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¿Debe Estados Unidos elegir a un presidente octogenario?

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Como pocas veces en la historia de los Estados Unidos, la edad del próximo presidente se ha convertido en un tema central de las campañas presidenciales.
Una reciente encuesta muestra que un 86% de la población adulta de los Estados Unidos considera que el presidente Joe Biden es, a sus 81 años de edad, considerado como demasiado viejo para un segundo mandato de cuatro años en la Casa Blanca.

Biden tendría 86 años cumplidos cuando termine un nuevo periodo en la Casa Blanca, lo que lo convertiría en el presidente más viejo en la historia de Estados Unidos.
El sondeo de ABC News/Ipsos muestra que los votantes de los Estados Unidos expresan preocupaciones muy parecidas sobre el expresidente Donald Trump, quien tiene 77 años cumplidos, aunque en su caso el porcentaje es menor, de un 62%. Si gana en noviembre, dejaría la Casa Blanca con 82 años.

La edad de un líder político ha sido un tema frecuente de debate, en especial cuando se trata de aspirar a la presidencia de un país.
No hay duda que la experiencia y la madurez que vienen con la edad son cualidades deseables. Sin embargo, en un mundo en constante evolución, la percepción de la edad en la política está cambiando.

La velocidad de los cambios tecnológicos, sociales y económicos ha llevado a un aumento en la valoración de la capacidad de comprender y abordar los problemas emergentes de manera ágil.


Para muchos, la juventud puede ser vista como una ventaja, ya que los líderes más jóvenes pueden tener una perspectiva fresca y una disposición para desafiar el statu quo.
Al presidente Biden no le ha ayudado el hecho de que ha cometido traspiés en sus apariciones públicas. Recientemente, durante un discurso en la Casa Blanca donde buscaba disipar las dudas sobre su agilidad mental, confundió al presidente de Egipto con el presidente de México.

También ha sido afectado por la percepción de que huye de las ruedas de prensa o de las entrevistas periodísticas. La cadena CBS le ofreció un espacio estelar durante ­­­­el reciente Súper Bowl. La Casa Blanca declinó.

Es legítimo que la edad pueda ser un factor para considerar al evaluar a un candidato presidencial, pero no debe ser el único ni el más determinante. Puede haber líderes jóvenes con ideas anticuadas o líderes mayores con ideas visionarias.

La clave está en encontrar un equilibrio entre la sabiduría acumulada y la visión fresca, independientemente de la edad del líder.
Un líder debe inspirar confianza, unificar a la sociedad y tomar decisiones que beneficien al país y a su pueblo. La última palabra estará en manos de millones de estadounidenses el 5 de noviembre.

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