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¿UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD?… SÍ!; VALE LA PENA INTENTARLO

Mónica Ferguson
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Una vez que se espera el tiempo prudente y se supera una separación, es posible borrar las huellas de la ruptura y optar por abrirse a un nuevo amor, aunque no deja de ser un desafío.

Cuando un matrimonio decide separarse, sería aconsejable profundizar en los aspectos que llevaron a la pareja a tomar tan difícil decisión. Si éstos no son analizados, el dolor y el estrés que de por sí implican la ruptura, aumentarían. 

En la vida, en general, cuando nos herimos y sufrimos, existen dos alternativas: ignorar lo sucedido, negar lo que ocurrió o intentar salir adelante y curar la tristeza. 

Es cierto que resulta difícil conectarse con las causas de lo que provoca el sufrimiento pero es la única manera de salir del dolor eficientemente, creciendo, aprendiendo sobre uno mismo. Si no se revisa lo sucedido y se trata de prevenirlo, se corre el riesgo de cometer de nuevo el mismo error. 

Intentar sobreponerse a la herida supone un alto compromiso, una cuota de dolor, se debe desinfectar la herida, observar su profundidad, determinar de qué manera se produjo y, lo más importante, la forma en que se puede evitar para que no vuelva a suceder.  Salir del pozo es un proceso que lleva tiempo, esfuerzo, decisión y paciencia. Siendo la única manera eficaz de lograr la cicatrización de la herida.

Una vez que se logra bienestar y tranquilidad, se desea cambiar y recrear la vida, pero aparece el miedo: temor a cometer los mismos errores, caer en las mismas trampas.

Para volver a tomar las riendas de tu vida, se debería rescatar lo bueno, lo sano, lo valioso y enriquecedor que existió en la relación anterior…. Y animarse. Uno debe ser protagonista de su vida y dirigir su propia película.

No es conveniente quedarse paralizados por el miedo, el resentimiento o la desconfianza por reincidir en un fracaso. Así puedes perder la dimensión de aprendizaje, el que te lleva a analizar coherentemente las causas de lo sucedido. Se sigue esperando todo de los demás, sin tomar una actitud analítica, activa y crítica de la propia vida.

Antes, dos generaciones atrás, la vida se regía por normas más estrictas. La persona no era tan libre para elegir. Tal vez la vida resultaba más simple, pero era también más limitada. Existía un modelo de familia y casi todos esperaban lograrlo.

Si una vez se fracasó… ¿Por qué no darse una segunda oportunidad?

Hoy, en tiempos actuales, lo convencional convive con cierto margen de libertad; existen ensayos de pareja, que pueden funcionar con éxito y lograr una relación plena. 

También se puede elegir la mejor manera de vivir, respetando siempre ciertos valores que, a pesar de los años, no cambian. Como el respeto mutuo, la comunicación, la confianza y darse su espacio mutuamente. Si respetamos estos términos, una persona puede intentar desarrollar al máximo sus habilidades, posibilidades y puntos fuertes. 

Lógicamente, empezar de nuevo cuesta trabajo, pero vale la pena. En esta segunda oportunidad que brinda la vida ya no hay príncipes azules ni fantasías de adolescentes. Uno ha capitalizado la experiencia desde el proceso de felicidad, de dolor, el cambio, y la pérdida. 

Atreverse a buscar la felicidad de nuevo, es un desafío, pero hay que arriesgarse a intentarlo y no tener miedo. Porque es claro que cuando se logra una verdadera unión afectiva, ésta será el modo más seguro, sereno y feliz para enfrentar la vida y, por qué no, lograr esa felicidad anhelada!

 

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