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Amar… ¿Con el Corazón o con la Razón?

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Ser esclavo de la pasión puede resultar agotador y hasta nocivo, y seguir sólo los dictados de la cabeza quita espontaneidad y enfría el amor. ¿En que proporción hay que combinar lo racional y lo pasi

¿Qué dirige tus actos y actitudes en el terreno amoroso; tu raciocinio, tus emociones o ambos al mismo tiempo?

Ser esclavo de la pasión puede resultar agotador y hasta nocivo, y seguir sólo los dictados de la cabeza quita espontaneidad y enfría el amor. ¿En que proporción hay que combinar lo racional y lo pasional? Cada persona y pareja deben hallar su propio equilibrio. “Sin pasión, el hombre sólo es una fuerza latente que espera una posibilidad, como el pedernal el choque del hierro, para lanzar chispas de luz”, afirmaba el dramaturgo español Jacinto Benavente.

EL AMOR INTELIGENTE

Contiene tres ingredientes básicos una buena relación sexual, compenetración psicológica y espiritual. Para el filósofo y matemático francés René Descartes “la razón o el juicio es la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales”, mientras que el escritor suizo Henry Amiel opinaba que “el hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón”. En el filme “El punto sobre la i” se narra la historia de una joven que cuando está a punto de casarse conoce a un joven del que se enamora y con el que descubrirá el amor desenfrenado, lo que la lleva a plantearse si opta por el amor racional que siente por suprometido o el amor pasional que ha descubierto.

A veces, la vida presenta situaciones similares a más de una persona. Entonces, ¿cuál es la actitud o el punto de equilibrio más saludable, en el terreno del amor, que florece abonado por el ardor y la exaltación, y se reseca con la frialdad y el cálculo?

ENTRE EL CEREBRO Y EL CORAZON

“Uno no ama con el corazón, sino con el cerebro, y de hecho, las estructuras fisiológicas relacionadas con el afecto están dentro del cerebro. Cuando la gente sufre por problemas de relación de pareja, ha traspasado el límite del amor, y comienza un juego enfermizo e irracional, nada saludable”, señala el psicólogo italiano Walter Riso, autor de libros contrarios a idealizar el amor. “El amor puede causar trastornos psicológicos, como la obsesión, la depresión o la ansiedad pero además problemas emocionales que desestabilizan la autonomía y el bienestar físico general”, dice. Según su experiencia, dos de cada tres consultas psicológicas se deben a cuestiones relacionadas con el amor, cuando se vuelve irracional, posesivo y enfermizo. Para Riso, el amor es un acto de voluntad y no solamente un arrebato emocional. “Es una mezcla de emoción y pensamiento, y como tal, implica amistad, afinidad de principios, respeto por los valores y los derechos humanos del otro y solidaridad. “El amor tiene sus límites y no lo justifica todo.

Entregarse en cuerpo y alma, dejando de lado a uno mismo y a las necesidades propias es el resultado de creencias distorsionadas”, asegura. La psicóloga social española Pilar Sanpedro, también es muy crítica respecto del amor romántico, pasional e idealizado. “Mientras en muchos países los matrimonios son concertados previamente, en Occidente el soporte de la familia se fundamenta en el amor romántico, una construcción socio-cultural, que ofrece un modelo de conducta amorosa y cuando falla produce la frustración y desengaño, y es uno de los factores de la violencia en las relaciones de pareja”, señala.

Según la experta, “las mujeres son más propensas que los hombres a creer en este mito, y las que ‘aman demasiado’, es decir, las que buscan el amor romántico y eligen a personas difíciles y agresivas, tienen más posibilidades de ser víctimas de la violencia y de consentirla, porque esa relación es la que da sentido a su vida”.

EQUILIBRIO: EL AMOR INTELIGENTE 

El psiquiatra español Enrique Rojas es partidario del “amor inteligente”, como ha titulado uno de sus libros, y que es aquél que se expresa con una afectividad madura, pone sobre la mesa los sentimientos y la razón pero sin perder la ternura ni la espontaneidad, y que comparte unos ideales que lo hacen trascendente. Según Enrique Rojas “para estar con alguien es preciso estar primero con uno mismo, y el amor requiere un alto porcentaje de artesanía psicológica”. El amor inteligente tiene tres ingredientes básicos: una buena relación sexual, que se irá consiguiendo con el tiempo, la compenetración psicológica, que implica aunar corazón y cabeza, sentimientos y razones, y la compenetración espiritual, que radica en aspirar a elevarse y superar los altibajos de la vida.

CULTIVANDO LA RELACION

Para Rojas “el mejor amor se echa a perder si no se cuida a base de pequeños detalles que hacen agradable la convivencia. Es un intercambio de conductas positivas y gratificantes: esperar la llegada del otro, sorprenderle con algo agradable, ir al cine, una cena romántica, un vestido especial… Es mantener la capacidad de sorprender al otro en cosas menudas, insignificantes, pero que convierten al otro en ese ser único y especial”.  Además, es importante evitar discusiones innecesarias, favorecer el crecimiento recíproco de la pareja, corregir las aristas de uno para ser mejor con el otro, cuidar la intimidad sexual y aprender a pasar las páginas negativas de los dos, porque “la felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria”, asegura, evitar anidar rencores que luego no permitirán desarrollar una buen relación. Rocío Gaia // AGENCIA EFE

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