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RESPONSABILIDAD DE PADRES DE NIÑOS ADOPTADOS

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La adopción internacional aumenta sin cesar. Según los organismos internacionales que velan por los derechos de la infancia, unos 40,000 niños se reunen con sus nuevas familias y cada vez hay menos prevención social ante los posibles riesgos de inadaptación y de falta de desarrollo de estas criaturas al nuevo entorno.

Un estudio muy reciente realizado por la Universidad de Leiden (Holanda) demuestra que los niños adoptados en el extranjero presentan en general pocos problemas de adaptación si los comparamos con los de los niños que viven con sus familias biológicas, y mucho menos que los adoptados en su propio país.

NIÑOS INTERNACIONALES Y NACIONALES

Las razones de esta adaptación radican, entre otras, en el estatus de las familias que les acogen, que pueden cubrir todas sus necesidades.

El Dr. García dice que uno de cada cuatro niños adoptados en el extranjero presenta alguna patología leve, como retraso en la talla, anemia o problemas dermatológicos que se pueden solucionar en centros de atención primaria.

CUESTIONES PRÁCTICAS

Cuando un niño adoptado llega a su nuevo hogar los padres deben asumir una serie de responsabilidades a las que quizá no estaban acostumbrados y procurar ser prácticos ante la nueva situación. A pesar de las pruebas previas de idoneidad a las que suelen someter a las personas adoptantes hay que desterrar la idea de que el nuevo ser es un juguete y menos aún un objeto decorativo exótico en la casa para dar un toque de “prestigio social”. Hay que partir de la premisa de que son los niños quienes tienen derecho a tener unos padres y no al revés.

Por otro lado los padres adoptantes deben tener muy en cuenta tanto la edad como el historial del pequeño (su origen étnico también cuenta) antes de planificar los horarios, la rutina del sueño y la estimulación. También es fundamental que la madre se percate de que, aunque es probable que demuestre nerviosismo ante la nueva situación, no está tan agotada como una madre biológica que ha dado a luz por vía vaginal o mediante cesárea. No obstante, muy pronto la madre adoptiva puede llegar a estar tan agotada como la madre biológica pues, si se trata de un bebé, habrá de levantarse de madrugada para darle de comer.

Hay que procurar que, en los primeros meses, el niño esté físicamente lo más próximo posible a los padres, en una cuna o una cama pero siempre en la misma habitación, y calmarlo o acunarlo en cuanto rompa a llorar por causas naturales o bien porque presenta una cuadro de terrores nocturnos a causa de algún trauma desconocido.

Es probable que al principio el niño llore mucho al encontrarse en brazos de desconocidos. Es probable también que algunos adoptantes, ante este llanto, piensen que el bebé no les quiere, cuando, en general, no es así. Basta con tener un poco de paciencia e ir comprobando cómo el vínculo con los nuevos progenitores se irá haciendo cada vez más fuerte.

Existen dos elementos que pueden jugar un papel negativo en esa etapa de adaptación del niño al nuevo hogar. Por una parte está la sensación de decaimiento anímico similar a la depresión posparto que presentan algunas madres adoptantes y por otra la asimilación de la esterilidad de los que recurrieron a la adopción ante la imposibilidad biológica de traer hijos al mundo.

La depresión de las adoptantes se conoce como Síndrome de Depresión Postadopción (DPA) y suele afectar a atribuladas madres novatas que se consideran no aptas para crear vínculo afectivo con sus hijos y que temen sentirse menospreciadas si exponen su problemas a terapeutas o a familiares. Aunque se han dado casos de mujeres adoptantes necesitadas de ansiolíticos para tratar de superar el trance, la ayuda del psicólogo en estas circunstancias es fundamental.

Y por lo que se refiere a los padres estériles, los asesores de equipos de asistencia postadoptiva recomiendan alejar de la mente esa dificultad de manera pausada, pensar en positivo y centrarse en el hecho de que la llegada del nuevo ser es algo que se ha estado esperando mucho tiempo, y permitirá la realización de una paternidad deseada que puede conducir a un estado de mayor felicidad personal y familiar.

Francisco Galindo    //    Efe Reportajes

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