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Luchas de poder dentro de la pareja

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  Cuando hombres y mujeres se conocen y comienzan una relación todo es perfecto, planes a futuro, comunicación, compatibilidad, todo es perfecto. A pesar de que son de dos mundos diferentes nada está mal.

  Al pasar el tiempo la relación se va consolidando, y es ahí donde comienzan a salir las diferencias. Existen dos personas con diferentes mundos, los cuales representan la historia de sus familias de origen, las experiencias de lo que han vivido, de lo que han experimentado con otras personas, de cómo se  han ido sintiendo a lo largo del proceso de su propia vida; se suman a estos factores las creencias, ideas, gustos, pasatiempos, religión, moral personal y sobre todo sus  emociones.

  Al empezar a vivir en pareja, estos dos mundos se empiezan a mezclar y en muchos de los casos el acoplar estos factores no es fácil y se llegan a crear fuentes de conflictos que están sustentadas en la necesidad de imponer al otro las ideas y experiencias propias, como si fueran una verdad absoluta, o como si la razón estuviera de nuestro lado.

  En el inicio de la vida en pareja, esperamos que estos factores choquen y se generen pequeños conflictos. Por ejemplo: Reclamos porque uno expresa más afecto que el otro, incapacidad de tomar iniciativas, problemas en el reparto del tiempo libre, etc. Es común escuchar frases como las siguientes:  ¿Qué quieres hacer? – ¿A dónde quieres ir? – ¿Me quieres? – ¿Yo soy quien siempre te busca? – ¿Por qué no me llamas?, Etc.

  Lo que hasta el noviazgo había sido dar y recibir cariño, lo cual es necesario para cualquier ser humano desde que nace hasta que muere, también lo es en la relación de pareja. Solo que al desarrollarse la vida en pareja, es uno de los factores que empiezan a desaparecer, se nos olvida decirle a la pareja que la queremos, que nos importa, dejamos de hacer las cosas que le gustan, nos dejan de importar sus intereses y casi siempre caemos en la rutina de las obligaciones. Tal parece que en la actualidad el sinónimo de pareja es atender obligaciones.

  No expresar afectos fundamentales como: el cariño, la ternura, la calidez y la pasión termina por apagar la llama que enciende la relación, si no la cuidamos se apaga. Por ejemplo: Olvidar dar y recibir abrazos, no recordar el beso de buenas noches o evitar decir palabras estimulantes y agradables, se debe reconocer los éxitos de la pareja, no aceptar que a veces cometen los errores, no aceptar en ocasiones que la pareja tiene razón, y olvidar que la esencia del otro es así, y las personas sólo cambian cuando lo quieren hacer, no cuando se los queremos imponer.

  Como personas arrastramos vicios co mo él no saber escuchar, hablar demasiado o no ponerse en el lugar del otro, los cuales son detonantes de tensión en la pareja. Por ejemplo: Llegar a casa y pedir a gritos que se sirva la cena o decirle constantemente a la pareja que no sirve para nada, que falta el dinero, que los hijos se portaron mal, que se descompuso el auto etc., son claros ejemplos de que la relación se está deteriorando.

  El respeto entre los miembros de la pareja es fundamental. Estar constantemente manipulando y usurpando el espacio personal del compañero o compañera sentimental desencadena conflictos serios, ya que la pareja puede sentirse controlada y manipulada dentro de su espacio. Por ejemplo: apropiarse del celular del compañero o llamarle cada dos minutos, revisarle su agenda, controlarle las salidas, prohibirle que salga con las amistades, etc.

  La vida moderna requiere de repartir las tareas sobre todo en el hogar, ayudar, colaborar, ser solidarios uno con el otro es uno de los pilares de la convivencia. En muchas parejas el hombre considera que al trabajar ya está exento de las tareas del hogar, y generalmente menosprecian las actividades de la mujer, cuando la mujer está dedicada al hogar. Se trata de equilibrar la cooperación, reconociendo que ambos tienen derecho al descanso y ambos requieren atención. Cuando en la relación no hay cooperación por parte de uno o ambos miembros de la pareja la convivencia se convierte en un campo de batalla de reproches, insultos y frustración causados en muchas ocasiones por las convicciones tradicionales a las que están acostumbrados, las cuales se quieren imponer de manera cotidiana y sistemática. Por ejemplo: No contribuir en las tareas del hogar, dejar de hacer las compras, olvidar con frecuencia las cosas que te encargó tu pareja o que te pidió que le ayudarás a hacerlas, etc.

  Las guerras internas en cuanto a la economía, el hogar o las relaciones sociales provocan un espiral de rivalidad que termina por acabar con la convivencia. Las consecuencias son: el rencor, el enojo, la envidia, la frustración, y la búsqueda de la derrota de su propio compañero sentimental.

  La confianza al igual que el afecto es uno de los principales pilares de la pareja. Solo que las parejas cometen un grave error que es permitir que los celos invadan la relación, muchas veces nos engañamos a nosotros mismos diciéndonos, “tanto me quiere, que hasta me cela”, y no nos damos cuenta, que los celos irán creciendo poco a poco hasta invadir toda nuestra relación.
  La inseguridad, el miedo o la angustia ante lo que puede estar haciendo o pensando la pareja ocasiona ansiedad, depresión, persecuciones, que convierten la relación en una lucha, que es causante de conflictos serios.  

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