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En la educación de los hijos, no debe haber ni vencedores ni vencidos.

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“Ya dije que no va a ir a ningún lado”– dice la Sra Marta, a su esposo refiriéndose al permiso que su hijo Guillermo de 12 años les pidió a ambos para pasarse un fin de semana con los hijos de unos a

“Ya dije que no va a ir a ningún lado”– dice la Sra Marta, a su esposo refiriéndose al permiso que su hijo Guillermo de 12 años les pidió a ambos para pasarse un fin de semana con los hijos de unos amigos de la pareja. “Déjalo ir, qué tiene de malo, sólo va a divertirse”– replica el papá, quien considera que hasta los niños necesitan un receso. Discutir este tipo de cosas en pareja no tiene nada de malo, pero en el caso de Marta y David existe un pequeño detalle: lo hacen enfrente de su hijo, y eso, no está nada de bien.

Es normal que teniendo educación e historia distinta, los padres de familia tengan ideas diferentes en cuanto a la conducción de sus hijos se refiere. Sin embargo, cualquier desacuerdo que puedan tener, no deben, por ningún motivo discutirlo delante de su hijo.

TODOS PARA UNO…

Por lo general, entre los padres siempre existen y existirán diferencias significativas en los criterios de cómo educar a los hijos, sin embargo, enfocarse en lo que le preocupa respecto al niño, debe ser la prioridad número uno y no tanto lo que usted cree que está bien o no. Quizá suene obvio pero muchas madres, en ocasiones lo olvidan. Así se llega a una decisión en la que sale ganando la educación del hijo, y por tanto en la que ganan todos. Si, por ejemplo, usted cree firmemente que a la hora de la comida nadie puede levantarse por ningún motivo de la mesa hasta que haya finalizado con sus alimentos.., mientras que su esposa es más bien de la opinión contraria y además lo considera hasta cierto punto injusto, usted no debe montar un drama cada vez que uno de sus maleducados (según su opinión) hijos salga corriendo del comedor para ir al baño.

Lo mejor en estos casos sería, primero, sentarse a platicar con ella antes de poner el grito en el cielo. Explíquele sus razones, pero no se olvide de hacer esto lejos de los oídos de los miembros de la familia, pues recuerden que lo que buscan es la educación de sus niños… Construyendo unanimidad en pareja. Reúnete con tu pareja en casa, en un restaurante… en cualquier sitio sin prisas ni hijos, pero con un lápiz y un papel. Hagan juntos un listado de las tareas que a diario se presentan en casa con respecto a la educación de los hijos. Y repartan responsabilidades.

En realidad, no son tantas si se clasifican por conceptos: higiene (dientes, ducha…), sueño (hora de irse a la cama, rutina…), actividades extraescolares, deberes… Especial interés tiene el tema de horarios. Este punto sobretodo deben dejarlo muy claro e incluso es conveniente que sea por escrito para que sus hijos también puedan ser conscientes de ello. Después reúnalos en “asamblea, lea y comente en voz alta algunas normas que ambos quieren se lleven en casa. Asegúrese de que todos los miembros de la familia lo han entendido, hasta el más pequeño.

Ustedes se sorprenderán ver cómo actividades que actualmente eran pesadas y desagradables para un miembro de la pareja pueden llegar a hacerse agradables para el otro. Es cuestión de “no dar por hecho” muchas situaciones que ahora están establecidas de manera mecánica y poco efectiva. Dejar claro en esas parcelas cómo van a actuar cada uno y entonces respetarlo y no intervenir en caso de conflicto si no es para apoyar.  Ganarse el respeto de los hijos a veces implica saber reconocer cuando uno se ha equivocado y corregirlo a tiempo sin olvidar que a veces es necesario pedir perdón.

Llegar a acuerdos educativos satisfactorios para ambos padres es a menudo complicado y, en ocasiones, nos saltamos esos acuerdos. Saber reconocer nuestra falta es una manera también de unificar criterios educativos en los hijos y aumentar el respeto entre la pareja, lo cual es necesario si queremos que nuestros hijos nos respeten.

UNANIMIDAD EN PAREJA, LA MEJOR LECCION

— Ante un desacuerdo, no se ponga a discutir con su pareja delante de su hijo. Mejor aléjese de allí y dígale a éste que volverá en cuanto usted haya platicado con su pareja. — Tras llegar a un acuerdo con su pareja, hágaselo saber a su hijo, dígale: “Tu mamá (o tu papá) y yo, pensamos de esto que…”

— Su hijo debe percibir un apoyo completo de uno con otro todo el tiempo.  Por supuesto, algunos de los dos padres, en algo pero deberá ceder, sin embargo es importante que su hijo no lo note. Finalmente recuerde: “En la educación de los hijos no debe haber vencedores ni vencidos” sino unanimidad en la pareja… Esta es la mejor y más efectiva lección que los chicos pueden aprender de ustedes como padres!!

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