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MENTIRAS DEL AMOR

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El amor tiene diversos mitos que poco a poco se van descubriendo cuando estás dentro de una relación… Dudas como, ¿será que tengo que decirlo todo? ¿los celos son demostraciones de amor? ¿el amor dura para toda la vida? son muy habituales, por los que hoy te damos las respuestas a estas dudas y “supuestas creencias” en las mentiras de amor.

No siempre es bueno decir la verdad: Marianne Dainton, profesora de la Universidad de La Salle en Filadelfia, las parejas más sinceras son, normalmente, las menos felices. Tras realizar docenas de estudios sobre la comunicación en las relaciones de pareja, Daiton ha llegado a la conclusión de que la sinceridad llevada al extremo es una gran fuente de insatisfacción. En su reportaje, argumenta que no todas las mentiras son satisfactorias, pero sí son convenientes aquellas que nos hacen evitar una pelea

El amor lo puede todo: aunque esta frase suene bien, lo que hay detrás no es tan bueno. Te está diciendo que, aunque tu relación sea un desastre, da igual, porque si hay amor todo se soluciona por sí solo. Y obviamente eso es falso. Los problemas se solucionan actuando y enfrentándose a ellos.

El amor duele: está claro que una relación siempre requiere un esfuerzo por ambas partes porque hay la ilusión de construir algo juntos, pero estar con alguien para sentirnos mal cada día es una señal muy clara de que algo no funciona.

Está celoso porque me quiere: Que te quiera puede ser verdad, que está celoso porque te quiere es una mentira más grande que una cigüeña repartiendo bebés. Los celos, o los sentimientos de posesión, lo que demuestran de una persona es que tiene muy poca seguridad en sí misma y una autoestima muy baja. Nadie pertenece a nadie.

Si me quiere, cambiará: Si lo quiero, tengo que hacer cualquier cosa. Son dos frases para justificar el egoísmo, tanto el propio como el de la otra persona. Si se quiere empezar una relación con alguien es porque, en teoría, nos gusta su personalidad y forma de ser.

Los dos somos uno: Aquí regresamos al mito de la media naranja, llevado al punto de confundir estar unidos con ser la misma persona. Es decir, centrar todo lo que pensamos, decimos o hacemos en la relación de pareja.

Compartir las claves del correo, tener el mismo usuario de whatsapp para los dos o disfrutar solo de amigos comunes y nunca propios, no son una muestra de compenetración, al contrario, nos despersonaliza y nos arrebata algo importante en todo ser humano, nuestra intimidad.

Si me quiere no puede fijarse en nadie más: tengas o no pareja es lógico que te sigan atrayendo otras personas. Es algo normal voltear a ver alguien guapo/a

El verdadero amor es para toda la vida: mantener una relación toda la vida requiere mucho esfuerzo. Las personas y las situaciones y sentimientos pueden cambiar y por eso no hay que forzar las cosas, ni sentirse mal si una relación se acaba, lo mejor es afrontarlo.

Si me quiere, tiene que hacer siempre lo que a mí me gusta: Cuando estás en pareja es lógico compartir parte de tu tiempo con la otra persona, pero no te olvides de seguir haciendo lo que a ti te gusta y anima a tu pareja a que lo haga también. De lo contrario, tu estado de ánimo seguro que decaerá. La clave es el equilibrio.

La pareja es lo único que necesitamos

En el ranking de canciones románticas el “eres todo para mí” casi supera al “eres mía”. La última mentira tiene que ver con la exclusividad, con pensar que el otro es tan ideal y fantástico que cubre todas nuestras expectativas y necesidades en la vida, ocupando el espacio de amigos, familiares y conocidos.

Esto lleva a sentimientos de culpabilidad basados en ideas como “si me atraen otras personas es que no amo a mi pareja”, o “si necesita pasar un tiempo a solas con un amigo quizá es que no confía en mí lo suficiente”. El otro (o nosotros) se convierte en el máximo y único proveedor de nuestra felicidad, como si el supermercado de siempre no tuviera fruta y dejáramos de comerla porque supone una traición ir a comprar a otro sitio.

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