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¿Qué padre no desea lo mejor para sus hijos?

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Seguramente la inmensa mayoría, sino es que la totalidad busca lo mejor para sus hijos, sin embargo a veces, el exagerado cariño y la sobreprotección que muchos padres les dan a éstos ocasionan,

Seguramente la inmensa mayoría, sino es que la totalidad busca lo mejor para sus hijos, sin embargo a veces, el exagerado cariño y la sobreprotección que muchos padres les dan a éstos ocasionan, más problemas que ventajas, no sólo para ellos, si no para los padres mismos. Desde hace unas tres décadas, el niño ha pasado de tener un escaso valor hasta convertirse en Su Majes-tad el Bebé, de tal manera que ahora es el centro de atención tanto de los padres, como del núcleo familiar, generando en su entorno, todo un mundo de complacencia y consumo del que resulta difícil de escapar y es que hoy en día toda la familia gira en torno a él.

¿Pero cómo un pequeño ser se llega a convertir en algo tan fuerte y poderoso en una familia?

A veces los padres olvidan que aunque pequeño, pero el bebé se da perfectamente cuenta de lo que sucede a su alrededor y sabe reconocer lo que le conviene y lo que no; lo que puede obtener y como. Los padres que viven tan pendientes de sus vástagos y no sólo los protegen de manera exagerada, sino que además les dan desmesurado cuidado, colmándolos de atenciones, no se dan cuenta de hasta qué punto pueden perjudicar con ello el desarrollo de la personalidad de su hijo y eso mismo puede convertirse en una arma contra ellos.

Más Desventajas que Ventajas

Cada hombre y mujer con un hijo, se convierte en un padre único con un estilo personal de amar, cui-dar, enseñar, educar, aceptar y tolerar a ese niño.
Sin embargo existen algunos “indicadores claves” que pueden servirnos de ayuda a la hora de pensar si les protege en exceso. Estos son algunos de los más evidentes:

– Observar si cuando cometen algún error o tienen un tropiezo tendemos a disculparles y proyecta-mos su responsabilidad en otros familiares, com-pañeros y/o maestros. Analizar si tendemos a evitarles situaciones que pensamos pueden resultar-les conflictivas o difíciles de resolver o, si por el contrario procuramos prepararles para ellas. Ver si nos anticipamos a sus demandas procurándoles a menudo lo que aún no han pedido, como juguetes, golosinas, distracciones, etc.

Una relación padres hijos basada en la sobreprotección tiene más efectos negativos que positivos ya que a los niños les costará mucho llegar a alcan-zar su madurez y siempre se valdrán de ello para chantajear a sus padres con la excusa de que “no puedo hacerlo yo solo”.

En las Redes de Su Majestad el Bebé.

Por lo regular este tipo de padres sufre mucho. No se relaja porque lleva dentro de sí un niño o una niña desamparada-/o que siempre tie-ne miedo. Miedo de que a sus hijos les ocurra algo si él no está para protegerlos. Se imagina múltiples peligros que les acechan y despliega una actividad agotado-ra para cuidarles. No confían en sus hijos, los mira como a seres indefensos que le necesitan para vivir y cree que carecen de recursos propios para salir a-delante por sí mismos. De esta manera los padres caen inconsientemente en los dominios de el rey, el bebé el cual sabe perfectamente lo que está suce-diendo.

Padres protectores, hijos dependientes. Los padres que protegen en exceso suelen favorecer la sobre dependencia de su hijos, porque no les alientan a tomar decisiones propias. Esta actitud no favorece su autonomía y hace que los niños se sientan indefensos, y miren a sus padres como a personas muy fuertes o en el peor de los casos miren en ellos a personas de quienes pueden sacar provecho.

La Causa del Problema

“El exceso de cuidado por parte de una madre o un padre según explican expertos está motivado, entre otros condicionantes psicológicos, por un sentimiento de abandono vivido por ellos en la infancia. Una persona que se sintió abandonada en su niñez protegerá en exceso a sus hijos para que no sufran como ella, sin analizar las consecuencias

Si no queremos convertir a nuestros hijos en criaturas inseguras, inhibidas, dependientes y peor aún abusadoras y manipuladoras contra nosotros, dejé-moslos ser ellos mimos; permitiéndoles que en-frenten sus propios retos y problemas. Prestemos mucha atención a su desarrollo evolutivo y nunca permitamos que esta situación se nos salga de la mano, para no convertirnos en los esclavos de su Majestad, el Bebé!

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