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Aladino y la Lámpara Maravillosa.

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Erase una vez una viuda que vivía con su hijo de nombre Aladino en un pequeño pueblo de Arabia. Un día, un misterioso extranjero ofreció al muchacho una moneda de plata a cambio de un pequeño favor, y

Erase una vez una viuda que vivía con su hijo de nombre Aladino en un pequeño pueblo de Arabia. Un día, un misterioso extranjero ofreció al muchacho una moneda de plata a cambio de un pequeño favor, y como era muy pobre, aceptó.-¿Qué tengo que hacer? -preguntó.

-Sígueme- respondió el misterioso extranjero. Aquel hombre y el joven se alejaron de la aldea en dirección al desierto. Poco tiempo después se detuvieron en medio de la nada. Entonces el extranjero pronunció unas extrañas palabras e inmediatamente, se ergió de la arena, una tremenda boca de tigre en forma de cueva.-¡Vaya, no recuerdo haber visto esta cueva! -dijo el joven-.-Quiero que entres por esta abertura y me traigas una vieja lámpara que se encuentra en la punta de una inmensa roca. -dijo de forma tajante el tipo.

-De acuerdo- dijo Aladino-, así lo haré.-Algo más- agregó el hombre -.No toques nada más que la lámpara, ¿entendido? El tono de voz con que el misterioso hombre le dijo esto último, alarmó al joven. Por un momento pensó huir, pero cambió de idea al recordar la moneda de plata y lo que su madre podría comprar con ella.-No se preocupe, le traeré su lámpara, -dijo el muchacho mientras se deslizaba hacia la cueva. Una vez en el interior, Aladino asombrado vio que dentro no sólo había una vieja lámpara de aceite que alumbraba débilmente el lugar, sino también objetos de oro y piedras preciosas por doquier.

-¡La lámpara! ¡Tráemela inmediatamente!- gritó el hombre para que el joven se apresurara.-De acuerdo pero primero déjeme salir -repuso Aladino mientras comenzaba a deslizarse por la abertura.-¡No! ¡Primero dame la lámpara! -exigió cerrándole el paso.

-¡Aquí la tienes!- Pero apenas sintió en sus manos el objeto brillante, el hombre empujo a Aladino nuevamente dentro de la cueva antes de que éste pudiera salir. Pero se le resbaló la lámpara de las manos y cayó al vacío junto al joven…. En ese momento se oyó un fuerte ruido y de repente, la entrada de la cueva se cerró.

Una oscuridad profunda invadió el lugar, Aladino tuvo miedo. ¿Se quedaría atrapado allí para siempre? Sin pensarlo, recogió la lámpara y empezó a limpiarla. De repente, el lugar se llenó de una intensa luz y un genio sonriente apareció.-Soy el genio de la lámpara. ¿Que deseas mi señor? Aladino aturdido ante la aparición, sólo acertó a balbucear:

-Qui-quiero regresar a casa!Instantáneamente Aladino se encontró en su casa con la vieja lámpara de aceite entre las manos. Emocionado el joven narró a su madre lo sucedido y le entregó la lámpara…. Desde entonces, la vida para Aladino y su progenitora fue más feliz. Cierto día, Aladino se encontraba en el mercado del pueblo, cuando vio a la hija del Sultán que paseaba. Una sola mirada bastó para quedar locamente enamorado de ella. Inmediatamente corrió a su casa para pedirle un nuevo deseo al genio de la lámpara.

-Genio, -dijo emocionado Aladino- deseo que me conviertas en príncipe! Instantáneamente, aparecieron cuarenta briosos caballos cargados con cofres llenos de zafiros y esmeraldas. Esperando impacientes las órdenes de Aladino, cuarenta Jinetes ataviados con blancos turbantes y anchas cimitarras, montaban a caballo

-¡Al palacio del Sultán!- ordenó Aladino. El Sultán muy complacido con tan magnífico regalo, se dio cuenta de que el joven estaba determinado a obtener la mano de su hija. Poco tiempo después, Aladino y Jazmin se casaron y el joven hizo construir un hermoso palacio (con la ayuda del genio claro, está). El Sultán se sentía orgulloso de su yerno y su hija estaba muy enamorada de su esposo que era atento y generoso. Pero la felicidad de la pareja fue interrumpida el día en que el malvado brujo, el mismo que había llevado a Aladino a aquella cueva en medio del desierto, regresó a la ciudad disfrazado de mercader.-¡Cambio lámparas viejas por nuevas! -pregonaba. Las mujeres cambiaban felices sus lámparas viejas.

-¡Aquí! -llamó Jazmin-. Tome la mía también entregándole la lámpara del genio.Aladino nunca había confiado a su esposa el secreto de la lámpara y ahora era demasiado tarde.El brujo frotó la lámpara y dio una orden al genio. En una fracción de segundos, Jazmin y el palacio subieron muy alto por el aire y fueron llevados
a la tierra lejana del brujo.

-¡Ahora serás mi mujer! -le dijo el brujo con una estruendosa carcajada. La pobre princesa, viéndose a la merced de aquel malvado hechicero, lloraba amargamente.

Cuando Aladino regresó, vio que su palacio y todo lo que amaba habían desaparecido. Indagando entre la gente del pueblo, Aladino supo acerca del mercenario que andaba intercambiando lámparas usadas por nuevas. Enseguida supo que se trataba de aquel brujo que hace años, lo había arrojado a la cueva. Siguiendo las pocas pistas que tenía, el joven se lanzó al rescate de su esposa. Finalmente dio con el palacio de aquel brujo. Atravesó silenciosamente
las habitaciones hasta encontrar a Jazmin. Al verla la estrechó entre sus brazos mientras ella trataba de explicarle todo lo que le había sucedido.

-¡Shhh! No digas una palabra hasta que encontremos una forma de escapar -susurró Aladino. Juntos trazaron un plan. Este consistía en envenenar
al brujo. Esa noche, la princesa sirvió la cena y sirvió el veneno en una copa de vino que le ofreció al brujo. Sin quitarle los ojos de encima, esperó a que se tomara hasta la ultima gota… Casi inmediatamente éste se desplomó inerte en el suelo.Aladino entró presuroso a la habitación, tomó la lámpara y la froto con fuerza.

-¡Cómo me alegro de verte, mi buen Amo! -dijo sonriendo el genio-. ¿Podemos regresar ahora?

-¡Al instante!- respondió el genio. Entonces elevo por el aire el palacio y lo llevó hasta el reino del Sultán…. Y desde entonces, Aladino y su amada Jazmin vivieron muy felices! Y colorín colorado, este cuento se ha terminado!

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