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RIÑAS EN EL DEBATE

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En una columna anterior había anticipado que Elizabeth Warren y Bernie Sanders tendrían que intercambiar golpes para adjudicarse el voto del ala más liberal de los demócratas.  Ese día llegó y los dos se acertaron golpes bajos.

Sander acertó el primer golpe, incriminando a   Warren que era una candidata que representaba a la élite de la izquierda.  En otras palabras, la llamó hipócrita.

Warren respondió con molestia, pero también con viveza.  En una reunión sostenida entre los dos, ella comentó que Sander le dijo que “una mujer no puede ser presidente de Estados Unidos.”

Este comentario se convirtió en el tema central del debate del martes entre los candidatos demócratas.

Los ahora seis candidatos movieron sus fichas, pero ninguno de ellos realmente se adjudicó una victoria clara y contundente. Como siempre ocurre, hubo quienes se llevaron mejores preseas que otros, pero hubo también candidatos que no supieron aprovechar el momento que les brinda una tarima política repleta de medios de comunicación.

En base a lo observado, en mi opinión es que  Warren tuvo mejor desempeño que Sanders, sobre todo mas ecuánime y con mejor visión del momento, al no querer alargar la controversia sobre el tema de la mujer en la política, Warren simplemente se limitó a hacer un recuento histórico sobre los logros de la mujer y sus logros políticos personales en los últimos 30 años,  “soy la candidata ideal”, dijo.

Pero lamentablemente para Warren, su presencia en el estrado político –en general su personalidad— no emite lucidez presidencial. Warren es muy inteligente, pero este atributo no es suficiente para llegar a la recta final. En ese sentido, aunque su desempeño en el debate fue bueno, pienso que le sirvió de poco para cambiar esa imagen parca y sin carisma.

En tanto que a Bernie Sander no creo que le haya ido tan bien como él seguramente esperaba. 

Los candidatos más moderados, particularmente Tom Steyer y Pete Buttiegieg, destacaron su inclinación hacia a la izquierda extremista, la cual no comulga bien en una sociedad capitalista norteamericana.

De estos dos, Steyer fue más asertivo. Buttiegieg es elocuente y coherente, pero en este debate no brilló.  No mostró emotividad, mientras que Steyer logró buenos puntos, especialmente por sus conocimientos en la economía.

Finalmente, como nos tiene acostumbrado, Joe Biden volvió a mostrar su faceta aburrida. De momentos mostró incoherencia y falta de lucidez verbal. Su cierre fue lo mejor que exhibió.

Así, a tres semanas de caucus de Iowa, los candidatos demócratas hicieron muy poco para cambiar los niveles preferencias con el electorado demócrata. Biden sigue en la delantera; Warren le sigue, pero con poco futuro. Sanders aturdió con su extremismo; por su parte, la buena imagen de Buttiegieg se esfumó.  Klobuchar y Steyer se convirtieron en los caballos negros de la contienda demócrata.

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