mar. Es muy posible que todavía hoy, si viajan por el mar, puedan ver al Capitán Garfio nadando desesperadamente, perseguido por el infatigable cocodrilo. 
 
Peter Pan se reunió con los niños, y todos decidieron volver a su casa para que sus padres no se preocuparan por la tardanza.  El intentó convencer a sus amigos para que se quedaran en el País de Nunca Jamás, pero los tres niños echaban de menos a sus padres y deseaban volver, así que Peter les llevó de nuevo a su casa.
 
– ¡Quédate con nosotros! -pidieron los niños.
– No se hagan mayores nunca. Aunque crezcan, no pierdan nunca su fantasía ni su imaginación. De ese modo seguiremos siempre juntos, – les dijo Peter Pan
– ¡Prometido! -gritaron los tres niños mientras agitaban sus manos diciendo adiós.
 
Y colorín colorado este cuento ha terminado!!
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