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Arquidiócesis de México se pregunta “quién mal aconsejó” al papa en su visita

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EFE

La Arquidiócesis Primada de México se preguntó si las palabras que el papa Francisco pronunció durante una reunión con los obispos del país en el marco de su reciente visita, que fueron interpretadas como un regaño, respondieron a “un mal consejo de alguien cercano a él”…

“¿Quién malaconsejó al papa?”, planteó la Arquidiócesis en un editorial titulado “Un episcopado a la altura”, publicado en la actual edición del semanario Desde la fe.
“Si tienen que pelearse, peléense. Si tienen que decirse cosas, díganlas. Pero como hombres, en la cara”, le dijo el papa a los obispos en el encuentro que tuvo con ellos en la capital mexicana el pasado 13 de febrero.
Allí, el pontífice añadió que no se necesitan “príncipes”, sino testigos del Dios.
El “histrionismo mediático” desencadenó la repercusión del llamado a “pelear como hombres”, el cual fue tomado “como de un fuerte regaño a los pastores”, sostiene la Archidiócesis.
“Aquí cabe preguntarse: ¿tiene el Papa alguna razón para regañar a los obispos mexicanos?”, continúa el editorial, y cita la resistencia de la Iglesia mexicana a la expansión de las comunidades protestantes “de tintes carismáticos y pentecostales” en un país en que, subraya, “81 por ciento de la población” es católica.
“¡Y qué decir de la fuerza con que el catolicismo mexicano enfrenta el desafío del secularismo (…) donde la ofensiva anticlerical y masónica ha sido despiadada desde los años 20 del siglo pasado (…) ¿Acaso desconocerá esto el Papa Francisco como para regañar a los obispos?”, cuestiona.
Añade que “mientras otras instituciones han fallado en el cuidado y procuración del bien común, los obispos mexicanos han venido acompañando al pueblo sufriente y apaleado, haciendo una vida de entrega al prójimo y no de ‘príncipes’ sin contacto con el rebaño”.
“Lamentablemente -concluye la Arquidiócesis-, existe la mano de la discordia que intentó poner los acentos negativos, parcializando la visión de Iglesia” y subrayando los “desafíos y tentaciones” como males del episcopado, cuando “no es así”.
El texto se pregunta “¿por qué tratar de demeritar el trabajo de los obispos mexicanos?” y se congratula de que “el pueblo conoce a sus pastores, y los acompaña en la construcción del reino de Dios, al precio que sea, como ha sido a lo largo de la historia de este país?”.
“¿O será que las palabras improvisadas del Santo Padre responderían a un mal consejo de alguien cercano a él? ¿Quién malaconsejó al papa?”, concluye.

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