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AMORES DE VERANO Y MASCARILLAS

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Este verano es diferente en muchos sentidos. La pandemia ha trastocado nuestras costumbres y nos ha obligado a adoptar precauciones con las que hace solo unos meses no estábamos familiarizados, como el uso de mascarilla o tapabocas. Pero, ¿será posible flirtear con la cara cubierta?

COVID-19 se ha expandido por todo el mundo provocando miles de hospitalizaciones y fallecimientos. Por lo que es necesario adoptar precauciones para minimizar el riesgo de contagio.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que una persona puede contraer COVID-19 si entra en contacto con otra que esté infectada por el virus.

“La enfermedad se propaga principalmente a través de las gotículas que salen despedidas de la nariz o la boca de una persona infectada cuando tose, estornuda o habla. Si otra persona inhala esas gotículas, puede contraer la enfermedad”, detalla.

LA IMPORTANCIA DE LAS MIRADAS.

Así, para prevenir el contagio es importante mantenerse al menos a seis pies de distancia de otras personas, lavarse las manos con frecuencia y llevar mascarilla en lugares públicos.

En este sentido, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) indica que el uso de mascarilla es una manera de prevenir la diseminación de las gotículas respiratorias cuando una persona infectada tose o estornuda.

Este verano el uso de la mascarilla, tan necesario para frenar la expansión de la enfermedad, también va a suponer una barrera a la manera tradicional de flirtear. Por ejemplo, cruzar la mirada con alguien, ruborizarse y sonreír va quedar solamente en lo primero. O quizás no, pero la mirada será lo único que podrá detectar la otra persona. Además, la mascarilla oculta las microexpresiones faciales.

MOVIMIENTOS DE CABEZA Y HOMBRO, ADEMÁS DEL ACERCAMIENTO DIGITAL.

Elena Daprá Castro, psicóloga clínica y experta en gestión emocional, afirma que durante el coqueteo o flirteo con mascarilla “la expresión emocional facial se verá limitada y todo se concentrará en la mirada y en el resto del cuerpo”. 

La especialista expresa que el contacto visual será muy intenso y las parejas se convertirán en especialistas para deducir si el otro está a gusto o simplemente no hay “feeling”.

Asimismo, Daprá destaca que descubrir la expresión de la mirada entre telas y dibujos también “puede convertirse en un juego seductor al que se puede sacar partido y generar códigos de acercamiento fascinantes”.

La psicóloga señala que la comunicación no verbal “jugará más que nunca un papel crucial para determinar el juego amoroso. Los movimientos de cabeza, hombros y manos acompañarán a esa mirada intensa para así cerrar la estrategia llamada amor de verano”.

Daprá manifiesta que la búsqueda de contacto físico, un comportamiento típico cuando se flirtea, se verá afectado o simplemente pospuesto hasta que haya mayor seguridad. El temor al contagio de la COVID-19 está presente “y solo los más atrevidos buscarán una relación sexual”, comenta.

La especialista recalca que, en nuestra cultura, son importantes los besos y los abrazos “pero deberán esperar, si somos responsables, sobre todo si se trata de encuentros esporádicos”.

Así, indica que las relaciones de este tipo “sufrirán una merma en parte de la población, aunque seguirán existiendo los más osados que optarán por no acordarse del virus”.

Por último, Daprá manifiesta que esta nueva forma de relación también pone de relieve las diferentes herramientas digitales para continuar la complicidad y la atracción entre dos personas que no se pueden tocar.

Por Purificación León // EFE/REPORTAJES

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