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Estrés y diferencias en el deseo sexual

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Algunos científicos han buscado diferencias entre el sistema neurofisiológico del hombre y el de la mujer, que expliquen esta preocupación, pero los resultados obtenidos están lejos de ser categóricos

La frecuencia con que algunos hombres manifiestan su preocupación por el bajo deseo sexual de su pareja, haría pensar que el deseo difiere entre los géneros.

Algunos científicos han buscado diferencias entre el sistema neurofisiológico del hombre y el de la mujer, que expliquen esta preocupación, pero los resultados obtenidos están lejos de ser categóricos en sus conclusiones, ¿Cuáles serían entonces algunas de las diferencias encontradas y cómo influyen en el comportamiento sexual? Parece que, en situación de estrés, la disminución de una hormona, la seretonina causa en los hombres un incremento de la agresividad y en las mujeres un aumento de la depresión. Estos dos ingredientes, agresividad masculina y depresión femenina por estrés, a la hora del sexo en la pareja actúan de forma nefasta, disminuyendo las posibilidades de tener sexo más seguido en pareja.

En el hombre, esta diferencia en procesar la serotonina, que es un neurotransmisor implicado en los mecanismos de recompensa, hace que a la hora de seducir a su pareja escoja el camino más inapropiado, le exija “agresivamente” la actividad sexual, como una obligación y no como el resultado de un proceso de seducción, es decir, le imponga la necesidad de acceder a tener relaciones sexuales. Para que la mujer acceda gozosa a la solicitud de sexo coital, debe ser seducida, para que se active a nivel hormonal al psíquico su mecanismo de excitación sexual, pero si el hombre, con la serotonina disminuida por estrés, actúa menos expresivo y más impositivo, la probabilidad de que su pareja le de una respuesta positiva a su pedido de sexo es mínima. Si a ello le agregamos que la mujer, por el mismo mecanismo de la ausencia de serotonina generada por estrés, se deprime y disminuye su apetito sexual, su propia depresión la llevará a no “tener ganas”, causando una alteración del deseo, tendremos así una pareja con conflictos por falta de relaciones sexuales por estrés.

El deseo sexual no es una expresión unilateral, debe corresponderse con la aceptación del deseo por parte del otro miembro de la pareja, y si el deseo de uno de ellos es inoportuno, ese miembro de la pareja sentirá, que ha dado un paso en falso, puede verse frustrado, bloqueado, haciéndose presente el conflicto en la pareja. Si usted sabe que el estrés está presente en su vida y no lo puede controlar, busque ayuda, no espere el momento de pedir a lo bravo que le den “sexo” que su pareja se lo niegue, para darse cuenta que algo anda mal. Un hombre y una mujer sanos, que se atraen mutuamente, que son pareja, deben de sentir deseo sexual, de lo contrario algo no anda bien.

Además, como consecuencia de la exposición a situaciones estresantes, no sólo se disminuye la frecuencia en la actividad sexual, sino que tanto hombres como mujeres pueden presentar otro tipo de dificultades para lograr una adecuada respuesta sexual: dificultades en la excitación, en la erección, situaciones de eyaculación precoz, coito doloroso, vaginismo, etc. Varios estudios revelan que el estrés influye de manera decisiva en el tiempo medio de las relaciones sexuales de los hombres que padecen eyaculación precoz, acelerándoles el tiempo de eyaculación por ansiedad anticipatoria.

Imagínese usted, un caso de una mujer depresiva, que le cuesta decidirse a tener relaciones sexuales y el hombre que por estrés va a estar más directo, más frontal, menos amoroso, no la excitará amorosamente y de ñapa no va a durar en el acto sexual lo suficiente para que su pareja disfrute, esto es “olvídate para la próxima”.

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