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El Jilguero Tímido

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Jilguerito era un pajarito muy tímido, tanto que preferia mantenerse siempre con el pico cerrado a tener que soportar las burlas de sus companeros.

Jilguerito era un pajarito muy tímido, tanto
que prefería mantenerse siempre con el pico
cerrado a tener que soportar las burlas de
sus compañeros. Pese a los ruegos de sus
amigos no habría poder alguno que lo hiciera
cambiar de parecer.

– No, no y no -respondía jilguerito, irritado-.
Yo sé que canto muy mal y no tengo necesidad
de soportar sus burlas.
– ¡Qué no, jilguerito, nadie va a reírse de ti!
-le decía un pájaro carpintero amigo suyo.
– Además, ¿quién te ha dicho que cantas
mal? Te oí una vez, cuando estabas desprevenido,
y me gustó cómo trinabas -le animó una
cotorra del bosque.

Todo inútil. Nuestro tímido jilguero no se
atrevía a cantar. Un día se posó en su rama
un altivo ruiseñor que cantaba como los ángeles.

También en ese momento, sin hacerle
caso, el visitante se puso a cantar con sus
mejores facultades.
Al ver que el jilguero no le seguía, interrumpió
éste su canto y preguntó:
– ¿Qué ocurre, amigo jilguerito? ¿Por qué
no cantas conmigo?
Azorado y lleno de vergüenza, el jilguero
le confesó sus temores. El ruiseñor, tras
reflexionar durante un instante, le respondió:
– Que cantes bien o mal no es asunto de los
demás, sino tuyo. Ten en cuenta que si no
cantas, para ti mismo, aunque sea horrible,
ni eres un jilguero, ni eres nada, ¿me oyes?
El tímido jilguero se convenció de las razones
dadas por el ruiseñor y, desde ese momento,
cantó como sabía y podía, sin que nadie
se metiese con él.

Amigos, nunca se menosprecien así mismos.
Todos valemos mucho más de lo que a veces
nosotros mismos creemos.

Moraleja:

¡Si con temor la vida sueles afrontar,
la felicidad nunca podrás alcanzar!

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