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LA COLUMNA DEL LIC. VIDRIERA ED 19-2019

Mario Soto Centeno
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He notado aquí y dondequiera que hay gente que escribe nomás porque tienen que escribir, sea por compromiso, sea por necesidad, pero escriben por escribir aunque no tengan nada de sustancia qué decir. Algo parecido a esa gente que habla por hablar sin decir nada que valga la pena escuchar, a veces hasta palabras sin sentido, pero hablan porque les gusta oírse, (y Dios nos guarde de los que parece que están sordos y tienen que gritar para oírse mejor) creen que se ven muy bien hablando, y modulan la voz y hacen gestos… ¡pero no dicen nada! Eso sí, nunca dicen no cuando se les ofrece un micrófono.
Hoy, con las redes se pescan muchos escritores que violan el lenguaje creyendo ser muy originales o estar a la moda y se creen escritores aunque escriban sinrazones, intrascendencias, repeticiones, vulgaridades y …
¡¡Ey, güeiraminut!! Si ves bien la foto de arriba notarás que me estoy mordiendo la lengua….  Te lo digo antes de que me preguntes con esa vocecita de sonso que tienes
“¿Y no se mordió la lengua, licenciado?” (deja y hago más grande la foto).
Así decimos “¿Y no te mordiste la lengua?” cuando alguien critica un error que él también comete. Como cuando le estas ayudando a tu mujer a lavar los platos y le comentas que tu compadre Miguel es bien mandilón y tu mujer voltea a verte con un sonrisa que te dice claramente lo que está pensando: “¿Y no te mordiste la lengua, Marcelino?”
Pero ya ando lejos del tema. Esta vez quiero  darte un consejo para que escribas algo de sustancia en esas ocasiones en que “tienes” que escribir y no tienes nada de qué escribir, para esas ocasiones en que tienes que hablar y no tienes nada de qué hablar. Pon atención y aquí te diré cómo escribir y cómo hablar cuando no tienes nada qué decir.
Si te digo que pongas atención es porque ese es el problema de muchos escritores y habladores: que no ponen atención y muchas veces repiten lo repetido, hasta repiten lo que acaba de decir el que habló antes que ellos. De la misma manera los “escritores” que no leen, casi siempre andan escribiendo lo que ya se escribió una y muchas veces, repetido por otros escritores que tampoco leían. Nadie puede ser buen escritor sin ser buen lector… bueno, deja suavizar esa frase, diré que “casi nadie”, porque tiene que haber genios por allí que suplen el leer con el pensar, con el reflexionar….   Me acuerdo ahora del genio Mozart, que desde muy niño componía música, a los 5 años escribió su primera obra, un minuet, y a los 8  su primera sinfonía… Un día se le acercó un joven músico aficionado y le preguntó cómo le podría hacer para escribir una sinfonía. Mozart le dijo que escribir una sinfonías era algo complicado, que por qué  no empezaba mejor con algo más sencillo. El joven un poco molesto le dijo:
—Pero usted, señor Mozart a los 8 años ya escribía sinfonías.
—Sí, joven, pero yo nunca anduve preguntando cómo se hacían.
Como dijera un tocayo que hablaba sin decir nada  ¿Cómo la ves desde ai, Chato?
Al verdadero escritor le fluyen y le confluyen las palabras, le chorrea la verborrea, y aún cuando no diga algo sustancial, alegra a sus lectores con sus bien disparados disparates, como alegran las fuentes con sus chorros de agua, que nomás al verlas nos refrescan…
Y otra vez me salí del tema. Te iba a decir cómo hablar y cómo escribir de algo de sustancia cuando no tienes ningún tema especial para hablar o escribir, pero, como verás, ya se me terminó el espacio que me dejan y será en otra ocasión cuando te diga eso que te iba a decir y no te dije.
Salud y saludos.
 
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