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FANATISMO DEL TRUMPISMO

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En la campaña de las elecciones de 2016, Donald Trump aseveró en Iowa que tiene los seguidores más fieles del país.  “Puedo estar en el medio de la 5ta. avenida y disparo contra una persona; [igual] no perdería votos”, dijo en frente de un tumulto de sus bases políticas.

Muchos se rieron; posiblemente hubo una, dos o tres que mostraron su displicencia; sin embargo, la gran mayoría manifestó su fanatismo con aplausos y elogios.

Todo lo que hacía Trump ante su fanaticada –incluyendo insultos y bajezas contra personas— era un negocio entero para los comediantes de la noche y el chisme de la población norteamericana.

Hoy, esa fanaticada de Iowa se multiplicó. Ya no son unos cuantos, tampoco son miles, sino millones de personas –posiblemente el 30% de las bases republicanas— que no escatiman un centímetro para apoyar a su “dios” aposentado en la Casa Blanca.

Si es que tienen que ir armados hasta los dientes al frente del Capitolio de Michigan en Lansing, sus fanáticos no dudarán y acudirán a su llamado, tal como ocurrió recientemente ante el orden de la gobernadora Gretchen Whitmer de extender el aislamiento dentro de los hogares.

A los fanáticos trumpistas de Orange County y San Diego, California, no les importó salir a las calles sin tapabocas/máscaras biomédicas para reclamar al gobernador Gavin Newsom la apertura económica del estado a pesar de los niveles de contagio de la pandemia estaban en ascenso.

Si Trump exige a sus bases que tomen cloro o se inyecten este producto de limpieza de inodoros para depurar su sistema intestinal o combatir al coronavirus en los sistemas digestivo y respiratorio, respectivamente, sus fanáticos no dudarán en hacerlo.

La lealtad de Trump por parte de sus fanáticos es enfermiza debido a la posición ideológica, especialmente a las estructuras en las que se desenvuelve esta gente, no les permite percibir sus comportamientos erráticos.

Muchos toman parte en estructuras rígidas conservadoras, otros viven en estructuras racistas y de odio.  Sin embargo, la mayoría vive en el mainstream conservador, a cuya población Trump ha dotado de voz y espacio político en la sociedad a través del gobierno.

Trump es un manipulador de los medios de comunicación sin escrúpulos tal como lo fue Hitler, Mussolini, Fidel Castro, Hugo Chávez, entre otros.  Sus mentiras se convierten en verdades en la mente de su fanaticada.

Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

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